Es razonable prolongar el Estado de AlarmaFrente al coronavirus, estamos padeciendo las consecuencias del desmantelamiento y la privatización de la Sanidad Pública Desde hace años se vive un proceso continuado de deterioro, privatización y desmantelamiento de la Sanidad Pública que ha impactado de manera importante en el sistema sanitario y lo ha hecho tanto en atención primaria como en los hospitales.

Marciano Sánchez Bayle. Presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública (Madrid) 22/03/2020

La pandemia del COVID-19 está tensionando de una manera muy importante nuestro sistema sanitario público que ya lo había sido previamente por las privatizaciones y los recortes con la excusa de la crisis. Una gran parte de lo que ahora está pasando tiene su origen y su explicación precisamente en esa política cortoplacista que es tan habitual en nuestros responsables de los gobiernos central y autonómicos.

Escribir a toro pasado es fácil y siempre un tanto injusto porque ya se conoce lo que pasó y qué decisiones fueron claramente erróneas pero las decisiones se toman muchas veces con la presión del momento y sopesando las certezas, las incertidumbres y el ruido (mediático y cada vez mayor de las redes) que con frecuencia condicionan lo que hacen los políticos, tan fáciles de condicionar por los medios. Si se va a las hemerotecas se podrá comprobar el “linchamiento mediático” a las políticas de China ante la pandemia, políticas que han demostrado una eficacia indiscutible y que obviamente condicionaron la no adopción temprana de algunas medidas drásticas que acabaron imponiéndose posteriormente.

Tenemos menos camas hospitalarias de las necesarias

Me piden que haga un balance de cómo se esta abordando la pandemia por el gobierno, imagino que el central y los autonómicos. Y para hacerlo conviene remontarse un poco a los antecedentes que nos han hecho más débiles y que han dificultado la respuesta sanitaria.

Como es conocido desde hace años se vive un proceso continuado de deterioro, privatización y desmantelamiento de la Sanidad Pública que ha impactado de manera importante en el sistema sanitario y lo ha hecho tanto en atención primaria como en los hospitales. En estos últimos se cerraron 12.000 camas entre 2010 y 2018, último año en el que hay datos disponibles. En un país que se ha caracterizado siempre por un bajo número de camas: 3 por cada 1.000 habitantes frente a 4,7 de promedio en los países de la OCDE. Desde la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) hemos señalado recientemente (ver Informe situación actual y evolución de la Atención Especializada en las CCAA, disponible en la web, disponible en la web www.fadsp.org) que se necesitaban entre 55.000 y 79.000 camas hospitalarias más en todo el país, por supuesto entre la incomprensión y la rechifla de los autodenominados “expertos” que seguían apostando por disminuirlas aún más. No debe ser casualidad que países como Corea del Sur o Japón que tan bien han contenido la pandemia tengan 12,3 y 13,1 camas por cada 1.000 habitantes y que Italia con 3,2 camas esté en una situación parecida a la de España. Cuando el número de camas es muy bajo, cualquier pico de la demanda produce colapsos y los márgenes para aislamientos en los hospitales se reducen notablemente.

Otro problema que parece que ha sido muy relevante en el caso español es el de la situación de las residencias de personas mayores, en su mayoría privatizadas aunque en muchos casos concertadas y mantenidas con fondos públicos. No se detectó a tiempo que eran uno de los problemas en la expansión y la gravedad de la epidemia, primero por su gestión privada, luego por la falta de controles de la administración pública y por fin porque la información epidemiológica no discriminaba por grupos erarios y no se detectó que había un número inusualmente alto de personas mayores que estaba disparando la mortalidad. En Corea del Sur el 3,8% de los casos se dieron en personas con más de 80 años, el 3,15% en China y el 19,2% en Italia. Eso probablemente explica las diferencias de mortalidad entre los 3 países (1%,4% y 8,3% respectivamente) aparte del número de camas disponibles (4,2 en China) porque ya se sabe que la mortalidad en este grupo de población es muy elevada (20,3% en China, 34,1% en Corea, 52,6% en Italia). Se echa de menos que no se haya solventado la ausencia de información en nuestro país desagregada por edad. Los datos proporcionados parecen confirmar la elevada proporción de personas afectadas entre los ingresados y los fallecidos.

Se adoptaron tarde las medidas más eficaces

Ahora hablemos de la respuesta de la administración central. En una primera fase no se fue consciente de que la principal fuente de transmisión del virus eran precisamente las personas asintomáticas o con síntomas mínimos y se centro en el aislamiento de los casos graves y sus contactos, dando como certezas lo que eran solo opiniones. Recuérdese como la semana antes de cerrar los colegios se insistió en que era una medida desacertada y peligrosa. Se adoptaron tarde las medidas poblacionales que son las únicas que han demostrado su eficacia, en China con aislamientos estrictos y muy amplios de poblaciones y en Corea del Sur con pruebas generalizadas y aislamiento de los positivos y sus contactos, independientemente de sus síntomas. Aunque es obvio que ahora hay algunas informaciones que entonces no estaban tan claras.

Otro aspecto en que se fue a remolque de los hechos es la implementación de la necesaria dotación de camas hospitalarias. Como ya se ha dicho el número de camas en España es comparativamente bastante bajo respecto a otros países y era previsible la saturación de las existentes, especialmente en la Comunidad de Madrid. Parece que ahora se esta respondiendo de manera acertada. Otro tema sobre el que hay que actuar de manera urgente es el de las residencias de mayores, nacionalizándolas o interviniéndolas durante la duración de la crisis.

Garantizar los recursos técnicos para combatir la pandemia depende ahora del gobierno central y parece que se está avanzando significativamente, aunque aún se detectan problemas de abastecimiento de material en los hospitales y se ha puesto en evidencia la deslealtad de la presidenta de Madrid que se realiza con síntomas menores el test que no estaba disponible para quienes realmente lo necesitaban. Coordinar todos los recursos necesita seguramente más contundencia, aunque sea complicado el hacerlo. Habría que explorar por ejemplo la utilización de empresas para fabricar el material necesario y de la farmacia militar para suministro de medicamentos básicos.

Es obvio que el sector sanitario privado esta teniendo una actuación escasa en la asistencia sanitaria a los infectados. En parte se debe a que una cantidad muy importante de las camas del mismo están en centros pequeños con poco personal e infraestructura que no pueden aportar mucho en los casos más graves. También esta claro que las empresas privadas buscan beneficios económicos y que procuran alejarse de los enfermos problemáticos y de dudosa rentabilidad. En algunos sitios, no precisamente por casualidad en Madrid y Cataluña, varios hoteles han visto un nicho de negocio en alojar a personas que precisan aislamiento y que pomposamente y faltando a la verdad se han denominado “hoteles medicalizados”.

Es razonable prolongar el Estado de Alarma

Las perspectivas a corto plazo no son buenas. Los casos aumentarán de manera exponencial, en parte por una mayor realización de pruebas que detectarán los casos menos graves que ya existían. Lo preocupante es si aumentan las muertes (el 22 de marzo la letalidad era del 5,58%), lo que es previsible dado el numero de personas en UCI y los contagios en las residencias, presumiblemente de personas de mucha edad. Los resultados de los aislamientos poblacionales no se dejarán ver antes del día 25 y claramente sobre el 30 de este mes y solo en cuanto a los nuevos ingresos hospitalarios. Toca por lo tanto aguantar y la propuesta del gobierno de prolongar el estado de alarma parece razonable.

De esta epidemia, que pasará como todas aquellas de las que hay referencia histórica, deberíamos extraer algunas conclusiones.

La primera tiene que ver con los riesgos de pandemias que existen hace tiempo. La OMS en 2018 señalaba que hay una necesidad no satisfecha de invertir más en la preparación para grandes epidemias y pandemias. Ya sabemos que los gobiernos neoliberales, central y autonómicos, no hicieron ningún caso y continuaron disminuyendo y privatizando el sistema sanitario con lo que se redujo significativamente su capacidad de respuesta ante la pandemia. La OMS también alertaba en 2009 de que los cambios en el ecosistema y la globalización favorecían la aparición de pandemias y que deberíamos estar atentos y prepararnos porque básicamente desconocemos cuando va a aparecer un nuevo agente infeccioso de rápida propagación. Con las precauciones que hay que tener al hacer predicciones, lo más probable es que se presenten si el mundo, la globalización y nuestro modo de vida no cambian radicalmente, lo que a corto plazo no parece probable.

Necesitamos medios, personal y reservas estratégicas

La segunda y no menos importante es que necesitamos de unos potentes servicios públicos, especialmente de una potente Sanidad Pública, si queremos tener capacidad de respuesta ante estos imprevistos porque el sector privado atiende a los beneficios y a las demandas económicamente solventes (las de los mas ricos) pero no a la protección de la salud de todos sin exclusiones ni discriminaciones. Y eso es clave ante epidemias y enfermedades infectocontagiosas. Tenemos que hacer un esfuerzo importante para mejorar nuestra Sanidad Pública y dotarla de medios, personal, reservas estratégicas de material e infraestructuras suficientes (camas hospitalarias) para poder tener una respuesta acorde a las necesidades de salud de la población.

Y la tercera es que tenemos una población de la que podemos mayoritariamente sentirnos orgullosos. Por supuesto entre ellos los trabajadores del sistema sanitario público pero no solo ellos porque hay mucha gente que está dando la cara día a día, con menos visibilidad pero no menos eficacia: trabajadores de la alimentación, de los transportes, de la seguridad, de los servicios básicos en suma, que nos siguen garantizando nuestra vida normal, asegurando todo aquello a lo que no le damos importancia porque no nos falta como la luz, el agua o la telefonía.

En los momentos de crisis es cuando se pone en evidencia el papel de los planteamientos solidarios, la necesidad del Estado y de los servicios públicos y que ni el mercado ni el neoliberalismo tienen respuestas porque las opciones individualistas fracasan y nos enfrentamos a problemas que nos igualan a todos. Con el esfuerzo de todos y todas podemos salir de la situación actual. Ahora se trata de ser responsables, de seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias y de saber que solo con solidaridad y disciplina conseguiremos vencer a la pandemia.

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