Estadística y epidemia No pueden compararse los datos entre países en fases distintas de la epidemia.

David Pineda. Ingeniero industrial y Máster en Organización Industrial y Administración de Empresas / Comité Central del PCE 30/03/2020

La pandemia de Covid-19 está haciendo caer los paradigmas impuestos por el pensamiento dominante. Las potencias que ejercen su dominio económico necesitan mantener el apoyo de su población a sus acciones económicas y militares. Dicho apoyo se consigue inoculando una ideología individualista, para posteriormente justificar sus acciones basándose en la protección y la seguridad. Así se justifican guerras, invasiones, aranceles comerciales o bloqueos económicos.

La batalla ideológica para determinar el relato oficial sobre la pandemia es vital para las grandes potencias. Conscientes de la crisis económica post epidemia su maquinaria ideológica está en marcha. El planteamiento es simple, se trata de convencernos de que en los países del norte de la UE el impacto del COVID-19 ha sido menor gracias a su mayor capacidad de organización y por lo tanto legitimar el perverso mecanismo del rescate por el cual los países del Sur se endeudan y se ven obligados a tomar medidas que sólo benefician a los países del Norte, como privatizaciones en beneficio de las multinacionales o pago de cantidades astronómicas de intereses.

En esta situación es conveniente poder establecer qué conclusiones pueden extraerse de los datos que se están aportando y qué conclusiones no deben extraerse. Para ello nos proponemos exponer una serie de conceptos básicos de estadística.

La muestra

En todo estudio estadístico el principal factor es la muestra sobre la que se realiza el estudio. En este caso, las personas sobre las que se realiza algún tipo de prueba para determinar si están infectadas o no. El número de personas sobre el que se realiza y su representatividad respecto al colectivo al que pertenecen (país, región, estrato social o de edad…) determinarán tanto la fiabilidad del resultado obtenido como la validez en la proyección de estos resultados a escala superior a la población testeada.

Por ejemplo, si en un país sólo se realizan confirmaciones de contagio a los pacientes hospitalizados y en otro se realizan test de forma masiva, los resultados no serán comparables, especialmente los que tienen que ver con la extensión del contagio en el país, la mortalidad o la proporción de contagiados que desarrollan la enfermedad en su forma grave.

Valor estadístico y su obtención

Los valores estadísticos son los distintos resultados que pueden obtenerse en un estudio estadístico, los criterios y métodos por los que se determina dicho valor condicionan el resultado del análisis. Así, si como hemos conocido recientemente, en Francia no se contabilizan como casos de COVID-19 los fallecidos en residencias de ancianos, no podremos comparar sus datos con otro país que sí impute dichos fallecimientos como infectados y víctimas del virus. Lo mismo ocurre con Alemania, que no imputa como víctimas directas del virus a aquellos fallecidos con patologías previas. Sus datos de mortalidad no son comparables con aquellos países que sí lo hacen.

Fase en la que se analizan los datos

Otro de los factores a tener en cuenta es en qué fase de la evolución de la epidemia nos encontramos a la hora de realizar el análisis. En la fase inicial el número de contagios crece sin que se produzcan síntomas o enfermedades graves, posteriormente la velocidad de nuevos contagios comienza a reducirse mientras que el número de casos graves crece, por lo que existe un desplazamiento en el tiempo entre las personas infectadas y el desarrollo de enfermedades graves o de fallecimientos.

No pueden compararse por lo tanto los datos entre países que se encuentran en fases distintas de la epidemia. Si comparamos valores bajos de casos confirmados en un país donde la epidemia está en una fase inicial con valores altos en un país donde la epidemia está en fase de control, podremos estar infravalorando el impacto de la epidemia en el primero.

Conclusiones

Debemos dejar claro que los datos que están aportando los distintos países no pueden tenerse en cuenta como si de un estudio estadístico se tratara, probablemente tampoco sea este el objetivo de ningún país en este momento. Lo que no está tan claro es que estos datos estén siendo utilizados y se utilicen en el futuro como soporte objetivo para determinados discursos y planteamientos políticos y económicos.

Sin métodos universales que establezcan a qué parte de la población se realizan pruebas para confirmar la infección, sin criterios homogéneos para determinar qué enfermos y fallecidos son consecuencia del COVID-19, la comparación en bruto de los datos que está ofreciendo la Universidad Johns Hopkins está sujeta a la especulación y a la manipulación.

Para finalizar conviene no obviar que un análisis sin tener en cuenta factores socioeconómicos tampoco permitirá entender correctamente el impacto de la epidemia en cada país. El número de habitantes por vivienda, la concentración de la población, la media del número de empleados por centro de trabajo, la cantidad de camas UCI por millón de habitantes, la salud en general de la población y su esperanza de vida o la sociabilidad de la población son factores que condicionan de manera determinante la evolución de la epidemia.

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