Mediaciones

Ecología de la comunicación Ante el colapso tecnológico y la sobresaturación toca pensar en el don de la ebriedad, de vindicar la comunicación sobria, equilibrada y sostenible.

Francisco Sierra 01/04/2020

Que la civilización capitalista está en crisis no es una evidencia que haya puesto de manifiesto la cumbre del COP25 celebrada en Madrid, o los episódicos y continuos incidentes de los temporales en España y otras latitudes. El capitalismo excedentario y la lógica depredadora hace tiempo viene mostrando síntomas de agotamiento que nos sitúa ante un reto radical, en términos de disyuntiva, para preservar el futuro de la especie y del planeta. Con este fin Julio Anguita y otros dirigentes de la izquierda nos convocaron hace unos días en la Escuela de Relaciones Laborales de Madrid para definir una agenda y proyecto común: construir alternativas democráticas y salidas al inminente colapso que implica la crisis energética, el cambio climático y la propia crisis cultural en este tiempo de encrucijada o bifurcación que nos ha tocado vivir. Esta primera llamada de atención debe ser considerada de forma integral y en todos los ámbitos de la vida social. En comunicación, por ejemplo, es preciso disputar el sentido del modelo evolucionista y de desarrollo tecnológico desde la ecología política de un sistema informativo igualmente excedentario y poco o nada sustentable. Ensamblar la economía social de la comunicación es, en este punto, irrenunciable: en términos de tiempo, recursos, medios y mediaciones productivas ajustadas al principio de necesidad y a la proporcionalidad y condiciones de la propia naturaleza humana y el entorno.

Vivimos hoy un colapso tecnológico, sobresaturación y bloqueo que amenaza la reproducción cultural: en la escuela, la familia y el conjunto de las instituciones. Las corporaciones multimedia y las operadoras de telecomunicaciones, el complejo Silicon Valley, siguen desplegando una matriz económica anclada en la espiral del disimulo por su dependencia del capital financiero y la especulación sobre un modelo plus ultra que en modo alguno atiende al contexto, pensado como está para responder al supuesto franqueable del crecimiento ilimitado. En este punto cabe discutir cuestiones como la obsolescencia programada, y la propia racionalidad de la cibernética que está en el origen de la Teoría de la Comunicación pero que poco o nada se ha pensado en este ámbito. Desde Abraham Moles y sus ensayos sobre la sociodinámica de la cultura o en nuestro país, Vicente Romano, las reflexiones sobre la relación sistema informativo y entorno brillan por su ausencia. Pero ha llegado el momento de discutir y repensar radicalmente esta realidad. En juego está no solo los límites del crecimiento del sistema de información (recordemos que el tiempo de vida no es infinitamente elástico por más que se amplíe la oferta de canales, medios y contenidos de consumo cultural) sino sobre todo el futuro de la vida en común y las propias bases culturales que la hacen posible, pues la actual dinámica obstruye los procesos de reproducción y socialización del individuo. De ahí la necesidad, más que del don de la ebriedad, de vindicar la comunicación sobria, equilibrada y sostenible. Aquí y ahora. Esta es, en verdad, la disyuntiva que nos toca pensar.

Publicado en el Nº 333 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2020

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