Doctor en Historia por la Universidad de OviedoDiego Díaz Alonso: “A Pasionaria le apasionaba Galdós, estaba enamorada de los ‘Episodios Nacionales’” “El PCE asumió en los años 30 que no se puede abandonar a los reaccionarios un elemento afectivo tan fuerte como es la patria”.

José Manuel Mariscal Cifuentes 15/04/2020

Disputar las banderas. Los comunistas, España y las cuestiones nacionales (1921-1982) Diego Díaz AlonsoEditorial Trea

Diego Díaz Alonso (Oviedo, 1981) es Doctor en Historia por la Universidad de Oviedo. Con los materiales de su tesis ha publicado “Disputar las banderas. Los comunistas, España y las cuestiones nacionales (1921-1982)”. Cuando le preguntamos a qué se debe su interés por estos temas afirma sin dudar que cuando nuestro camarada Paco Erice le impartió la asignatura “Teoría e Historia de los nacionalismos” le abrió a un mundo en el que desde entonces no ha dejado de indagar. Colaborador habitual de la revista “El Salto”, nos subraya que el ha escrito un libro de historia, lo que no le ha impedido situarse entre los 10 mejores ensayos de 2019, a juicio del crítico Víctor Lenore, algo que ya intuíamos al comprobar que su presentación fue uno de los actos más nutridos de la fiesta del PCE. Realizamos la entrevista por teléfono y antes siquiera de poder plantear ninguna pregunta se apresura a mostrar, con ese acento asturiano que da forma a verdades telúricas, el honor que le supone ser entrevistado por Mundo Obrero. Eso dice: honor. Y que, para investigar la historia de España, hace falta estar “toda la vida leyendo Mundo Obrero”.

MUNDO OBRERO: ¿Por qué tu interés en el nacionalismo? ¿Qué mundo fue ese que te abrió el profesor Erice?
DIEGO DÍAZ ALONSO:
Me interesa el nacionalismo porque es dolor de cabeza persistente para las izquierdas en general y para el marxismo en particular. La discusión sobre qué es la nación y qué posición tienen que tener los revolucionarios ante las reivindicaciones nacionales viene siendo un asunto sin resolver desde los tiempos de Marx y Engels. Marx por ejemplo escribió en favor del nacionalismo irlandés y polaco, al mismo tiempo que definió a vascos y bretones como “portadores fanáticos de la contrarrevolución”. Creo que en España las izquierdas españolas han ido incorporando con relativa naturalidad en los últimos 40 años la cuestión feminista, ecologista, anti-racista o la defensa de los derechos LGTBI, pero cuando llegamos al tema de las identidades nacionales, ahí la bronca está asegurada. Basta con echar un vistazo a nuestras redes sociales cada vez que se habla del tema catalán. Quizá la cuestión nacional no sea un tema importante para la izquierda portuguesa o noruega, pero es un tema clave en España, probablemente más que en ningún otro país europeo, con la excepción de Gran Bretaña, donde el laborismo va a tener muy difícil ganar unas elecciones si no logra recomponer su base electoral en Escocia.

M.O.: En el capítulo final del libro, la parte más ensayística, parafraseas un término prestado del feminismo, disconfort de género, y hablas de disconfort nacional. ¿Qué te sugiere el termino “Estado Español?
D.D.A.:
A mí me parece una expresión horrible, pero que tiene una explicación. En Francia la resistencia, o en Italia los partisanos, se reapropiaron de la identidad nacional y la bandera en su combate contra el fascismo. Ganaron y fue el antifascismo el que resignificó la nación y sus símbolos en la postguerra. En Portugal pasó algo parecido en el 74. En España sin embargo tenemos algo bastante menos épico y heroico, una negociación con el postfranquismo, en la que para conseguir otras cosas, las izquierdas tienen que renunciar al republicanismo, que desde el S. XIX había sido la forma concreta del patriotismo español de izquierdas. No lo critico. Probablemente no se podía haber hecho de otra manera, pero la aceptación de la Monarquía, nos deja sin una identidad nacional española progresista, propia, y sobre todo con unos símbolos con los que tenemos una relación extraña, fría, que se ha extendido incluso a la propia palabra España, tan manoseada después de 40 años de nacionalismo español franquista. En todo caso, una cosa son los sentimientos de la izquierda militante, y otra los de la gente “normal”. Así que quizá la primera medida práctica para volver a disputar la idea de España desde la izquierda sea volver a pronunciar otra vez el nombre de nuestro país sin complejos. Creo que hablar de “Estado español” nos convierte en una pandilla de frikis de cara a la mayoría de nuestros conciudadanos.

“‘España se rompe, las feminazis han tomado el poder y quieren convertir a nuestros hijos en maricones’ son los tres elementos con los que las derechas van a machacar durante la legislatura”



M.O.: Hay dos periodos que parecen centrales en tu libro, el primero es el del Frente Popular, ahí se produce un viraje en el tratamiento de la idea de España por parte del PCE, hay quienes afirman que se trató de un giro tacticista.
D.D.A.:
Es verdad que es algo inicialmente táctico, pero que progresivamente solidifica en el corazón de dirigentes y militantes, sobre todo cuando la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista a Franco permita presentar la guerra como una guerra de liberación nacional, una segunda guerra de la independencia. A Pasionaria le apasionaba Galdós, estaba enamorada de los Episodios Nacionales y sus discursos estaban llenos de referencia historicistas y patrióticas. Estaba identificada con la idea de una España popular, una patria de los trabajadores. Esto era una novedad, porque el partido, como todos los partidos comunistas que surgen en los años 20, es inicialmente una organización ultraobrerista sin ningún atisbo de patriotismo. No olvidemos que una de las razones por las que nace el movimiento comunista es como reacción al “socialpatriotismo”, al apoyo de los partidos socialdemócratas europeos a sus burguesías en la Primera Guerra Mundial.

M.O.: ¿A qué se debió ese cambio, ese giro?
D.D.A.:
A partir de los años 30, con los Frentes Populares, el movimiento comunista comienza a cambiar y descubre que la clase no es suficiente, que la lucha contra un enemigo tan fuerte como es el fascismo, no puede hacerse solamente con la clase obrera y en nombre de la clase obrera, sino que hay que lograr una coalición de clases más amplia, con los intelectuales y las capas medias democráticas, algo que también pasa por un cambio en el discurso y en el lenguaje, es decir, no se puede abandonar a los reaccionarios un elemento afectivo, movilizador, generador de pasiones tan fuerte como es la patria. En el famoso VII Congreso de la Internacional Comunista, Dimitrov lo plantea abiertamente, viene a decir que nuestro rechazo al patriotismo burgués no puede hacer que seamos vistos como “nihilistas nacionales”, utiliza textualmente esa afortunada expresión, porque las masas obreras tienen sentimientos patrióticos, y lo que tienen que hacer los comunistas es disputar las banderas, trabajando en clave progresista los sentimientos patrióticos. Dimitrov incluso recomienda a los partidos comunistas que busquen en sus historias nacionales todos los mitos o elementos que puedan servir para construir un relato político progresista. Es el momento en que en Italia se recupera a Garibaldi, en Francia La Marsellesa, la tricolor y la tradición de la Revolución francesa, en España el 2 de mayo o la revolución liberal, pero también mitos anteriores como por ejemplo los comuneros.

“La PRN no plantea en absoluto la reconciliación con los franquistas, sino una política de reagrupamiento de los buenos patriotas”



M.O.: Otro momento más cercano en el tiempo pero paradójicamente menos referenciado en la trama histórica del PCE, lo titulas “Por una España española”, en referencia al discurso de Pasionaria en Toulouse en julio del 47 y abarca un periodo que desemboca en la adopción de la Política de Reconciliación Nacional (PRN) ¿Qué supone ésta para la concepción de España del PCE?
D.D.A.:
La PRN responde a que han pasado 20 años del inicio de la guerra y el partido tiene que reactualizar su discurso, en un momento en que también trata de normalizarse en el panorama internacional con los acuerdos con los EEUU y las primeras negociaciones con la Comunidad Económica Europea. La PRN no plantea en absoluto la reconciliación con los franquistas, como alguna vez se ha dicho, sino una política de alianzas basada en un máxima muy sencilla: todo aquel que rechace el franquismo es un potencial aliado sin importar donde haya estado en la Guerra Civil. El PCE viene a decir algo así como, por encima de viejos bandos somos españoles, buenos españoles y buenos patriotas que queremos lo mejor para nuestro pueblo, y vamos a saber entendernos para acabar con el gran obstáculo para la modernización y democratización de nuestra patria, que es la dictadura franquista. Es una línea táctica dirigida a ensanchar la base social del antifranquismo entendiéndose con católicos, con monárquicos, con falangistas desencantados, con democristianos... y eso pasa no por abandonar, pero sí por dejar la cuestión republicana en un segundo plano, algo parecido a lo que Togliatti había hecho en abril de 1944 con el Giro de Salerno, definir que la contradicción principal en aquel momento tan difícil, con medio país en manos de Alemania y los colaboracionistas, no era monarquía o república sino fascismo o antifascismo. Es decir, ahora vamos a alcanzar un pacto con los monárquicos y con la democracia cristiana para acabar con la ocupación nazi y luego en un referéndum ya decidiremos si somos monarquía o república.

“Gran parte de los estados socialistas que surgen tras la Segnda Guerra Mundial son plurinacionales”



M.O.: ¿Cómo combina el PCE la defensa de la soberanía del pueblo español con el derecho de autodeterminación de los pueblos de España?
D.D.A.:
Lo que plantean los comunistas a partir del Frente Popular y hasta la Transición, es que no hay contradicción entre ser un patriota español y asumir que España es un país plurinacional. De hecho se llega a afirmar que el patriotismo republicano y popular de los comunistas es la única receta para mantener a España unida. Lo van a decir durante la Guerra Civil y lo dirán en el antifranquismo y la Transición. Está escrito por ejemplo en el Proceso de Burgos o septiembre del 75 cuando fusilan a los militantes de ETA y el PCE se vuelca para evitarlo. Su apuesta es un modelo de Estado federal y plurinacional que haga compatible la unidad con el reconocimiento de la pluralidad. Esto era fácil de explicar para los comunistas poniendo el ejemplo de la Unión Soviética, donde, al menos teóricamente, los pueblos sometidos por el zarismo ruso se habían transformado con éxito en una Unión de Repúblicas soberanas que reconocía los derechos nacionales de ucranianos, bielorrusos, armenios... En los primeros años de la República, por cierto, el PCE se viene arriba y llega a hablar de transformar España en la URSI, Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas. Después de la Segunda Guerra Mundial además nacen otras repúblicas que son a la vez socialistas y plurinacionales, como Checoslovaquia y Yugoslavia, y que sirven de modelo.

M.O.: ¿Cómo es posible que el discurso de la anti-España haya llegado hasta hoy, incluso expresado exactamente en sus mismos términos? ¿Cuál es la funcionalidad de ese discurso de las derechas?
D.D.A.:
Me atrevería a decir que el término nace en la represión de la Huelga Revolucionaria de octubre de 1934, cuando los partidos de derecha y, lo que es más importante, sus medios de comunicación, empiezan a hablar de la anti-España, una confabulación de comunistas, socialistas y separatistas para destruir el país. Es un discurso fácil, que desnacionaliza al rival político, y al que las derechas nunca han renunciado. Ahora toca otra vez. A la derecha le permite cohesionar muy bien a sus filas. No pueden salir con pancartas a protestar contra la subida del SMI o pidiendo la privatización de la sanidad pública, pero sí con banderas rojigualdas a defender la unidad de España. Además saben que a una parte de la izquierda le genera contradicciones pactar con el nacionalismo. Hay un votante del PSOE, sobre todo del centro y sur de España, que siente que se hacen demasiadas concesiones a vascos y catalanes. Creo que en el electorado de Unidas Podemos ese perfil también existe, pero es menos numeroso. Nos esperan unos años de guerras culturales muy duras: “España se rompe, las feminazis han tomado el poder y quieren convertir a nuestros hijos en maricones” son los tres elementos con los que nos van a dar la matraca esta la legislatura.

“IU y Podemos tienen que lograr encontrar un discurso alternativo de España que vaya más allá del de Zapatero”



M.O.: En el acuerdo de gobierno, y en el discurso que le da forma, atisbo una cierta recuperación de la disputa de la idea de España, si hay alguna manera de avanzar hacia una España soberana y federal es disputando esa bandera con las libertades cívicas y los derechos sociales, ¿qué opinas?
D.D.A.:
Las tres fuerzas del gobierno, PSOE, IU y Podemos tienen en común algo muy positivo y es la voluntad de disputar a las derechas la idea de España. No les queda otra. Necesitan un cortafuegos al nacionalismo agresivo de las tres derechas. En el caso del PSOE, ya existe un discurso perfectamente recuperable: la España plural de Zapatero, que es una idea progresista de España perfectamente compatible con el régimen del 78. En el caso de IU y Podemos hay desde 2014 una apuesta por un cierto patriotismo plurinacional y de izquierdas, pero con una mayor tensión, al menos sobre el papel, con el régimen del 78, ya que ambas son fuerzas que teóricamente defienden el derecho a decidir y un referéndum sobre Monarquía o República. La pregunta del millón de dólares es cómo hacer compatible el pacto de gobierno, y cierta normalidad institucional, con ese discurso republicano y plurinacional, que vaya más allá de Zapatero y los límites del régimen del 78. Creo que no habría que pasarse de frenada ni en un sentido ni en otro. Ni renunciando al programa de máximos porque ahora somos gobierno, ni haciendo de los símbolos monárquicos un tema de bronca permanente. Quienes creo mejor han sabido mantener esa tensión entre la realidad y el deseo, entre ser un partido de gobierno que acata el Estado de las Autonomías, pero al mismo tiempo aspira a superarlo, son el PNV. Nunca han renunciado ni a su pasado, ni a su presente ni a ningún escenario de futuro. Aprendamos de ellos. El otro gran problema son los símbolos. Hablar de que nuestro patriotismo es el de los servicios públicos está muy bien, pero no puedo ir a celebrar un mundial de fútbol con la foto de un hospital, necesito una simbología, y sinceramente no tengo muy clara cuál puede ser. El tiempo y el devenir de las luchas populares nos lo dirá. ¿Quién iba a decir hace 2 años que Bella Ciao, una vieja canción partisana, se iba a convertir en un fenómeno juvenil de masas?

Publicado en el Nº 332 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2020

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