Ni dios ni amo

Justicia Si los diputados toman una decisión y luego vienen los jueces y la anulan, o uno de los dos poderes sobra o el asunto está mal planteado.

Benito Rabal 15/04/2020

“Si la c con la a hace ca y la k con la a hace ka, entonces una de las dos está de más, ¿verdad?” –cuestionaba el personaje de Nieves a su padre Paco el Bajo en los Santos Inocentes, quedando su pregunta sin respuesta. Y es que hay preguntas que, por evidentes, parece que asusta contestarlas.

Algo parecido está sucediendo en este país en su transitar sin fin, con algunas de las funciones de los poderes del Estado, más en concreto, entre las propias del Parlamento, esto es, la soberanía popular, y las altas esferas de la Judicatura, léase el poder de unos pocos amparados por el llamado imperio de la ley, que no justicia, que eso es una cosa más seria.

Porque digo yo que si los diputados, representantes de los partidos políticos a quienes hemos otorgado nuestra confianza en base a un programa, toman una decisión y luego vienen los jueces y, en base a su particular interpretación de hechos y leyes, la anulan, o uno de los dos poderes sobra o el asunto está mal planteado.

Otra cosa sería si la alta judicatura, o sea el Tribunal Supremo, el mismo que, en su origen, se nutrió de los verdugos del Tribunal de Orden Público, fuera elegida, no por el Consejo del Poder Judicial, nombrado a su vez por una antigua mayoría parlamentaria, sino por sufragio universal.

A lo mejor no mejoraba el sistema, pero desde luego iba a ser divertido asistir a las campañas electorales de los magistrados. Poder preguntarles, ¿usted que ha hecho a los largo de su carrera? Y que te contestaran, pues he archivado la causa contra tal o cual corrupto, he firmado tantos desahucios, he metido en la cárcel a un rapero, he cuestionado y minimizado el sufrimiento de una violación o he condenado a penas mayores que las impuestas por asesinato a unos por hacer un referéndum… ¡Ah! Y también le he metido cientos de años a unos chavales por una pelea en un bar, aunque eso sí, eran vascos.

Y así, con las mismas, poder decirles con nuestro voto, ¡pues usted a la puta calle!, en vez de eso de que hay que respetar las decisiones judiciales, que suena tan bonito como antidemocrático, porque al fin y al cabo, la democracia es respetar a quien respeta y combatir a quien no lo hace.

Publicado en el Nº 332 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2020

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