Tô Ngoc Vân, pintaba mujeres vietnamitas...a menudo entre flores como las que cultivaban los campesinosUn pintor en el Ejército Popular vietnamita Las veía junto a él en la guerra: sabía que serían artífices de la liberación, porque fueron ellas las que hicieron posible la resistencia del Vietnam.

Higinio Polo 15/04/2020

Dos mujeres y un niñoTo Ngoc Van(Oleo 1944)

Casi coincidiendo con el cincuentenario de la muerte de Ho Chí Minh, a finales de 2019 se cumplieron setenta y cinco años de la creación del Ejército Popular de Vietnam, poco antes del 90 aniversario de la fundación del Partido Comunista, el 3 de febrero de 2020. Todo el país celebraba la fecha, y, en Hanoi, en la exposición de homenaje al Ejército Popular, el presidente de la Asociación de Bellas Artes, Luonng Xuân Doàn, recordó que era también un tributo a Tô Ng?c Vân, un pintor vietnamita que murió en combate en Ðien Biên Phu muchos años antes de que Vietnam alcanzase la victoria y la libertad.

En la despiadada lucha entre potencias imperiales que se repartían el mundo (en Berlín, en 1885, se adjudicaron África entera), Francia se había apoderado de la Cochinchina y de Camboya tras la primera expedición de 1858, ayudada por España, en una operación urdida bajo Armero e Istúriz y culminada por O’Donnell. Después, los gobiernos de París añadieron a esas tierras fértiles del Mekong el centro y norte del Vietnam (Annam y Tonkín), y Laos y Camboya, formando la llamada Indochina francesa. Los vietnamitas se opusieron a la colonia, y Ho Chí Minh creó en 1927 la organización que, tres años después, adoptaría el nombre de Partido Comunista Indochino, que luchó contra la invasión japonesa que había desplazado a los franceses de Tonkín en 1940.

En esa dura escuela de la guerra contra la opresión colonial y contra el Japón fascista se fundó el Ejército Popular vietnamita. Lo crearon, en diciembre de 1944, Ho Chí Minh (tras salir de las cárceles del Kuomintang) y Võ Nguyên Giáp, en circunstancias muy difíciles, luchando en la guerrilla contra la ocupación japonesa. Antes, su padre, su mujer, el hijo recién nacido y las hermanas de Giáp habían sido asesinados por los militares franceses. Tras la victoria sobre el fascismo japonés, el Viet Minh, frente de liberación vietnamita, y el Ejército Popular siguieron luchando contra las tropas francesas que habían vuelto a Vietnam: luchó en condiciones inimaginables, derrotó a los franceses, y después a los soldados norteamericanos. Los guerrilleros y soldados vietnamitas, junto a los revolucionarios de Laos y Camboya, transportaron las armas por caminos de montaña, lucharon empapados en los arrozales, se arrastraron en los estrechos túneles excavados bajo la selva, padecieron los sanguinarios bombardeos estadounidenses, y finalmente el ejército guerrillero lanzó la célebre ofensiva de Primavera en 1975, que culminó en la campaña Ho Chí Minh conquistando la reunificación del país tras la derrota del Vietnam del sur. Antes, huyeron el siniestro y corrupto Nguyên Van Thieu, y los presidentes que le sustituyeron, Tran Van Huong y Duong Van Minh, títeres de Estados Unidos, tan efímeros que apenas duraron unos días en el cargo. La corrupta y prostituida Saigón de los burdeles norteamericanos pasó a llamarse Ciudad Ho Chí Minh.

Pero el país quedó exhausto: la mitad de Hanoi estaba destruida, como casi todas las infraestructuras vietnamitas, carreteras y ferrocarriles, escuelas y hospitales; millones de personas no tenían trabajo. Con el deliberado propósito de destruir por hambre a la resistencia, los aviones norteamericanos arrojaron setenta millones de litros del agente naranja, el veneno químico que destruyó millones de hectáreas de cultivos, y decenas de miles de niños nacieron con deformaciones. La ferocidad criminal de Estados Unidos alcanzó también a Laos y Camboya. Sobre Laos, los aviones norteamericanos lanzaron doscientos setenta millones de bombas, más que la suma de todas las que arrojaron sobre Alemania y Japón durante la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de destruir a la guerrilla, arrasar la ruta Ho Chí Minh, y eliminar a los comunistas vietnamitas y laosianos: durante años, ciento cincuenta misiones diarias de bombardeo sembraban la muerte sobre Vietnam, Laos y Camboya.

El Partido Comunista vietnamita declaró el 22 de diciembre, fecha de fundación del Ejército Popular, Día de la Defensa Nacional, y quienes forman sus filas son, más de cuarenta años del final de la guerra, los “soldados del tío Ho”. El general Giáp definió su característica: a diferencia de otros, el ejército vietnamita se originó en el pueblo. Hoy, el ejército participa también en el esfuerzo contra los estragos de la naturaleza, tifones, inundaciones, e incluso trabaja construyendo infraestructuras y en el desarrollo económico. El presidente de Vietnam, Nguy?n Phú Tr?ng, recordó también esos años despiadados de la guerra que les marcaron para siempre porque la reconstrucción fue una tarea de titanes.

Ho Chí Minh había pasado por las prisiones de Tian-Pao, Kuo Teu, Long An, Tung Chun, Nan-Ning, entre otras. En una de ellas, escribió: “Por entre los barrotes, la luna me sonríe”, mostrando su confianza en la victoria sobre el Japón fascista y la Francia colonial. En aquella Indochina francesa nació Tô Ngoc Vân, un niño pobre que soñaba con pintar; en el delta del río Rojo, donde hacía sólo tres años los franceses habían construido un puente, diseñado por Eiffel, que bautizaron en honor de Paul Doumer, gobernador general de Indochina que llegaría a presidente de Francia y sería asesinado en 1932 por un fascista ruso que abominaba de la revolución bolchevique. Los vietnamitas lo llaman hoy puente de Long Biên, y fue sañudamente bombardeado por los norteamericanos durante la guerra. Después, Tô Ngoc Vân se hizo pintor, pero murió en Ðien Biên Phu, en 1954, mientras el general Giáp dirigía el combate contra las tropas francesas. Sólo tenía cuarenta y siete años, y el Ejército Popular apenas una década.

Tô Ngoc Vân no podía saber entonces que sus camaradas todavía tendrían que luchar durante veinte largos años más contra otra potencia más feroz y destructiva, Estados Unidos, que sembraría el Vietnam de napalm, horror y muerte. Tô Ngoc Vân no pudo ver la victoria. Pintaba mujeres vietnamitas, casi siempre ataviadas con sus frescos y largos vestidos, a menudo entre flores como las que cultivaban los campesinos, y las veía junto a él, en la guerra: sabía que serían artífices de la liberación, porque fueron ellas las que hicieron posible la resistencia del Vietnam.

Publicado en el Nº 332 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2020

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