ÓSCAR CHÁVEZ, “CAIFÁN MAYOR” Patrimonio cultural y combativo de México

José María Alfaya 02/05/2020

«Quiero (como él cantaba), a la sombra de un árbol / contar este cuento en flor». Salvo que no se trata de un cuento sino de una historia de compromiso que le convirtió en una mezcla de caifán (en spanglish cae fine, literalmente el que cae bien pero algo pandillero y marginal) y de una potente voz de lucha cuyo eco no se perderá.

Era patrimonio cultural vivo de la Ciudad de México y ahora será bien inmaterial eterno para sus seguidores y para el mundo de los trovadores de izquierda, los que, como él, se apuntan a la solidaridad con todos los intentos emancipadores, sea un ejército zapatista, la II República Española («Ay, de mí llorona», podríamos cantar con la ironía política que él repartía por sus composiciones) o la sempiterna tarea de rescatar la música popular mexicana y dar fe, casi con sarcasmo, de lo que pasa en el mundo, ofreciendo una conclusión:

«Ya no seas reaccionario,
hazte revolucionario
y que te bendiga Dios».


Reconocen y valoran los entendidos en sus canciones la mezcla de lo popular, sin virtuosismo ni oportunismo comercial, con la protesta social que en él se transformaba en caricatura política y el llanto pertinaz, que es constatación de un dolor persistente, fruto de una pérdida irreparable:

«Por tí
me ha dado por llorar como el mar,
me he puesto a sollozar como el cielo...»


Valorando la soledad con complicidad literaria:

«Los cien años de macondo sueñan,
sueñan en el aire,...
Cien años, soledad macondo».


Aunque bien que se las apañaba para coincidir en los escenarios con mucha y buena gente y, en los momentos cruciales de nacer y morir, tuvo la sincronía de coincidir (en marzo y abril) con el nacimiento y muerte de Gabriel García Márquez. Otros colegas como Ernesto Cardenal y Luis Eduardo Aute se le adelantaron camino de la inmortalidad y él les escribió sendas letrillas para que cada cual se marchara con su adiós emocionado.

«Se adelantó don Ernesto
con su eterna juventud.
Nunca perdió la virtud
de separarse del resto.
Con su amor siempre dispuesto,
a este poeta cabal
se lo llevó el vendaval.
Tengo quejas contra Dios,
un moretón en la voz
y en el pecho un cardenal».

«Qué absurdo que tú hayas muerto:
se lo pregunta la vida,
que trae la muerte escondida
en la crueldad del desierto,
que mata siempre despierto.
Quién va a escuchar tu latido,
hasta el último sonido,
de tu pintura y canción;
qué harás con el corazón
de tanto amigo querido».


Lo mismito podríamos escribirle, señor Caifán Mayor …

En esta sección

Homenaje a Joaquín CarbonellJornadas centradas en la figura de Sánchez VázquezLa FIM rinde homenaje el filósofo español Adolfo Sánchez VázquezMi primera tareaEsto es una historia de amor

Del autor/a

Homenaje a Joaquín CarbonellLos nuevos santos inocentesUna cultura microbianaSe ha muerto MorriconeLa cultura del debate confinado