La vida por encima de la economíaArgentina: coronavirus y lucha por el poder El presidente Alberto Fernández denuncia a grandes empresas como la multinacional Techint: "Algunos miserables olvidan a quienes trabajan para ellos y en la crisis los despiden”

Jorge Grela 06/05/2020

La crisis del Covid-19 deja al descubierto las diferentes formas de entender la resolución del problema socio-económico generado en esta oportunidad.

En todas partes se vislumbra la lucha entre una salida que tenga como prioridad la salud de la población o una salida que ponga como elemento central salvaguardar la economía. Aunque en este concepto sólo entra la economía de los más poderosos, multinacionales y oligarquías nativas.

Sectores del Poder real, que no sólo no quieren ver disminuidos sus beneficios, sino que operan para aumentarlos. El coste en vidas para ellos es asumible, ya que se trata fundamentalmente de personas mayores y pobres. Son, por lo tanto, no productivas. Personas que el capitalismo -neoliberal o no- ve como un lastre para su tasa de ganancia. Por eso los ataques a los sistemas jubilatorios; todos recordamos (o deberíamos hacerlo) las palabras que la ex jefa del FMI y ahora cabeza visible del Banco Central Europeo, Cristin Lagarde cuando decía “el problema es que los viejos viven mucho”.

Porque de repartir beneficios no quieren ni hablar.

En Argentina, la pandemia ha tenido, hasta el momento, un sistema de contención basado en el confinamiento. También una serie de medidas que apuntalan a defender el maltrecho bolsillo de trabajadores. Así, junto a las medidas de aislamiento social, el Gobierno de la Nación dispuso una serie de iniciativas que pretenden impedir los despidos (sobre todo por parte de las grandes empresas), y salvaguardar a las pequeñas y medianas empresas y autónomos (monotribustistas, en la jerga rioplatense) retrasando el pago de impuestos y el otorgamiento de créditos a tasa cero.

También ha puesto en debate el tema de un impuesto a las grandes fortunas del país, para ayudar a unas arcas estatales exhaustas después de 4 años de neoliberalismo desenfrenado. Afectaría a un 1% de la población. “Hoy el país, por razones humanitarias y de justicia social, les reclama a esos pocos pagar un ínfimo impuesto que para nada modificaría el estado de injusticia vigente, y en porcentajes que implican apenas una migaja de sus inmorales patrimonios” [1], destaca el Partido Comunista Argentino en su declaración de apoyo al mencionado tributo.

Indudablemente la reacción no se ha hecho esperar. Y los ataques se producen en todos los frentes posibles.

Grandes empresas y multinacionales que boicotean las medidas gubernamentales de defensa de trabajadores. El Ingenio Ledesma, colaboradora y beneficiaria de la última dictadura militar, cuenta con alrededor de siete mil trabajadores, es una industria declarada esencial al pertenecer al sector de la alimentación. Y con esa excusa “se niega a darle licencia a sus trabajadores mayores de sesenta años y con enfermedades crónicas, que son factor de riesgo ante el Covid-19”. Además, “la empresa no cumple con las medidas necesarias para garantizar la salud y la integridad de los obreros azucareros, que son amenazados con perder el presentismo (parte importante del devaluado salario)” [2].

Mientras tanto, la multinacional Techint aprovecha un resquicio legal para saltarse el decreto presidencial que impide despidos, y deja en la calle a casi 1.500 trabajadorxs. El periódico argentino Página 12 afirma que Techint “es una de las principales compañías del país y consiguió importantes ganancias durante los últimos años”. Y añade que “el costo laboral en dólares para esta firma se ubica en unos de los niveles más bajo de la última década ”. El presidente Alberto Fernández dijo que "Algunos miserables olvidan a quienes trabajan para ellos y en la crisis los despiden (…) A esos miserables les habló @Pontifex_es (cuenta de twitter del Papa Francisco) y ahora les digo yo que no dejaré que lo hagan[4] Cabe destacar que el dueño de esta multinacional, Paolo Rocca tiene la mayor fortuna personal del país, con importantes intereses también en Italia, donde forma parte del lobby que pretende acabar ya las medidas restrictivas de aislamiento, pese a la altísima incidencia del coronavirus.

A este escenario se suma una central sindical burocratizada desde hace décadas, funcional a las multinacionales, que acaba de firmar un acuerdo permitiendo la rebaja, con algunas excepciones, del 25% de los salarios.

Desde la propia Justicia se atacan, noticias falsas mediante, algunos intentos gubernamentales de aliviar la situación de los sectores que peor la pueden pasar con el Covid-19. Hubo una propuesta de disminuir la saturada población carcelaria del país, poniendo en libertad a reclusos que estén a punto de cumplir sus penas, mujeres embarazadas y otros casos, siempre que no hayan sido por delitos sexuales o violentos. Ante esto, aparece una jueza, Julia Márquez, declarando que se ha dejado en libertad a casi doscientos violadores con la excusa del coronavirus. Palabras que, acompañadas de fotos con presos haciendo la “V” de la victoria, han tenido amplia repercusión en los medios de (des)información masiva de la derecha como Infobae, Perfil y otros. Palabras que han generado honda preocupación en la sociedad. Palabras que no tenían ningún asidero real, que fueron desmentidas por las mismas fuentes que mencionaba la funcionaria y que ahora hacen que la jueza se enfrente a una denuncia por intimidación pública.

En el marco del confinamiento, hay sitios donde puede ser “peor el remedio que la enfermedad”, tal como dice el refranero popular. Se trata de los barrios marginales, conocidos en Argentina como “Villas Miseria”. Estas “espaldas escandalosas de las grandes ciudades”, según decía el poeta Armando Tejada Gómez, tienen infracondiciones de vida en situaciones normales, y la mayoría de sus habitantes trabajan en la economía sumergida, informal. Quedarse en las casas en las que conviven muchas personas y tienen pocas habitaciones, casi ninguna ventilación es más una condena que un remedio. Si a esto le sumamos la desidia, el abandono que por parte de ciertas administraciones sufren estos barrios, entonces el panorama se nos aparece trágicamente real. Como sucede en la Villa 31 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la que sus habitantes no sólo padecen lo recién mencionado, sino que además estuvieron más de una semana sin agua. Ante el silencio cómplice de los mismos medios de (des)información masiva y la inoperancia de las autoridades locales. Autoridades que tienen toda la responsabilidad, y que gobiernan la ciudad desde hace casi quince años. Y que no han mejorado las condiciones sino que las han empeorado. No por casualidad gobiernan la Ciudad los amigos de Macri, Trump y Aznar.

Víctor Kot, secretario General del Partido Comunista sostiene que “los comunistas decimos y practicamos solidaridad y organización. Por ejemplo, los compañeros del MTL y de la Corriente Liberación han generado importantes iniciativas en conjunto con el resto del movimiento popular. (…) La experiencia que estamos atravesando, tiene que servirnos para impulsar algunas medidas que permitan no solo enfrentar mejor al coronavirus, sino ir prefigurando el día después de la pandemia y enfrentar el desafío de construir otra sociedad en el camino al socialismo [5].

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1. Ver El partido Comunista respalda el Impuesto a las grandes fortunas, en Nuestra Propuesta Diario de 16 Abril 2020

2. Ver Lógica Empresarial, en Nuestra Propuesta diario, del 01 de abril de 2020

3. Ver https://www.pagina12.com.ar

4. Ver https://www.telam.com.ar

5. Ver Coronavirus: Medidas de emergencia para la disputa del pueblo contra el poder real en Nuestra Propuesta Diario del 16 de abril de 2020.

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