CONFLICTO ANDINO: El Pentágono utiliza a Uribe para controlar la zonaColombia es hoy el buque insignia de la intervención norteamericana en Suramérica

Javier Sáenz Munilla 31/03/2008

Un insigne y esforzado sacerdote colombiano, destacado defensor de los derechos humanos, de visita reciente a Madrid, decía que si algo bueno había tenido la agresión militar de Colombia al Ecuador, es que había sacado a la superficie todo lo cuanto ocurría por debajo. El episodio que acabó con las vidas de los miembros de una Comisión de la guerrilla de las FARC, encabezada por Raúl Reyes y, de paso, de varios universitarios mexicanos y de un civil ecuatoriano que nada tenían que ver en el conflicto, además de poner en un brete el inestable equilibrio de la región Andina, ha dejado al descubierto, como apuntaba el sacerdote, que el llamado Plan Colombia -hoy rebautizado como Plan Patriota- no se limita al territorio estrictamente colombiano. Que el conflicto, cuya existencia misma tanto niega el presidente Álvaro Uribe, además de existir, es un polvorín que puede hacer estallar, como mínimo, todo el Norte de Sudamérica. Que los Estados Unidos, por mucho que estén bien enfrascados en sus guerras particulares de Iraq y Afganistán, no se olvidan ni un segundo de sus intereses en el traspatio del patio trasero y que no están dispuestos a que nadie, ni desde París ni, mucho menos, desde Quito o Caracas, ose plantear en él propuestas que no cuenten con el marchamo imperial.

La agresión militar lanzada desde Colombia contra el territorio ecuatoriano es, en primer lugar, una advertencia a Ecuador. Una advertencia, claro está, de los Estados Unidos, directamente relacionada con la decisión del presidente ecuatoriano Rafael Correa de sacar a las tropas norteamericanas de la base aéreo naval de Manta, vital para el control por Washington de la región Andina. Correa dijo al poco de llegar al poder, que el contrato de Manta, que caduca en 2009, no se va a renovar. Y no lo dijo en vano, ni para hacer un quiebro y forzar mejores condiciones en una hipotética negociación. Lo dijo para reafirmar un punto importante de su programa electoral y de la coalición que le llevó hasta la Presidencia, en la que se incluye al arraigado movimiento nacional contra las bases. Y la desaparición de las bases extranjeras está, también, en la Constitución que elabora la Asamblea Constituyente.

Lógicamente la llamada Operación Fénix, el ataque en el que fue asesinado Raúl Reyes, no se preparó en un santiamén, como pretendió colar el mentiroso Uribe en su primera explicación pública. Pudieron acelerarse sus movimientos, pero el Plan, para meter aviones y helicópteros en el Ecuador, después de lanzar un misil a 1.800 metros y en un punto determinado del lado ecuatoriano de la frontera o para hacerlo en cualquier otro punto, era parte de la planificada intervención en la región que, con la excusa de Reyes o con otra cualquiera, diseñan y actualizan de forma permanente los estrategas estadounidenses. Desde la base de Manta, en territorio ecuatoriano o desde Tres Esquinas, en el Caquetá colombiano, y seguramente desde el propio Bogotá. No en vano, Colombia se ha convertido en el buque insignia de la intervención norteamericana en Sudamérica, gracias al vasallaje al que se somete con gusto el presidente Uribe, al frente del histórico proyecto paramilitar al que nunca ha renunciado la gran burguesía de Colombia. De hecho, además, ese proyecto paramilitar, que sigue campando a sus anchas en el territorio colombiano -no sin planes expansionistas allende las fronteras- necesita como la tierra a la lluvia, de la aquiescencia y el apoyo de los gringos.

Cumbre militar USA-Colombiana
No parece, pues, una casualidad que el almirante Joseph Nimmich, director de la Fuerza de Tarea Conjunta del Comando Sur de los Estados Unidos, se trasladara a Colombia para reunirse en Bogotá el 28 de febrero, el mismo día que iba a comenzar la Operación Fénix, con el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos y con el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares de Colombia, almirante David René Moreno.

Con su golpe, ejecutado en apariencia por tropas colombianas, aunque planificado por el Pentágono y sus "contratistas" sobre el terreno -Dyncorp & CIA, entre otros-, Washington y el pequeño Uribe han querido también zanjar, de un plumazo, el camino iniciado por las FARC e impulsado por Hugo Chávez, hacia la búsqueda de una salida negociada del conflicto, esta vez con implicación internacional. En este proyecto se estaban ya alineando en el ámbito latinoamericano, además de Ecuador y Venezuela, sustancialmente Brasil y la Argentina. Y en Europa, Francia y Suiza, en razón de su papel mediador por el Acuerdo Humanitario. La Francia de Sarkozy -en busca de la libertad para Ingrid Betancourt- utilizaba ya a sus diplomáticos de forma muy activa. Así vimos cómo tres enviados franceses en la zona, que iban a entrevistarse con Raúl Reyes el mismo día de su asesinato en el campamento bombardeado, suspendieron la cita al ser avisados por el Gobierno de Bogotá del peligro que corrían. Y París parecía dispuesto a estudiar y plantear en la Unión Europea la petición de Chávez para que se considerara a los grupos guerrilleros colombianos como 'parte beligerante' en el conflicto y no 'grupos terroristas'. Era el primer paso para dar un reconocimiento internacional al conflicto y, a partir de ahí, plantear su humanización, mediante la exigencia de la aplicación de los Acuerdos de Ginebra, para acabar instalando una mesa negociadora con veeduría internacional.

Estados Unidos -ya se sabía- no estaba dispuesto a consentir esa 'intromisión' en su patio y -ya hemos visto- lo dijo de la forma más clara y contundente; como suele hacerlo.

En este sentido, es de entender que Insulza, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), saltara como un resorte para decir que no veía factible la propuesta de Correa para que una fuerza multinacional vigilara la frontera común entre Colombia y Ecuador. Eso Washington no lo va a consentir nunca.

Washington utiliza, ahora de forma casi pública, el conflicto de Colombia, para defender su poder hegemónico en la Región Andina, que ve peligrar, en primer lugar con la consolidación del proyecto bolivariano en Venezuela y con los gobiernos de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador. Así es que, el ataque contra el campamento fariano es un atisbo de 'Guerra Preventiva', una advertencia a todos esos gobiernos. Y la declaración de Bush de que está con Uribe, una proclama guerrerista en toda regla, con el aderezo ultra que el tejano no quiere ni sabe evitar, al añadir que los suramericanos tienen que optar entre estar 'con el terrorismo y la demagogia', o sea con Chávez y las FARC o 'con la libertad', representada al parecer por Álvaro Uribe.

Aunque, tras la visita a la zona del ataque de la comisión de la OEA y la aparente firma de la paz escenificada por los presidentes en Santo Domingo y por los cancilleres en Washington pueda inducir a creerlo, la fase de guerra abierta iniciada con la agresión contra Ecuador y el asesinato de Reyes y sus compañeros no ha sido clausurada. El 'poderoso amo del Norte' sigue en sus trece y no va a parar.

La flexibilización de fronteras de Condoleezza
En su reciente gira la Secretaria de Estado Condoleezza Rice trató de ganarse al presidente Lula da Silva para que aceptara una 'flexibilización de fronteras' a fin de que se pueda 'combatir a la guerilla más allá de los límites territoriales colombianos'. Se lo planteó a Lula, que lo rechazó y sondeó también a Michelle Bachelet, la presidenta de Chile, porque Estados Unidos quería que la OEA aprobara tal exabrupto jurídico, que anularía el artículo 21 de la Carta de la organización, uno de sus principios básicos, para dar carácter legal a las agresiones que, como en Ecuador, está dispuesto a seguir cometiendo quizás, en una próxima ocasión, contra Venezuela.

* Periodista especializado en Latinoamérica. Autor del blog http://pepitorias.blogspot.com

Publicado en el Nº 199 de la edición impresa de Mundo Obrero

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