La ola populista de la ultraderecha ya es una realidad en todo el mundoResponsabilidad: el antídoto de la izquierda frente a las estridencias y el frikismo de la ultraderecha

Gabi Palma 15/05/2020

Vivimos tiempos políticos frenéticos. Escuchamos prácticamente a diario desde las instituciones y los medios de comunicación discursos donde prima el frikismo a la seriedad. En un momento donde una pandemia asola al mundo entero, este tipo de alegatos estridentes y alejados de toda veracidad, lejos de detenerse, se han acrecentado.

Lo que está ocurriendo durante estas semanas no es una novedad. Empezamos a acostumbrarnos a escuchar a Abascal sacar a la palestra temáticas inverosímiles, menos a lo que acontece. Una de sus últimas ocurrencias ha tenido como protagonistas a Venezuela y Paracuellos (tema recurrente, por otro lado). Otra, erigirse en defensor de las libertades sexuales frente “al odio de la izquierda a los homosexuales”. Nadie en su sano juicio puede comprender este tipo de barbaridades. Viven instalados en una realidad paralela a la que están intentando trasladar a sus simpatizantes y votantes. Porque el objetivo no es otro que construir otra realidad para lo que a ojos y oídos de cualquier persona racional parece sacado de otro mundo. Esta estrategia está arrastrando a Pablo Casado a posicionamientos y tácticas que rozan lo friki. Aunque quizás la mayor exponente del trumpismo en el PP la encontremos en Díaz Ayuso, su primera espada.

¿Por qué hablamos de trumpismo? Lo que está ocurriendo en la derecha y la ultraderecha en España no es una anécdota. Este fenómeno internacional tiene entre sus precursores a Steve Bannon, una persona sin la que no se entendería que hoy Donald Trump esté sentado en el Despacho Oval de la Casa Blanca. La ola populista de la ultraderecha ya es una realidad en todo el mundo.

Recuperación solidaria

La crisis del Covid-19 está dejando en evidencia a aquellos gobiernos en los que impera el trumpismo. Desde el propio Trump, recomendando en una rueda de prensa combatir al virus bebiendo detergente, a la infravaloración del coronavirus por parte de presidentes como Bolsonaro en Brasil o Boris Johnson en Reino Unido, afirmando que estábamos ante una “simple gripe” y retrasando la actuación sobre el mismo hasta que a todas luces el virus les ha pasado por encima. En España, el gobierno de la Comunidad de Madrid no se queda atrás y Díaz Ayuso hace de digna representante del trumpismo en España, con sus menús de comida rápida para las niñas y los niños de familias vulnerables durante toda la pandemia, una cuenta de Twitter convertida en tabloide publicitario o la última polémica (veremos si delito) sobre la suite en la que se ha estado alojando durante la crisis sanitaria.

La izquierda en España, a la que en muchas ocasiones han intentado poner la etiqueta de “frikis” (y en algunas ocasiones la etiqueta ha sido merecida, por qué no decirlo), está enfrentando este tipo de discursos desde la responsabilidad. También con sutileza y rotundidad, encarnada principalmente en dirigentes como Pablo Iglesias, la pedagogía que ejercen Yolanda Díaz o Alberto Garzón y el rigor de Enrique Santiago desde la tribuna del Congreso, interpelando con argumentos nítidos, racionales y siendo fiel reflejo de cuáles son los problemas de la mayoría social en este momento. Pese a las dificultades y a los errores que se puedan cometer en la gestión de una pandemia y una situación que nunca hemos vivido, tengo el convencimiento de que la mayoría de las familias valoran más la seguridad que dan quienes encarnan la preocupación y trabajan por la salida social y económica a la crisis que a quienes buscan descaradamente sacar rédito electoral de la pandemia, más preocupados por los crespones y las corbatas negras que por conseguir que ninguna persona se quede atrás durante esta difícil pendiente.

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