Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen

Carlos Canelo. Secretario Regional del PCE de Extremadura 17/05/2020

“Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”, quizá constituya junto con el “No pasarán” de Pasionaria las dos expresiones antibélicas más importante de los últimos siglos en España; sólo podían pronunciarlas dos Grandes de los Pueblos de España, dos españoles de bien que no necesitan reconocimiento regio para alcanzar su magnitud; inicialmente por su condición de republicanos y posteriormente porque tienen la grandeza que otorga el ser pueblo y haber dedicado su vida al pueblo trabajador y, por tanto, referentes indiscutibles de toda una tradición de españolas y españoles que antes, durante y después de los tiempos de la brutalidad carpeto vetónica pensamos y seguimos pensando, con nuestros aciertos y errores, que la sociedad capitalista, con su cohorte de explotación, desigualdad y miseria puede y debe ser sustituida por la una sociedad sin explotadores ni explotados.

Hoy cuando mayo empezaba a alejarse de su ecuador, cuando sus patios empezaban a mostrar su mayor esplendor, la ciudad de Séneca el estoico, del médico Averroes, del científico Maimónides o del Góngora más bribón, aquella del simbolista Julio Romero de Torres, esa Córdoba a la que él siempre regreso, esa que en año 79, cuando las primeras elecciones municipales, se salió del tropel y lo eligió corregidor está de luto porque ha muerto su hijo mayor; ha muerto posiblemente el personaje histórico más importante de España desde la generación del exilio, y que durante los últimos cuarenta años supo mantener la bandera de la dignidad y la referencia ética y moral de millones de españolas y españoles, ese que igual que Pasionaria señalaba que era preferible morir de pie que vivir de rodillas, indicaba que con la dignidad no se come, pero un pueblo sin dignidad se pone de rodillas y termina sin comer

La Andalucía de Blas Infante, la de Machado, la de Federico y Rafael, esa del Manifiesto de las Amapolas, aquella obligación contraída con el pueblo andaluz trabajador que le obligó a dejar su Córdoba por Convocatoria está también desconsolada, ha perdido a su referente ético y moral decano, esa Andalucía laboriosa, honesta, honrada y decente, la extranjera a la bata de cola y los ERES de la corrupción está afligida; la España republicana, la que perdió la guerra civil, aquella que hubo de enfrentarse a la brutalidad, sin poder rememorar su tragedia, aquella que tuvo que sufrir la comedia de la transición política está apesadumbrada; más no hay que desalentarse, su semilla ha prendido, y más temprano que tarde su simiente germinara, pues como poetizaba Miguel /Vientos del pueblo me llevan,/ vientos del pueblo me arrastran,/ me esparcen el corazón/ y me aventan la garganta/

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