Contra el talón de hierro

Pandemia y autonomías Hemos comprobado que el Estado de las Autonomías, tal y como está establecido, es un ecosistema de conflictos de competencias que sirve de excusa perfecta para sacudirse responsabilidades los diferentes gobernantes.

Pascual Serrano 29/05/2020

La crisis del Covid-19 nos ha permitido percibir en qué medida nuestro modelo descentralizado, y con una división de competencias y poder entre gobierno central y autonómicos, se ha reflejado en la forma de enfrentar la pandemia. Se ha hablado mucho de la falta de lealtad y sentido de Estado de la derecha ante esta grave situación pero no tanto de las tensiones y los conflictos territoriales que han supuesto también una muestra de la falta de ese sentido de Estado de muchos gobiernos autonómicos. Algo previsible puesto que algunos ni siquiera quieren pertenecer al mismo Estado que el resto.

Lo pudimos comprobar en algo que debería haber sido sencillo, como el criterio común a la hora de enviar los datos epidemiológicos al ministerio de Sanidad. Ese ministerio tuvo que dejar de presentar el sumatorio de personas ingresadas en UCI y en hospitales porque cada autonomía las reportaba de distinta forma. Mientras unas aportaban la cifra de todos los pacientes que pasaban por estas unidades, otras daban cada día el número actual, restado altas y fallecimientos, con lo que el sumatorio no era homogéneo.

Eran tantos los asteriscos aclaratorios y diferenciadores que el gobierno adjuntaba en cada cifra, que terminó reconociendo el 18 de abril que la serie histórica de datos del Ministerio de Sanidad sobre la pandemia dejaba de tener sentido. Ninguna cifra oficial de las que Salud Pública del gobierno central informaba cada día cuadraba ni era homogénea: ni la de casos confirmados, ni la de muertos, ni la de hospitalizados, ni la de pacientes ingresados en la UCI. El ministerio, que se suponía que era el mando único desde el estado de alarma, no dejaba de dar órdenes de unificación a las comunidades (ya iban por la tercera en un mes) sobre qué información tenían que remitir y cómo se interpretaba cada variable.
No fue hasta el 17 de abril, 43 días después de la primera declaración de estado de alarma, cuando todas las comunidades reportaran los datos de la epidemia de forma homogénea al ministerio de Sanidad.

El descontrol autonómico de cifras se sucedía en todos los planos. El 13 de abril, el gobierno llevaba tres órdenes en el BOE para saber lo que estaba pasando en las residencias de mayores, competencia de las autonomías. El ministro de Sanidad reconocía que no tenía información sobre cifras de positivos ni muertos en las residencias y hacía cinco días que había dado la última orden de fecha tope para que le enviaran los datos.

El caso de Cataluña es paradigmático. Del total de casos positivos registrados en esa comunidad hasta el 22 de abril (44.892), solo había entregado los datos requeridos sobre el 4%. Desde el 23 de marzo, no había vuelto a enviar la información solicitada sobre edad de los pacientes, sexo, factores de riesgo, tiempos de hospitalización, de estancia en la UCI y ventilación mecánica, plazos transcurridos desde el inicio de síntomas hasta el diagnóstico, periodo de hospitalización, ingreso en UCI y defunción. Así lo justificaba el Govern: "En lugar de ayudar y compartir experiencias, lo único que hacen [en Madrid] es pedir información, y ya dirán el qué y el dónde", se quejaba el presidente catalán, Quim Torra. "No tengo cara de decir a la gente (…) que lo único que puedo hacer es enviar una información y esperar sentada a que tomen decisiones" en Madrid, se lamentaba Alba Vergés (ERC), la 'consellera' de Salut catalana. Pero es que las comunidades de Asturias y Aragón, gobernadas por el PSOE, habían proporcionado solo el 34% y 60% respectivamente de la información solicitada.

Como se recordará, el primer decreto ley de estado de alarma declaraba la centralización de las medidas contra la pandemia pero todos vimos que, mientras los gobiernos se quejaban de que no recibían material, se estaban dedicando a comprar cada uno por su cuenta en el mercado internacional. A la falta de coordinación se sumaban las acusaciones de que en sus autonomías se incautaba material para destinar a otra o que se repartían de forma injusta los recursos. Recordemos el patético comentario del conseller de Interior de Cataluña, Miquel Buch, irritado por el simbolismo humillante que percibía en el envío de 1.714.000 mascarillas.

Las 17 autonomías, más las dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla), más el gobierno central, se dedicaron, cada uno por su cuenta, a conseguir el material sanitario necesario para afrontar el brote. Lógicamente, los proveedores chinos de mascarillas, test y productos desinfectantes no entendían que hubiese más de una decena de contactos diferentes desde España para realizarles compras por lo que expresaron su disconformidad y reclamaron un único canal de comunicación para la gestión de este material.

El debate de perfil autonómico continuaba con cada medida decretada por el gobierno: aislar autonomías o no, permitir el trabajo no esencial o no, dejar salir a los niños o no. El gobierno central decidió incluso incorporar un técnico elegido por cada autonomía, de modo que los expertos sobre el coronavirus para la comisión gubernamental se eligieron por el lugar de residencia de su DNI y no por su perfil profesional. De nada le sirvió a Pedro Sánchez porque las discrepancias con los gobiernos autonómicas no cesaron.

Pudimos comprobar que las ruedas de prensa solían estar dominadas por preguntas de medios locales preguntando por los asuntos de su propia autonomía. Los medios catalanes se centraban en las reyertas entre su Govern y el Gobierno central; los medios canarios, obsesionados en cuándo van a poder salir los ciudadanos de sus islas. Ni cifras de sanitarios infectados, ni datos sobre disponibilidad de tests, ni sobre los planes de la UE, cada uno con su problemática autonómica diferenciada del resto.

Cuando surgió la discusión del confinamiento, se repitió el espectáculo. Cada autonomía hizo su propio plan, aunque ninguno tuviese competencias para ello. Un ejemplo curioso fue el día en que se anunció que los niños podían salir una hora. El gobierno catalán difundió minutos después un plan de franjas horarias para cada edad que no tenía ningún valor legal porque la medida era competencia del gobierno central. Nadie hizo caso a la propuesta de Torra ni se aplicó ninguna medida para su desarrollo o cumplimiento pero, una vez más, el gobierno autonómico jugó a la ficción de que mandaba. Y dedicó esfuerzos y recursos a la farsa, movilizándola por distintos canales.

Igualmente, a los pocos días el resto de autonomías aprobó sus propios planes de desconfinamiento. El de Canarias decía que se salía según el número par o impar de tu vivienda, el catalán con su certificado de inmunidad, el de Euskadi dando prioridad al ejercicio físico, el de Madrid con un plan de apertura de bares y terrazas y el de Andalucía con la propuesta de comenzar las clases en mayo. Y eso que estábamos centralizados.

Creo que la experiencia de esta pandemia es una clara muestra del fracaso de las autonomías. Pienso igualmente que debemos afrontar el problema con audacia, sin prejuicios y con todas las opciones abiertas. El mantra de que el centralismo es una cosa de la derecha y del franquismo a algunos ya no nos sirve. Sobre todo, porque ya hemos comprobado que el Estado de las Autonomías, tal y como está establecido, es un ecosistema de conflictos de competencias que sirve de excusa perfecta para sacudirse responsabilidades los diferentes gobernantes, de ineficacia para afrontar grandes problemas nacionales (aunque tampoco estamos de acuerdo en lo que se entiende por nacional) y de desigualdades formales en el Estado (aunque tampoco estamos de acuerdo en lo que se entiende por Estado).

Publicado en el Nº 334 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2020

En esta sección

Kuánta mayoría akallada a palos!!!El verdadero rostro de la emigraciónEn Honduras continúan asesinando a los ecologistasEl racismo de clase de Isabel Díaz AyusoSiempre Kambian las Karetas pero NUNKA las Karas!

Del autor/a

En defensa del EstadoTelesur cumple quince añosDesescalada y capitalismoCuando la crispación y el electoralismo dan votosPandemia y autonomías