La Retranca

Integristas, fundamentalistas y fachas en tiempos de pandemia EEUU está convirtiendo el Covid19 en un arma de guerra contra Cuba, Venezuela, Nicaragua e Irán, a través del bloqueo, las sanciones y obstaculizando la compra de suministros y medicamentos.

Dolores de Redondo 01/06/2020

En 1940, Charles Chaplin retrató y despellejó magistralmente con humor los peligros del nazismo en El gran dictador y en La vida de Brian los Monty Phyton se hicieron inmortales con su sátira ácida y desternillante del cristianismo. En ambas joyas cinematográficas desarrollaron un ejercicio elegante, inteligente y magistral del humor, que también pueden considerarse armas de crítica militante. Ya sé que son algo muy serio y conozco los peligros que conllevan pero hay que reconocer que los integristas, los fundamentalistas y la extrema derecha (tres variantes distintas y una sola ideología verdadera) se prestan a la parodia y la caricatura, aunque ellos constituyan, realmente, una parodia de sí mismos.

Si parecía que Donald Trump tenía complicado superarse, sus ocurrencias alcanzaron el zenit cuando insinuó en rueda de prensa el uso intravenoso de desinfectante o la introducción dentro del cuerpo de “una tremenda cantidad de luz, ya sea ultravioleta o solo luz muy potente” para eliminar el coronavirus. Walter Shaub, ex director de ética del gobierno acertó de pleno en su descripción del mandatario: «Es incomprensible que un imbécil como este tenga el cargo más alto en el país y existan personas lo suficientemente estúpidas como para pensar que está bien». En marzo, el jefe de ese Imperio que exporta a tiros el american way of life al resto del mundo había asegurado que EEUU era el país mejor preparado para luchar contra la pandemia y, un mes después, se había convertido, de largo, en el país más afectado por el virus. Y mientras la falta de seguro deja a millones de sus compatriotas sin atención médica, con veintiséis millones de peticiones de ayuda por desempleo en un mes, el gobierno yanqui mantiene el bloqueo y las sanciones económicas a países como Cuba, Venezuela, Nicaragua o Irán, obstaculizando la adquisición de medicamentos y suministros para combatir el virus, y convirtiendo al bichito en un arma de guerra.

La mezcla de fervor religioso y ejercicio del poder siempre han provocado resultados preocupantes. En Colombia, mientras escuadrones de la muerte aprovechan la cuarentena para asesinar a líderes y activistas sociales, su presidente Iván Duque pedía a la Virgen de Chiquinquirá protección para la población frente a la epidemia: “Esta mañana me desperté pidiéndole a esa patrona de Colombia que nos dé salud para poder guiar los destinos de la nación y, créanme, nunca nos ha abandonado". En Brasil, las macroiglesias evangélicas que tanto han contribuido a la llegada al poder de Jair Bolsonaro continuaron oficiando misa para miles de personas, restando importancia a la pandemia como ha hecho reiteradamente su querido presidente. El líder de la Iglesia Universal del Reino de Dios afirmó que "el antídoto del virus es la fe", porque el coronavirus solo afecta a aquellos que carecen de ella y responde a una estrategia de Satanás y los medios de comunicación para inducir el pánico en la gente.

En Israel, la ciudad de Bnei Brak, bastión de los ultraortodoxos judíos aliados de Netanyahu, se ha convertido en el principal foco de contagio con la infección de la mitad de sus habitantes. Son tantos sus recelos a las interferencias del exterior que recibieron a las fuerzas del orden al grito de «nazis, nazis», lo cual, por otro lado, no deja de ser cierto tratándose del ejército israelí. El propio ministro de Salud, también ultraortodoxo, dio positivo por pasarse por el forro sus propias recomendaciones y participar en una oración colectiva y uno de los rabinos más respetados se vio obligado a rectificar después de haber recomendado la apertura de centros religiosos porque «la Torá protege y salva».

En México, el arzobispo de Toluca subió a un helicóptero con el Santísimo Sacramento, dos imágenes de la Virgen María y una reliquia de san Juan Pablo II para bendecir a sus feligreses retransmitiéndolo a través de Facebook Live. Más cerca, en el pueblo alicantino de Sax, el párroco sacó a pasear por las calles el Santísimo Sacramento escoltado por la Guardia Civil con el visto bueno del gobierno municipal del PP. Y en Huesca, el obispo se encomendó a la imagen del Cristo de los Milagros como en la peste de 1497. En el momento de su iniciativa, a mediados de marzo, aún no se habían notificado contagios de Covid-19. Un mes después eran 730 los casos diagnosticados y 89 las personas fallecidas: ¿acaso descubrirán sus autopsias una posible carencia de fe?

Con todos los respetos para aquellas personas devotas, espectadoras o costumbristas de la semana santa: he visto realizado mi sueño de unas calles libres de flagelos, coronas de espino y martirios. Ahora solo falta que desaparezcan los fachas. A buen seguro que la semana santa on line y los excesos de la extrema derecha patria hubiesen proporcionado una inolvidable sátira de Luis Buñuel o Luis García Berlanga. Y puede que el año venidero las mascarillas de los penitentes sean sustituidas por capirotes FFP3 con la banderita roja y gualda ¿O será un bulo?

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 334 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2020

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