Va por Susana

Marisa de Simón Caballero. Portavoz Parlamentaria de IU de Navarra 03/06/2020

Hace unos días, recibía la noticia del fallecimiento de Susana. Sus camaradas del PC, compañeras y amigas que hemos compartido muchos momentos durante años, nos comunicábamos desoladas la triste noticia. En unas pocas horas la pena, la desolación por su marcha y el cariño y el respeto hacia Susana recorrían nuestros teléfonos móviles y ordenadores.

Tuve muchas oportunidades de compartir debates en el área de mujer de IU, en los Consejos Políticos, en las APyS, en jornadas, asambleas, manifestaciones, en los corrillos del recreo,… ella siempre estaba allí con su ejemplo, con su discurso que daba un sentido muy potente al ser de izquierdas. Y su presencia más bien callada que sin embargo se hacía notar. Susana brillaba por si sola.

Una mujer comprometida, militante aguerrida, con principios firmes y sólidos que mantenía a toda costa sin doblegarse, sin ceder en lo fundamental. Valiente, arrimando el hombro. Colaboradora, crítica sin pelos en la lengua cuando tocaba, sin embargo conciliadora, amable, didáctica, clara y concisa en sus intervenciones.

Conocí a Susana, cuando aún las mujeres en nuestra organización -que éramos bastante menos que los hombres- padecíamos de cierta invisibilidad. Fue ella, fueron esas mujeres de entonces quienes colocaron, no sin una dura e insistente pelea, las políticas feministas en la categoría de prioridad, quienes introdujeron los criterios de igualdad en nuestros debates y en los órganos de dirección y de participación. Ellas, entonces jóvenes y ahora no tanto, me enseñaron a mí una recién llegada, nos enseñaron a otras un poquito más jóvenes entonces y ahora no tanto, a vivir y sentir nuestra condición de mujer con orgullo, a empoderarnos, a pelear por nuestra visibilidad y reconocimiento; y también a no bajar la guardia.

No me hace falta cerrar los ojos para verla, la veo con esa mirada un tanto pillina, haciendo reflexiones sesudas, con su fina y elegante ironía, también riendo a carcajadas, eso sí poco ruidosas, en los ratos de asueto charlando en los pasillos, cualquier lugar nos venía bien.

Me preguntaba mientras pensaba en estas líneas por qué Susana me llegó tan adentro. Si bien es verdad que compartíamos amistades, algo en ella me atraía con fuerza, o más bien varias cosas a la vez: su inteligencia, su mirada amigable, su forma de estar dialogante incluso con sus silencios, asertiva también. Transmitía un halo de seguridad, de protección, de confortabilidad a su alrededor. Creo que “su estar” daba cobijo, a mí al menos.

El hecho terrible es que se ha ido una gran mujer trabajadora, activista, sindicalista, con un gran compromiso y capacidad para asumir responsabilidades políticas. Sin duda, el camino que construyó a su paso queda, su profunda huella emocional está en muchas de nosotras y en muchos de nosotros.

Susana hacía de este mundo un mundo mejor. Ella ya no está aquí. Lo que tengo muy, muy claro es que necesitamos más mujeres, más camaradas, más compañeras como ella, de esa clase de mujeres que mueven el mundo.

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