El tren de la memoria

A los fogones a través de DarwinDr. Faustino Cordón Realizó el grueso de su trabajo científico durante la dictadura franquista, siempre desde los márgenes de las instituciones académicas de las que fue rechazado por su compromiso político primero y su actitud crítica con la ciencia oficial.

Mariano Asenjo Pajares 03/06/2020

“El hombre es un animal que come pan”
(HESÍODO)

Durante los días de pandemia y confinamiento he curioseado en algunos de los trabajos del doctor Faustino Cordón (1909-1999), gran científico y humanista. Las referencias a la obra de este biólogo evolucionista me han salido al paso frecuentemente. Nada raro cuando nos referimos a uno de los pilares de la ciencia bioquímica española. Inició Cordón su relevante obra escrita en 1954: Inmunidad y automultiplicación proteica, en la reorganizó la teoría inmunológica. PERO -¡qué importancia puede llegar a tener un ‘pero’…!-, ocurre que Faustino Cordón realizó el grueso de su trabajo científico durante la dictadura franquista, siempre desde los márgenes de las instituciones académicas de las que fue rechazado por su compromiso político primero y su actitud crítica con la ciencia oficial después.

Nacido en Madrid el 22 de enero de 1909, en el seno de una familia de la burguesía culta, el futuro científico se educó bajo los auspicios de su abuelo, Baldomero Bonet, catedrático de química orgánica de la Universidad de Madrid. Realizó el bachillerato en el Colegio de El Pilar y después se desplazó un año a Paris para estudiar dibujo. Allí conoció y trató a Picasso. De regreso a España, se matriculó en la Facultad de Farmacia, carrera que realizó en sólo dos años y estudiando por libre. Ya licenciado, pasó un tiempo dedicado al estudio en la sierra de la Maracena (Huelva). El alzamiento golpista del 36 sorprendió al joven Cordón empleado en los Laboratorios de la Institución Libre de Enseñanza, ubicados en la Residencia de Estudiantes.

"La guerra marcó su destino al igual que el de muchos españoles de su generación. Su compromiso político con la defensa de la República le llevó a alistarse voluntario en el Quinto Regimiento de Milicias Populares en Madrid. Debido a su formación como farmacéutico y a sus conocimientos de química, asumió primero la función de jefe de armamentos en esa unidad, y después en la Junta de Defensa de Madrid". En la guerra perdió a su hermano, Antonio, fusilado en su pueblo con diecisiete años, y él, haciendo bombas, perdió un ojo en una explosión. “Mala carrera científica la que empieza en el 5º Regimiento, pasa por campos de concentración y por la densa dignidad con la que Cordón vivió el exilio interior”, escribiría Vázquez Montalbán.

Al final de la contienda fue apresado en el puerto de Alicante. "Tras los quince meses de cárcel que padeció y después de un periodo de estancia apartado en Barcelona, consiguió trabajo en la industria privada, ya que, debido a su trayectoria política, no podía aspirar a ningún tipo de tarea en la universidad". Desde 1941 hasta 1945 trabajó en los laboratorios Zeltia. Su director fue el Dr. Fernando Calvet (bioquímico formado con los premios Nobel Euler y Wieland, y relegado de su cátedra universitaria por sus opiniones políticas) al que Cordón siempre consideró su maestro. Con él logró una buena preparación de químico experimental y aprendió a desarrollar con rigor su capacidad de observación en el laboratorio. Su primer trabajo le llevó a descubrir un enzima pancreático que denominó ‘insulinasa’ y del que describió sus características. Su entrada en la empresa privada, con posterioridad dirigiría el laboratorio del Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS), "le permitió abrirse al campo de la investigación científica en su vinculación con la industria y la tecnología".

En síntesis muy apretada, cabe decir que Faustino Cordón es autor de la teoría evolucionista recogida en su extensa obra que integra de un modo crítico los conocimientos de la ciencia experimental y da respuesta a un nuevo orden de problemas biológicos: cómo surgen, cuál es la naturaleza, y cuál es la secuencia evolutiva de los principales tipos de seres vivos. Algunas de sus obras son: Introducción al origen y evolución de la vida; La evolución de los animales y su medio; La Naturaleza del hombre, a la luz de su origen biológico; La biología evolucionista y la dialéctica (donde se evidencia un alto grado de conocimiento de la teoría marxista); ¡y cómo dejar fuera de esta relación, Cocinar hizo al hombre!, un librito delicioso y necesario que explica como “el proceso evolutivo que, filogenéticamente, nos hizo homínidos –así lo mencionaba recientemente en estas páginas, Francisco Sierra- no es comprensible sin pensar cómo nos aplicamos a transformar la materia orgánica, con ayuda del fuego, para reproducirnos como especie”. Algo así como, a los fogones a través de Darwin.

Nota: Algunas partes clave de este artículo, entrecomilladas sin referenciar, están documentadas en la completa biografía que Gustavo Bueno Martínez y Pablo Huerga Melcón realizaron para el Diccionario Biográfico Español.

Publicado en el Nº 334 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2020

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