Mucha España y pocas nueces La derecha no critica la manifestación del 8M por la falta de virtud pública de las instituciones, sino como acto de criminalización del movimiento feminista, rabiosos de la libertad que persiguen las mujeres.

Patricia Castro 04/06/2020

Este no es un país para ser mujer y, todavía menos, para ser una mujer pobre y de clase trabajadora. Aquello que llaman convivencia nacional casi siempre está al borde del abismo. Tras los últimos acontecimientos, en los que el coronavirus y el Estado de Alarma acaparan todas las portadas de diarios, los partidos en la oposición parecen haber entrado en campaña electoral perpetua con la correspondiente desestabilización del raquítico gobierno de tintes progresistas. Las cosas pintan negras.

La derecha está haciendo grandes esfuerzos por controlar la agenda mediática y radicalizar la opinión pública a su favor. No les importa decir una cosa y la contraria: huérfanos de poder, lo único que les queda es acaparar la atención de los medios aún a costa de decir disparates. En este panorama pagan los de siempre, los más desfavorecidos, y ahí siempre estamos incluidas las mujeres y cualquier trabajador. El Partido Popular, jaleado y apoyado por VOX, ha llegado a cuestionar y votar en contra de medidas de apoyo para las mujeres maltratadas, demostrando así lo mucho que creen en la igualdad y la emancipación de las mujeres. Para ellos, todo lo que no sea su particular idea de economía, siempre es materia de desprecio, siempre puede esperar. Así nos va.

Aún hay más. El motivo más delirante que han urdido en contra del movimiento feminista, criminalizando a toda mujer que no esté contenta con el mundo tal cual es y quiera pelear por uno mejor y más justo, es que el 8M y las feministas fueron las responsables de la difusión del Covid-19. Aquí deberíamos señalar dos cuestiones: la primera, que aquel “tan lejano” 8 de marzo la vida seguía y se celebraban espectáculos, eventos deportivos masivos, la gente paseaba y había conciertos; la segunda es que podríamos no haberlo celebrado, dando la institución así una imagen de virtud pública. Podríamos haberlo hecho, pero no hubiera cambiado nada, porque el virus ya estaba en España y nos hubiéramos infectado todos igual, o al menos de la forma en la que ha ocurrido. He aquí la pieza clave: la derecha no critica la manifestación del 8M por la falta de virtud pública de las instituciones, sino como acto de criminalización del movimiento feminista, rabiosos de la libertad que persiguen las mujeres. Somos su enemigo declarado, ellos lo saben bien, por eso todo lo que tenga que ver con feminismo y movilización lo tildan de marxismo. Ellos lo usan de insulto, para nosotras es un halago.

Publicado en el Nº 334 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2020

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