Palme personificó a la avanzada socialdemocracia sueca y completó la construcción de un modelo de desarrollo con fuerte protección socialEl muerto que asesinó a Olof Palme Reagan tras el magnicidio declaró: "Al fin Suecia ha vuelto a lo que tenía que ser, un país pequeño que no tiene por qué andar metiéndose en los líos de los grandes".

Mariano Asenjo Pajares 10/06/2020

“No hay inocentes; sólo distintos grados de responsabilidad”
‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’
Stieg Larsson (2006).


Se cierra el caso del asesinato de Olof Palme. Treinta y cuatro años después (34) de que diera comienzo el serial más negro de la gran tradición literaria y fílmica sueca, parece que esta vez el anuncio es real y ha llegado el momento de descabellar la investigación con un punto y final. El ‘The End’ está a la altura del caso, por los años transcurridos y la espesura de la trama el inculpado no podía ser otro sino un muerto. Digno final.

El primer ministro sueco fue tiroteado la noche del 28 de febrero de 1986 cuando regresaba andando a casa junto a su esposa, Lisbet, tras ver una película en el Grand Cinema de la capital. Iba sin escolta por decisión propia y fue alcanzado en la espalda por un único disparo. Se le declaró muerto media hora después. El ahora acusado definitivamente del magnicidio, Stig Engström, más conocido como Skandiamanden, el "Hombre de Skandia", responde a las características de un lobo solitario que odiaba a Palme por considerarlo excesivamente izquierdista. Engström se suicidó en 2000. No hay cabos sueltos.

Ahora ya podemos archivar todas las hipótesis que apuntaban a poderosas fuerzas clandestinas de extrema derecha, quizá incluso infiltradas en la misma Policía o las Fuerzas Armadas. Asimismo, el empresariado sueco tenía a Palme entre ceja y ceja, y pasar por encima de sus políticas era el primer paso para su particular revolución. Se barajaron responsables tan diversos como el racista régimen del apartheid sudafricano, que tenía en Palme a uno de sus principales críticos, o al régimen de Pinochet. Brotaban nombres entre las sospechas, también el de la CIA, y el Mosad israelí. Quizá todos esos elementos fueron los constructores de una misma mano ejecutora.

¿Pero, quién fue Olof Palme? En resumen muy apretado cabría decir que era responsable del Partido Socialdemócrata de Suecia y primer ministro de su país, pero eso es solo la casilla de salida. Lo cierto es que al final se convirtió en uno de los políticos más controvertidos, coherentes y solidarios que dio el siglo XX. Solo un político extraordinario como Palme es capaz de trascender las fronteras de un país con 10 millones de habitantes y erigirse en una figura de referencia internacional. Así, un asesor de Reagan tras el magnicidio declaró: "Al fin Suecia ha vuelto a lo que tenía que ser, un país pequeño que no tiene por qué andar metiéndose en los líos de los grandes".

Olof Palme personificó a la avanzada socialdemocracia sueca y completó la construcción de un modelo de desarrollo con fuerte protección social. Fue un activo defensor de la causa del Tercer Mundo, proclamó el desarme y la neutralidad, y no fueron pocos los que vieron en él un peligro debido a su activismo en defensa de una Europa desnuclearizada, autónoma, pacífica y progresista. En los años setenta, denunció sin miedo la política belicista de Estados Unidos, fue un referente internacional contra la dictadura franquista, no se escondió tras ningún parapeto en su frontal lucha contra la política del apartheid en Sudáfrica, apoyó a la OLP y fue amigo de Fidel Castro y, siempre, batalló al lado de los hombres y mujeres que defendían los derechos del Sur frente a los abusos del Norte. Acogió a los exiliados chilenos, a los desterrados uruguayos, a los torturados argentinos...

La desaparición de este socialdemócrata, que creía en la transformación de la sociedad por la vía democrática y que nunca renunció a la responsabilidad internacional de la izquierda, ha resultado ser una pérdida irreemplazable. ¿Qué condiciones habría puesto Olof Palme a los banqueros antes de socorrerlos viendo las consecuencias de sus propios fiascos? ¡Lástima no poder comprobarlo! Cuando vemos estupefactos cómo los estados se desmoronan ante un capitalismo especulador e insaciable, valoramos la trayectoria de socialdemócratas como Olof Palme y desearíamos contar con muchos de ellos para afrontar los retos que tenemos por delante. Sí sabemos, y escrito está, que en la propuesta de programa común para los partidos socialdemócratas europeos –que Olof Palme expuso en su intercambio epistolar con Willy Brandt y Bruno Kreisky, allá por 1974– se recogía el derecho "de todos los estados a disponer de sus propias riquezas naturales. También apoyamos la creación de un sistema de comercio internacional más justo...".

El 15 de marzo de 1986, Ingvar Carlsson, sucesor y gran amigo del primer ministro asesinado, pronunció un discurso en la Comuna de Estocolmo. Fue una pieza cargada de sentimentalidad y un elogio político muy ajustado al perfil del personaje. Carlsson recordó, y ello puede resumir la tarea de toda una vida: "Olof Palme hizo del mundo nuestra área de responsabilidad".

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