La decepción de las puertas giratoriasNo lo hagas, Montilla, compañero

Manuel Zaguirre. Ex Secretario General de la USO y afiliado al PSC 11/06/2020

A la inmensa mayoría de la gente de a pie, normalmente laboriosa y buena, nos molesta mucho eso que llaman las puertas giratorias, un mecanismo por el cual alguien que ha ocupado puestos y responsabilidades políticas e institucionales en la vida pública ficha por una gran empresa privada para un cargo difuso pero, eso sí, muy bien retribuido. La gente buena de a pie, que en general imbécil no es, sabe que ese fichaje no se debe precisamente al bonito color de ojos del fichado o la fichada sino a los contactos e influencias que acumuló a lo largo de su actividad pública y que ahora pondrá al servicio de la empresa y del lucro privado.

Por esas puertas giratorias han pasado gentes de todo pelaje político e ideológico. Son puertas muy abiertas y transversales. La gente sencilla de a pie da por descontado que para los de derechas va de suyo, es decir, que su moral incluye estas prácticas. Pero cuando se trata de un político de izquierdas, de los nuestros, el enfado es mayor, mucho mayor, pues siempre creímos, y creemos, que el gran hecho diferencial de la izquierda es de naturaleza ética, de primacía del bien común y los intereses generales sobre el privado e individual.

Por eso me he decidido a escribir estas líneas, porque he leído que el compañero José Montilla renuncia a su pensión pública vitalicia de más de 90.000 euros anuales para percibir un sueldo -entiendo que notablemente mayor- en Enagás, una empresa privada transnacional.

Reconstrucción en lo público

No conozco a Montilla, apenas crucé con él algunos comentarios en actos internos o electorales del PSC, el partido del que él y yo tenemos carnet. Por eso, y algunas otras cosas, me atrevo a hacerle llegar lo que sigue:

No lo hagas, compañero Montilla:
1) Porque, creo yo, no lo necesitas. Tu pensión pública es muy digna e imagino que tus hijos están ya encarrilados y no dependen de ti.

2) Porque tú no eres un ciudadano cualquiera. Eres un gran referente testimonial y democrático con una trayectoria espectacular. Alcalde de Cornellá de Llobregat y emblema del municipalismo socialista en todo el cinturón rojo de Barcelona, el gran fundamento del poder social y electoral del PSC desde sus orígenes. Líder de un PSC en su pleno apogeo, diputado del Parlamente de Catalunya, Muy Honorable Presidente de la Generalitat de Catalunya (aquella sí que era de todos), ministro en un gobierno de España con un gran presidente, Zapatero, diputado y senador de España, presidente de la Fundación Campalans. No es una trayectoria cualquiera. Fuiste, y eres, un faro moral y militante para miles de socialistas y centenares de miles de ciudadanos progresistas. A esa trayectoria de vida fabulosa, ¿merece la pena ponerle la guinda rotatoria en el ocaso de la misma? No sé.

3) Porque es probable que no poca gente sienta decepción, incluyendo, tal vez, a algunos con los que compartes carnet. No es mi caso. Soy socialista desde poco más que adolescente y mi estructura moral e ideológica no se va a resentir fácilmente a estas alturas.
En fin, lo más probable es que estas líneas, como casi todo lo que escribo, ni lleguen ni hagan la menor mella en el destinatario. Pero no dejaré nunca de decir lo que siento ni de sentir lo que digo. Como decía Marx, ese es el mejor camino para pasar de la nada a la más absoluta miseria. En el orden material, matizo.

Por cierto, se me ocurre que ahora que se habla tanto, y tan necesariamente, de reconstrucción, podríamos reconstruir un poderoso sector público de la economía y la empresa en campos vitales para la sociedad: financiero, energético, medioambiental, investigación, salud, educación, atención a dependientes y ancianos, economía social y solidaria, cooperación internacional… De esta manera los políticos, si son competentes, podrían pasar de las instituciones públicas al sector público productivo y de servicios. Esas puertas giratorias las vería más lógicas. Ahí lo dejo.

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