Ya superó el pico de la pandemiaCuba en cuarentena (1) Según Roberto Morales, ministro cubano de Salud Pública, el contingente Henry Reeve ha brindado asistencia médica a más de 3,5 millones de personas y ha salvado más de 80.000 vidas.

Luis Adrián Betancourt. Periodista. Escritor cubano de novela negra y policiaca (*) 11/06/2020

Escribo en casa, distanciado y confinado, cumpliendo con las disposiciones de Salud Pública en respuesta a la amenaza de una enfermedad infame que ha colocado a todos los seres humanos en la categoría de sobrevivientes. Para nosotros no es nueva la necesidad de sobrevivir. Antes de examinar lo que nos han traído las plagas, tengamos en cuenta una que resultó especialmente letal y no tuvo que ver con los virus: la ola de violencia desatada por nuestro poderoso vecino del norte que nos costó la pérdida de 3.478 vidas humanas y la incapacidad de otras 2.099 personas.

Ahora, el enemigo microscópico y letal nos ha obligado a refugiarnos en casa, esconder nuestros rostros tras mascarillas y posponer los encuentros, abrazos, paseos y besos para un mañana sin fecha.

La brutal amenaza nos sorprendió a todos. Yo había empezado mal el 2020. Un día después de haberse reportado en Cuba los primeros casos del virus, el 12 de marzo, fui llevado de urgencia al salón de operaciones a causa de una hernia atascada. El cirujano Yosmel me había dicho que, por mi edad (82) y otros antecedentes, la intervención quirúrgica tendría sus riesgos. Participarían también otros miembros del prestigioso equipo, como la cirujana Yeleny y la anestesióloga Isis. Todo pasó en menos de un pestañear y, cuando volví a mi habitación, estuve largo rato repasando la tremenda experiencia que había vivido como paciente en el hospital Salvador Allende, el contraste notorio entre las carencias materiales y el derroche de excelencia profesional y humana con que procedían los médicos, las enfermeras y todo el personal en servicio.

A partir de entonces todo fue diferente. Afuera, la ciudad se desdibujaba y silenciaba. La Habana, que había celebrado su 500 aniversario con multitudes y fuegos artificiales, era una ciudad casi desierta, como todas las poblaciones cubanas desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí. Las palomas emigraron de las plazas cuando faltaron los mendrugos. Lo cotidiano cambió de manera radical. Fue como si una guerra mundial tocara a la puerta. Así comenzó nuestra confrontación con el coronavirus que todavía no tiene fecha de vencimiento.

Los cubanos estamos acostumbrados a enfrentar situaciones sanitarias complejas, la lista de plagas es larga y algunas sospechosas de haber sido diseñadas en laboratorios. Así pasamos por episodios como el de la fiebre porcina, el dengue, la influenza, la chikungunya, el zika, el caracol africano y ahora este coronavirus que nos tiene en jaque.

Bloqueado el turismo

En Cuba, la confrontación del coronavirus está muy sistematizada. Una estrategia unificada parece ser la carta de triunfo. Con disciplina y motivación extremas, los expertos en diversas disciplinas científicas se han unido en equipos para desarrollar sus proyectos.

Un grupo temporal de trabajo del gobierno a cargo del Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y el Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, opera mediante videoconferencias en el Palacio de la Revolución, donde revisan la situación epidemiológica nacional, especialmente la de La Habana, la provincia que acumula más contagiados y se ha convertido en el epicentro de la pandemia.

Todos seguimos el curso de las últimas noticias, que suelen estar a cargo de la conferencia de prensa que cada día ofrece el doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública y vocero oficial de ese organismo.

Al cierre del lunes 8 de junio, el doctor Durán reportó cinco casos que hacían un acumulado de 2.205. Había 83 fallecidos, fue el décimo día consecutivo sin muertes.

Cuba alcanzó el 24 de abril el pico de la epidemia y comenzaron a disminuir los casos detectados y activos en el país, de manera que los expertos consideraron que estábamos iniciando la fase de endemia, un período de convivencia con la enfermedad.

Los organismos comenzaron a calcular hasta qué punto podrían desmontar las restricciones del confinamiento. Se iniciaron las labores de mantenimiento en los aeropuertos, que habían cesado sus operaciones en abril.

De hecho la actividad del país no fue totalmente desactivada durante el enfrentamiento al virus. La industria ha mantenido el aseguramiento logístico en la Salud Pública, en el suministro de cloro, se han producido más de dos millones de mascarillas, unas 60.000 batas, gorros y piyamas, y 416.000 protectores faciales con destino al personal médico. El Ministerio de la Construcción mantuvo activo el 81% de su fuerza laboral y continuó su programa de viviendas.

Los turistas están en veda, un importante sostén de la economía se ha desplomado, los hoteles se convirtieron en instalaciones sanitarias, los cruceros ya no conforman el paisaje portuario, pero el Hotel Comodoro, de la compañía Cubanacán, ubicado en el este habanero, hospeda desde hace dos meses a unos 150 turistas de más de 25 nacionalidades, muchos de los cuales han decidido esperar en nuestro paìs el paso del COVID-19.

La Escuela Latinoamericana de Medicina

Se presumía que para el 30 de mayo el país estaría en la fase de endemia, aunque La Habana se mantendría reportando activos hasta el 10 de julio. Poco a poco se abrirían los servicios y actividades, garantizando el distanciamiento físico entre las personas y otras medidas de control. Se pronosticaba un primer rebrote para noviembre y habría que prepararse para ese momento, y también para cuando se produjera el retorno de los vuelos y los turistas.

Los números iban bien pero entonces los errores y las indisciplinas cambiaron la situación. En la tienda La Época, los laboratorios AICA y otros lugares, se produjeron contagios importantes que hicieron pensar dos veces lo de los planes de reducción de las medidas de aislamiento.

Durán García llamó la atención de lo que representan las indisciplinas sociales.

“Cada vez que hay un descuido, miren lo que sucede”, nos dijo.

Valoró que habrá medidas que deben mantenerse en el tiempo, a partir de los beneficios que ha reportado su aplicación, como es el caso del trabajo a distancia, que ahora practican 627.855 empleados.

Sobre el diseño de la etapa de recuperación, Díaz-Canel mencionó tres objetivos fundamentales: cómo se regresa a la nueva normalidad, cómo evitamos un rebrote o lo enfrentamos en caso de suceder y cómo reducimos los riesgos y vulnerabilidades que provoca el coronavirus.

La medicina cubana está pasando por una prueba de fuego. Una más. La primera tal vez fue cuando la Revolución Cubana socializó la medicina y muchos médicos emigraron. El 50 por ciento de los seis mil médicos registrados en el sistema de salud cubano abandonaron el país provocando una crisis que debió ser asumida por unos pocos leales a su juramento profesional y la ayuda solidaria. Sin embargo, ya en 1960 Cuba pudo enviar la primera brigada de médicos a Chile. La presencia de médicos cubanos en países castigados por tormentas, terremotos y otras desventuras de la naturaleza se convirtió en tradición.

A finales de 1998 los huracanes Georges y Mitch devastaron a varios países de Centroamérica y el Caribe y cobraron más de 11.000 vidas. En 1999 la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina) vino a aliviar la situación. El centro fue inaugurado con el fin de apoyar la formación de médicos en América Latina, África y otras regiones del mundo. Desde entonces decenas de miles de médicos procedentes de más de cien países se han formado en la ELAM.

En el discurso de inauguración de la ELAM, Fidel calificó a sus alumnos como médicos dispuestos a trabajar allí donde se les necesite, en los más remotos rincones del mundo a los que otros no están dispuestos a marchar.

El 19 de septiembre del 2005 fue constituido el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve.

Según dijo Roberto Morales Ojeda, ministro cubano de Salud Pública, en la décimo séptima Asamblea Mundial de la Salud, efectuada en Ginebra, el contingente Henry Reeve ha brindado asistencia médica a más de 3,5 millones de personas y ha salvado más de 80.000 vidas.

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(*) Luis Adrián Betancourt, es además de periodista, uno de los mejores y más leídos escritores cubanos de novela negra y policiaca. Autor de Aquí las arenas son más limpias, Huracán, Maceta y Cochero. También destaca como historiador con sus libros Fidel en la mira y Batista/Últimos días en el poder.

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