Residencias de mayores: un ejemplo de la crisis de cuidados El proceso de reconstrucción de país para que nadie quede atrás debe de contener un cambio radical del modelo de cuidados.

Yolanda Rodríguez. Responsable de Convergencia y Unidad Popular del CC del PCE. 15/06/2020

La crisis sanitaria y social que estamos padeciendo con la pandemia COVID-19 ha puesto de manifiesto la situación de muchos de los servicios sociales de nuestro país, y de manera perversa e indignante la situación que se vive en las residencias de mayores.

Años de privatizaciones y externalizaciones que han puesto en peligro la vida de quienes lo han dado todo y que merecen todo el respeto y un trato digno. Según datos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)3.844 de las 5.417 residencias de mayores están gestionadas por empresas privadas.

El neoliberalismo, la mercantilización de lo público, es un valor muy peligroso que ha llevado a las administraciones a renunciar a la rentabilidad social y atender la rentabilidad económica que sólo ha enriquecido a los fondos buitres y grandes empresas que encontraron en los servicios sociales un nicho de mercado.

La privatización de los servicios públicos, el mantra de que el “todo gratis” es insostenible, (una falacia, ya que los servicios públicos se afrontan vía impuestos) caló de una manera interesada durante años en las distintas administraciones autonómicas y locales, promoviendo que la iniciativa privada se apropiase de los servicios públicos universales. El resultado es que han dejado de ser públicos y eso han incidido de manera perversa en la pérdida de falta calidad, control y garantías de los servicios que atienden los derechos humanos más fundamentales.

La incorporación de las mujeres al trabajo se solucionó con la mercantilización la privatización y la precarización de los cuidados.


La muerte de nuestras y nuestros mayores en las residencias y las condiciones de vida de éstos y de las personas que allí trabajan han destapado la cruda realidad y cómo los mercados anteponen el beneficio empresarial a la vida. Con dinero y recursos públicos, han entrado a saco en la gestión de las residencias desde fondos buitres con capital extranjero a empresas antes dedicadas al ladrillo y, que han sustituido este por un nuevo nicho de mercado. SERALIA y CLECE, por ejemplo, están en manos de personas investigadas por trama de corrupción, como Ulibarri, e implicados en el caso Castor, como Florentino Pérez.

Crisis de cuidados

El movimiento feminista venia denunciando la crisis de cuidados que estaba viviendo nuestra sociedad. Todo aquello que las mujeres venían haciendo en sus casas de manera gratuita y que hoy está en una gran mayoría en manos de empresas privadas, trabajo que realizan las mujeres de manera muy precaria y sin derechos (más del 90% de las personas que trabajan en residencias y centros sociales son mujeres) era una de las manifestaciones más crueles del capitalismo y el patriarcado.

En la crisis de cuidados ha quedado de manifiesto, por un lado, la subordinación de las necesidades humanas a las necesidades de mercado y, por otro, y de manera palmaria, que el modelo tradicional usado para resolver los cuidados estaba basado en la opresión de las mujeres y que esta opresión, además de garantizar la continuidad de la sociedad patriarcal, era esencial para el capitalismo.

La incorporación de las mujeres al trabajo, que debería haber llevado a una reorganización del modelo de organización social de los cuidados, se solucionó con la mercantilización la privatización y la precarización. El modelo de cuidados por el que se ha optado hasta ahora está atravesado por el género y la clase. Son las mujeres de la clase trabajadora las que desarrollan y aplican estrategias de cuidados informales en el hogar y a la vez son mayoritariamente mujeres las que ocupan los puestos de trabajo en el sector de los cuidados, un sector precarizado con bajos salarios y condiciones de trabajo semi esclavistas.

El 30,62% de las personas atendidas por el Sistema para la autonomía y la Atención a la Dependencia (SAAD), han recibido la reducida compensación económica para cuidadora familiar; en su mayoría se acogen a ella porque no pueden asumir los costes de una residencia y el acceso a las públicas está dificultado por la larga lista de espera.

3.844 de las 5.417 residencias de mayores están gestionadas por empresas privadas. Detrás hay fondos buitres, constructoras…


Sin cambios estructurales, la ley de Dependencia de 2007, más que subvertir la desigualdad de género asociada al trabajo de cuidados, ha contribuido a lo contrario: reproducir una idea de la feminidad asociada a lo informal, lo emocional y lo domestico. El marcado carácter familista del Estado de Bienestar Español reproduce dinámicas previas basado en un modelo de cuidados donde la responsabilidad recae mayoritariamente sobre las mujeres.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que para que nuestro país alcance las metas “de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas” y cerrar el déficit que hay de cuidados habría que alcanzar una inversión publica y privada de cerca de 246 millones de euros, es decir aumentar las inversiones en un 109% con respecto al año 2015. Si se realiza esta inversión, en España se podrían crear más de un millón de trabajos en el sector de cuidados y atender con servicios la demanda de los cuidados.

Sistema Estatal de Cuidados

El proceso de reconstrucción de país para que nadie quede atrás debe de contener un cambio radical del modelo de cuidados; abrir un gran debate sobre los cuidados como bien común, que desarrolle la propuesta de Unidas Podemos sobre el Sistema Estatal de Cuidados.

Todos los pasos que se den deben hacerlo de la mano del feminismo y de otros agentes sociales que garanticen el necesario consenso social que supere la lógica actual de los cuidados. A las mujeres nos va la vida en ello, por eso no valen ya parches para paliar situaciones, ni medidas que vestidas de igualdad escondían la trampa de la conciliación. Sólo la corresponsabilidad individual, política y social permitirá un cambio de paradigma y políticas publicas transformadoras.

Esta pandemia ha demostrado lo injusto y perverso del modelo existente, pero ni el capitalismo ni el patriarcado se han disuelto ni evaporado, siguen reorganizándose y rearmándose, adaptando las formas de explotación y opresión. Poner la vida en el centro, reclamar el derecho a una vida digna de ser vivida permite aflorar las contradicciones del sistema. Crear conciencia sobre la defensa de lo común permitirá sumar y tejer alianzas que ayuden a avanzar hacia el objetivo de una sociedad nueva.

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