Viviendo para trabajarRebrote en Alemania

José Mateos Mariscal. Wuppertal (Alemania) 21/06/2020

El matadero de Tönnies, el más grande del país, muy cerca de donde vivo, que supone una quinta parte del suministro total, se vio obligado a paralizarse. Las autoridades de la región de Gütersloh, en Renania del Norte-Westfalia (oeste de Alemania), ordenaron el cierre de las escuelas y las guarderías después de que cientos de trabajadores del matadero dieran positivo por COVID-19. La empresa ha puesto en cuarentena a todos sus empleados, en total más de 7.000 personas.

La negligencia de bajar la guardia puede traer malas consecuencias. Nos relajamos. En mi entorno cotidiano, se olvidan de ponerse la mascarilla o de mantener la distancia de seguridad.

El brote en el matadero ha elevado el número de casos en la región muy por encima del umbral establecido por el gobierno para tomar medidas de emergencia: cincuenta nuevas infecciones en una semana por cada 100.000 habitantes. Las autoridades estudian si tomar medidas adicionales, como cerrar tiendas y restaurantes, para contener el rebrote. Según la portavoz del gobierno local, el cierre de los colegios hasta después de las vacaciones de verano, que empiezan a final de julio, debería ser suficiente para evitar más propagación.

Preparados para reaccionar

La canciller Angela Merkel insistió en que “tenemos que estar preparados para reaccionar porque podemos sufrir un evento infeccioso incontrolado en cualquier momento" y añadió que "no se puede dejar de repetir lo importante que es la distancia de seguridad”.

En Alemania todavia estamos atrasados en los equipos de protección individual (guantes y ropa desechable) que son responsabilidad de la empresa y en pocas ocasiones son suficientes.

En Alemania vivimos para trabajar. La desregulación del empleo se tradujo en millones de personas con minijobs, contratos parciales o trabajos temporales. Los salarios suben lentamente mientras las rentas del capital aumentan a mucho mayor ritmo.

Los trabajos peor pagados se han disparado con la crisis del coronavirus, alcanzando una cantidad récord respecto al resto de Europa. Las mujeres no sólo siguen sufriendo la brecha salarial y menos oportunidades laborales sino que además tienen peores pensiones.

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