El mejor y más eficaz sistema de sanidad de la IndiaKerala: el comunismo indio frente a la pandemia El Estado está gobernado por un frente democrático de izquierda, cuyo primer ministro, Pinarayi Vijayan, es también dirigente del Partido Comunista, la columna vertebral del gobierno.

Higinio Polo 23/06/2020

A finales de enero de 2020, Kerala fue el primer Estado de la India que lanzó la alarma por el coronavirus. La diligente y eficaz respuesta organizada por el gobierno, localizando los casos con rapidez, aislando a las personas afectadas, rastreando sus contactos, realizando de inmediato miles de pruebas, ha conseguido que hasta hoy sólo hayan muerto cuatro personas en todo el Estado, poblado por treinta y cinco millones de habitantes, y que más de la mitad de los infectados ya se hayan recuperado.

El gobierno planificó el combate a la Covid-19 de forma meticulosa: desde los primeros días de febrero controlaba las llegadas a los aeropuertos y los viajeros procedentes de países afectados debían pasar una cuarentena. Treinta mil médicos y sanitarios se dedicaron a ello, realizando pruebas constantes a la población, siguiendo los contactos de los afectados, supervisando con rigor la cuarentena que debían cumplir los enfermos, facilitando millones de comidas para los necesitados y para los niños en las escuelas, decretando ayudas urgentes, e incluso construyendo miles de refugios para los indios originarios de otras regiones del país que trabajan en Kerala y que no podían abandonar el Estado debido al confinamiento. A diferencia de Trivandrum, el gobierno de Modi no ha dispuesto ninguna ayuda para los trabajadores pobres que se han quedado sin empleo, lo que condena a una dramática emergencia a millones de personas que no tienen apenas nada.

El 9 de mayo, The Economist daba cuenta de que, a través de la web habilitada por el gobierno de Pinarayi Vijayan, más de trescientos mil trabajadores de Kerala que viven en países del Golfo Pérsico soportando duras condiciones laborales han solicitado volver a su lugar de origen tras haberse quedado sin ocupación y sin recursos. Aunque son muchos los problemas causados por la pandemia, y la decisión supondrá una enorme carga para el presupuesto de Kerala, el gobierno de Vijayan no duda en facilitar el retorno de esos trabajadores porque cree que tienen el deber de “apoyarlos en cualquier circunstancia”. Ya han llegado a Kochi y Kozhikode los dos primeros vuelos con casi cuatrocientos repatriados desde los Emiratos Árabes Unidos, y decenas de miles esperan su turno.

Muchos turistas debieron pasar la cuarentena en Kerala en refugios temporales. Además, el gobierno tomó medidas para aumentar los hogares con acceso a Internet y adelantó el pago de dos meses de pensiones. Aseguró también la atención a más de cien mil personas en cuarentena, prestando atención médica, suministrando alimentos y, a veces, reforzando los vínculos y el estado anímico de las personas aisladas enviando a voluntarios para que pudiesen hablar con ellos. Las medidas se tomaron quince días antes de que reaccionara el gabinete de Narendra Modi. El gobierno de Delhi suspendió la circulación de trenes, el principal medio de transporte de la India, el 22 de marzo, y dos días después Modi decretó el confinamiento para los mil trescientos millones de habitantes de la India. Tras esa decisión, miles de trabajadores se agolparon en estaciones de tren para volver a sus lugares de origen y Modi no dudó en enviar a la policía para dispersarlos a golpes, como ocurrió en Bombay. Miles se vieron obligados entonces a caminar centenares de kilómetros por las carreteras indias para regresar a sus regiones. Aviones, trenes y autobuses dejaron de funcionar, forzando su determinación: si no trabajan no pueden sobrevivir. Decenas de millones de obreros precarios del interior del país trabajan en la construcción, hostelería, transportes, casi siempre en las grandes ciudades, muchas veces por salarios inferiores a los cien dólares mensuales. Ríos humanos se vertieron por las carreteras. Muchos otros confiaron en contrabandistas y transportistas ilegales, viajando hacinados en camiones, en un éxodo que recordaba el desastre de la partición de la India y Pakistán en 1947. Porque la India no es China y sus menores recursos y desarrollo, junto a la pandemia, han puesto en peligro a millones de personas. Esa dramática emergencia no es sólo un riesgo en la India: la OIT denunció a principios de mayo que 1.600 millones de trabajadores precarios se enfrentan al dilema de “morir de hambre o morir por el virus”, porque con el confinamiento esos obreros no pueden subsistir sin trabajo y sin salario en muchos países donde no existe protección contra el desempleo.

Vietnam y Kerala

En la India, casta y religión siguen marcando la vida de la población. Incluso para acceder a servicios públicos como hospitales o transportes, los indios rellenan formularios donde revelan su casta y su religión. En origen, fue para favorecer a las castas inferiores pero también ha servido para marginar a grupos minoritarios. Por eso, en Kerala muchos ciudadanos no declaran esos datos. El Estado está gobernado por un frente democrático de izquierda, cuyo primer ministro, Pinarayi Vijayan, es también dirigente del Partido Comunista, la columna vertebral del gobierno. En las últimas elecciones, el frente consiguió 91 escaños del total de 140 de la Asamblea Legislativa de Kerala, 77 son comunistas y el resto de otros aliados de izquierda.

En las últimas décadas los distintos gobiernos comunistas de Kerala han mantenido una firme política de inversiones en educación pública y en una sanidad universal, con ambulatorios de atención primaria y médicos especialistas. No es casual que todos los niños estén escolarizados y que su sistema de salud sea el mejor y más eficaz de la India, con un mayor número de centros médicos que en otras regiones. Kerala también fue el primer Estado que consiguió terminar con la defecación al aire libre, tiene la esperanza de vida más alta de la India y, a diferencia del resto del país, ha conseguido la alfabetización de toda la población. También han disminuido los abortos selectivos y los infanticidios femeninos y el gobierno creó una sección especial de policía femenina para proteger mejor a niños y mujeres en lugares públicos, que en la mayoría de regiones padecen frecuentes violaciones. No hay niños mendigos en las calles y las niñas han conseguido la escolarización, mientras en otros Estados proliferan las niñas analfabetas que no pueden acudir a la escuela. Los programas gubernamentales se debaten: el cuarenta por ciento del presupuesto se destina a planes decididos por las comunidades locales y las asambleas populares determinan las leyes que después serán aprobadas en el Estado.

La actuación de Kerala ha merecido el elogio de la Organización Mundial de la Salud y ha sido la más eficaz en toda la India, convirtiéndose en el modelo a seguir en el país, hasta el punto de que en otros Estados han hecho caso omiso del plan del gobierno central. El 7 de mayo, mientras en el resto de la India seguía extendiéndose la pandemia (con más de cincuenta y seis mil personas contagiadas y 1.900 muertos), el departamento de Salud de Kerala informó que en el Estado sumaban ya cinco días sin nuevos casos de Covid-19. Al día siguiente, The Times of India daba cuenta de que en Kerala sólo había 25 casos en tratamiento. De hecho, Vietnam y Kerala han conseguido la mejor respuesta en Asia a la Covid-19. La pandemia no está aún vencida, y hay problemas para asegurar que se mantiene la distancia entre personas en lugares públicos y en mercados, pero Kerala afronta el futuro sin abandonar a nadie.

Publicado en el Nº 334 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2020

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