La Retranca

La reacción monárquica (I) Las élites que pactaron el modelo reformista de Transición ven amenazado su estatus, considerando que hemos roto el “consenso” que había dejado intactos sus privilegios.

Dolores de Redondo 27/06/2020

Ya está aquí la reacción, en el sentido más político y etimológico del término. Y la reacción, siguiendo la tradición histórica en nuestro país, es de profunda raíz monárquica. Está saliendo a la luz esa nobleza española que conjuga neoliberalismo, conservadurismo, fundamentalismo católico y pasión castrense (no necesariamente por ese orden) y, además, lo hace participando abiertamente en la política partidista y protestando en la calle. Mayo ha sido un mes con muchas noticias relacionadas, de una u otra manera, con la aristocracia hispánica, que ha sacado a la calle a sus adláteres y ha ofrecido imágenes grotescas y esperpénticas. El humor en las redes sobre el tema está bien, pero es necesario profundizar en lo que está pasando, superando lo coyuntural y anecdótico. Porque la aristocracia, tan plagada de apellidos como de sinvergüencería, siempre ha dado motivos para el humor, pero no ha dudado en usar los paredones para defender sus privilegios.

El 1 de mayo (paradójicamente) trascendía que el rey emérito, Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, se llevó en 2010 a Ginebra un maletín con 1,9 millones de euros contantes y sonantes; cantidad que entregó a su gestor suizo. El dinero se lo había entregado el sultán de Bahréin, y lo había trasladado en uno de esos aviones privados que le pagaba su primo y presunto testaferro, Álvaro Jaime de Orleans-Borbón y Parodi Delfino, empresario cuyos negocios inmobiliarios en Cádiz también aparecen en los llamados Papeles de Panamá.

El 23 de mayo, caravanas de coches engalanadas con banderas monárquicas tomaron las principales localidades, como culminación de las caceroladas contra el gobierno iniciadas en el “selecto” y madrileño barrio de Salamanca. Uno de los promotores del partido de la derecha más extrema y portavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros y de Simón, es hijo del marqués de Valtierra y empresario. Víctor Guido González Coello de Portugal, su vicepresidente, posee apellidos nobiliarios y tradición militar; además, es socio empresarial de Luis Alfonso Gonzalo Víctor Manuel Marco de Borbón y Martínez-Bordiú, bisnieto del dictador Francisco Franco y presidente de honor de la Fundación que recibe su nombre, quien hace poco afirmó: “Cuando se ataca a Franco se ataca a los míos, a la monarquía que instauró y a la Iglesia que protegió”.

Dos días después, Álvaro de Marichalar y Sáenz de Tejada, el cuñado de la infanta, mitineó en Miami afirmando que los españoles “estamos siendo utilizados por una banda criminal organizada” (no, no se refería a la casa real) y que «durante treinta años hemos estado dominados por unos medios de comunicación mafiosos al servicio del comunismo y del socialismo criminal”. Los asistentes, ataviados con la bandera monárquica, terminaron rezando un padrenuestro y gritando ¡Viva España! y ¡Viva el Rey!

Al día siguiente, la portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, hija del marqués de Casa Fuerte, con amplia tradición empresarial, llamó terrorista al padre del vicepresidente del Gobierno, entre otras falacias escatológicas.

Se trata de la derechona que una y otra vez torpedea la posibilidad de investigar en el Congreso los negocios ilegales de la familia real. La misma que encabezó su acuerdo de gobierno en Andalucía afirmando que ambos partidos “contribuirán decididamente a guardar y proteger el orden constitucional y la Unidad de España, manteniendo siempre la máxima lealtad hacia la Corona y la Carta Magna”. Podrían haber encabezado un acuerdo autonómico con otro texto, pero escogieron este.

Son las élites que pactaron el modelo reformista de Transición y que ahora ven amenazado su estatus, considerando que hemos roto el “consenso” que había dejado intactos sus privilegios. Grandes privilegios, por otra parte, en un país donde se da la paradoja de que la nobleza se ha camuflado con la burguesía y detenta buena parte de los medios de producción. Las cuentas del rey en Suiza, alguna de ellas “nodriza” compartida con la Gürtel, Jordi Pujol o los llamados Albertos, entre otros, a través del gestor Arturo Fasana, son las cuentas de la Transición y de la corrupción sobre la que se erigió en los años setenta el edificio de esta democracia formal. (Continuará).

Publicado en el Nº 335 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2020

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