Sus personajes se definen por sus conflictosRubem Fonseca: el gran arte Fonseca escribía sobre la gente claro, como dicen todos los escritores del mundo. Sus personajes son rufianes, gánsteres, asesinos, ricos, pobres, miserables, putas...

Juan Madrid 30/06/2020

Un periodista cultural de su tierra le preguntó una vez a Rubem Fonseca si se consideraba un escritor brasileño como cualquier otro. Fonseca declaró que no tenía nada que ver con el resto de los escritores de la literatura brasileña, “excepto que escribimos en el mismo idioma”, dijo.

Es verdad. Fonseca escribía sobre la gente claro, como dicen todos los escritores del mundo. Sus personajes son rufianes, gánsteres, asesinos, ricos, pobres, miserables, putas... Sus textos tratan sobre la lucha entre el hambre y la miseria de la mayoría, por un lado, y por el otro, el miedo de los ricos y poderosos. Esa gente aparentemente feliz que mira y a veces sufre a los pobres y miserables y tienen miedo.

El caso es que Fonseca nunca tuvo nada que ver con sus contemporáneos. En primer lugar utilizó las urdimbres de la llamada novela negra, en boga entonces, pero mal vista -aún sigue siendo mal vista-, para construir sus historias. Siempre fue ferviente de Dashiell Hammett.

El viejo Máximo Gorki aconsejó al jovenzuelo Isaac Babel, autor de la genial Caballería Roja en 1924, y que Fonseca admiraba: “Ve a los mercados, a los talleres, a las fábricas, los salones, los burdeles, los billares llenos de humo, las cárceles y aprende cómo sufren, gozan y sueñan los hombres y las mujeres. Luego ponte a escribir”. Parece que Fonseca lo aprendió muy bien.

Sus personajes se definen por sus conflictos. Quieren algo, temen algo o a alguien, buscan, tienen miedo, vergaza o aman. Su máxima era que si algo parece literario o bonito debe ser escrito otra vez. Para Fonseca, el oficio de escribir se fastidiaba con el deseo de parecer culto, y hasta simpático y dicharachero. El infierno de los escritores estaba plagado de esa necesidad de parecer brillante y edulcorado que “ los convertían en seres insoportables”. Su amistad con escritores como García Márquez y Thomas Pynchon, por ejemplo, era notable.

Nació en Juiz de Fora, Minas Gerais, en 1925 y se doctoró en Derecho en 1948. Especialista en derecho penal, aprovechó una ley que permitía a los doctores en derecho acceder a ser comisarios de policía. Lo fue en Rio de Janeiro hasta 1954. Eso le dio un enorme bagaje de todo tipo. Sus novelas terminaron ganando.

UNA GUERRA DE CLASES ABSOLUTA

Sabe de sobra que en Brasil una minoría tiene la riqueza y el poder y el monopolio de la fuerza. Y los ricos también son elegantes, educados, bien vestidos, tienen dientes, zapatos, van al dentista… Su increíble cuento Feliz año nuevo (1975) pone de manifiesto que la riqueza en manos de muy pocos genera una guerra de clases absoluta. Un grupo de marginados asalta el 31 de diciembre una casa de ricos en fiesta. La venganza es homérica. Matan, roban y terminan defecando en las colchas. Fue prohibido mucho tiempo.

En otro libro de cuentos, El Cobrador (1979), un marginado decide asesinar a los que ve, aduciendo que “se lo deben.” Le deben “cocina, mujer, zapatos, dientes…” Los ricos y los pobres pululan en sus cuentos y novelas como elementos inseparables de su mundo poblado por enanos, putas, bailarinas, abogaduchos, miserables. Los miserables hambrientos con las barrigas hinchadas son la otra cara de la moneda.

Los sicarios a sueldo que asesinan a los pequeños delincuentes, como en la novela El Gran Arte (1983), su obra culmen, reflejan la ciudad capitalista. La gran urbe ajena al sufrimiento. La pobre gente, pedigüeños, matones, niños de la calle… Ellos son los personajes de las novelas y cuentos de Fonseca.

En 1963, a los 38 años, publica su primer libro. Son cuentos, Los Prisioneros, que tiene un éxito clamoroso y se dedica desde entonces a escribir. Empieza con más libros de cuentos, El Collar de Perro (1965), Lucia McCartney (1967), hasta que en 1975 pública Feliz Año Nuevo que fue prohibida por injurias.

Sus textos están dispuestos a parodiar los discursos que tratan de explicar los fenómenos humanos como parodias de los discursos oficiales más o menos progresistas. Fonseca propone una revaloración de lo individual y un ataque a las instituciones que supuestamente pretende convertir al ser humano en una pieza amorfa. En este sentido, no anuncia en ninguno de sus textos una salvación de grupo, clase, especie o humanidad.

Los comunistas no existen en sus novelas o cuentos. No hay salvación. Ni por ese lado, ni por otro. Nunca hay salvación en sus novelas ni en sus cuentos. En su obra no hay el mínimo rayo de luz. Su obra es una reivindicación de la soledad. Los personajes de Fonseca reivindican una lucha personal, por ser ellos, no una lucha social. Sus libros están llenos de ese axioma. En la obra Novela negra (1992) el protagonista dice: “El objetivo honrado de un escritor es henchir los corazones de miedo, es decir lo que no debe ser dicho, es decir lo que nadie quiere decir, es decir lo que nadie quiere oír. Esta es la verdadera poesía.”

Sus héroes se caracterizan por tener una visión crítica de la vida social. Suelen ser solitarios que optan por la marginalidad. Frente al matrimonio suelen elegir el erotismo exagerado y el enfrentamiento del orden. Su actitud es violentadora del orden… personal, pero nunca social.

Gustavo Flavio, personaje trasunto de Gustavo Flaubert en Bufo & Spallanzani: “El escritor debe ser esencialmente un subversivo, y su lenguaje ser ni el lenguaje mistificatorio del político (y del educador) ni el represivo del gobernante. Nuestro lenguaje debe ser el del no-conformismo, el de no-falsedad, el de la no-opresión. No queremos poner orden en el caos, como suponen algunos teóricos, ni siquiera hacer el caos comprensible.”

Publicado en el Nº 334 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2020

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