Crisis y pandemia. De la confrontación a la reconstrucciónConstruir un polo capaz de bascular la reconstrucción hacia los intereses de la mayoría trabajadora Para esa disputa de fondo que la reconstrucción supone, las derechas entienden necesario neutralizar la presencia de UP en el gobierno y cortocircuitar apoyos que éste ha recogido.

Carlos Gutiérrez. Miembro de la Dirección Colegiada de IU Madrid y de la Comisión Ejecutiva del PCM 03/07/2020

Durante estos meses de crisis sanitaria, el debate público se ha colmado con la embestida de las derechas contra el gobierno de coalición y la defensa cerrada de éste. Aplausos y cacerolas. Símbolos del choque que, desde medios e instituciones, han protagonizado partidos y dirigentes con el fondo tóxico de unas redes convertidas en el espacio favorito del guerracivilismo mental con el que se han autosecuestrado sectores tan minoritarios como ruidosos.

Ese hilo de confrontación abierta, que se retroalimentaba con la crispación social que favorecía, parece atenuado en las últimas semanas. Como si el final de las medidas limitadoras del movimiento de la ciudadanía hubiese traído también cierto abandono de trincheras, trabajosamente ahondadas durante la pandemia.

Han bastado algunas votaciones y la coincidencia en la candidatura europea de la ministra Calviño para que se anunciase amortizada una fase cuyo recuerdo se asocia a broncos debates en los plenos de las cámaras.

El bloque de Colón ha sufrido la deserción de Arrimadas y, por oportunidad o necesidad, Casado rebaja sino el fondo si el volumen de su impugnación del gobierno, acompañando esa modulación con gestos que buscan realzar una imagen más centrada, menos tensa. Otro es el caso de Vox pero se trata de una fuerza exógena al consenso europeo y necesitada de la polarización milenarista para mantenerse en el tablero.

Resulta necesario orientarse en este carrusel político-mediático y entender las razones del aparente deshielo para superar el relato de la política como crónica parlamentaria instantánea, sin antecedentes ni consecuencia. Aquí va un intento.

Expansión del gasto

Primera consideración: Al margen del debate polarizado, durante estos meses han seguido alcanzándose acuerdos fundamentales entre la patronal y los sindicatos. Acuerdos que, todos ellos, han sido refrendados por la representación política sin apenas polémica. Sería como si, de alguna manera, la disputa y la crispación se hubiesen “limitado” a cuestiones importantes pero ajenas a las medidas sustanciales adoptadas para enfrentar el deterioro socio-económico motivado por el Covid19. Disputa y polarización que tampoco han alcanzado a decisiones económicas de calado, impulsadas desde el gobierno.

Así recordamos lo aprobado, cuasi unánimemente, respecto a autónomos, ERTEs o ayudas a empresas y sectores de la economía. En todos sus tramos y en cada ocasión, ninguna de estas decisiones ha dado lugar a polémica, más allá de la obligada verborrea de la oposición señalando la falta de una mayor generosidad por parte del gobierno en las cifras presupuestadas. Eso y, por supuesto, arrogarse la paternidad de la medida.

Al margen de la labor desempeñada desde algunos ministerios, favorecedora de esa dinámica, especialmente el departamento que encabeza Yolanda Díaz (cuota UP en el gobierno de coalición, concretamente de IU), la razón última de ese consenso en medio de la refriega política responde a que se trata de medidas en la línea y orientación -más limitadas cuantitativamente por el peso de la deuda- de las adoptadas en el resto de los países europeos afectados intensamente por las consecuencias del combate contra la pandemia.

Desde Alemania y Francia o Italia, se repiten las políticas destinadas a evitar que sus economías y mercados laborales permanezcan en el coma inducido para amortiguar la epidemia. Como desde el gobierno de coalición se ha indicado, esta vez la respuesta europea a la crisis no responde a la lógica de austeridad, al contrario, se invita a la expansión del gasto sin priorizar su repercusión en términos de deuda. Y ello con el pleno acuerdo de los organismos internacionales que custodian el orden neoliberal, como el FMI, el BC o la OCDE.

España ha comprometido en este esfuerzo más del 10% del PIB, fundamentalmente en préstamos y garantías, frente a casi un 35% en los casos italiano o alemán, con una proporción de gasto real, no garantías ni prestamos, muy superior en el caso germano. Sus finanzas así se lo permiten.

Parece lógico entender que esa realidad europea y global “superior” hacía muy difícil al PP o Cs oponerse a decisiones avaladas internacionalmente y aplicadas en buena parte de la Unión Europea, lo que ha “limitado” su labor desestabilizadora del gobierno, a la -dura- confrontación sobre elementos restrictivos de derechos derivados del estado de alarma (dictadura constitucional, según Casado y Cayetana) y a guerras culturales asociadas (8M, banderas, luto oficial, apoyo nacionalista, uso de FFAA y GC).

La derecha no habría defendido a la clase trabajadora

Antes de continuar el hilo a la búsqueda de motivos para el reflujo de la crispación, una advertencia sobre el argumento anterior. ¿Se puede entonces concluir que, dado el marco europeo y global, tan diferente a la crisis anterior, un gobierno de las derechas habría prácticamente aplicado las mismas medidas -en el campo socioeconómico- que las desarrolladas por la coalición PSOE/UP? En absoluto. El margen de actuación, dentro de esas líneas generales que recogen el consenso general y que, en esta ocasión, parecen facilitar el esfuerzo en defensa del bienestar y del empleo, es lo suficientemente amplio como para diferenciar una gestión progresista de la que realizarían las derechas.

Ni la extensión de los ERTEs a sectores de trabajadores sin derecho a prestación por desempleo, ni las medidas sobre vivienda o, clarísimamente, la prohibición de facto de los despidos por causa objetiva, ni el IMV, entre otras medidas, habrían formado parte del paquete de medidas adoptadas por un gobierno más atento al resultado en términos de deuda y déficit y a la liquidez empresarial que a la defensa de la población trabajadora y la promoción de la igualdad. No es solo cuestión de la cifra empeñada, también de los criterios de su utilización. .


Seguimos. En este panorama que parece iniciarse, de cierta desinflamación de la retórica política y con el foco trasladado a la próximas decisiones europeas sobre el fondo de recuperación y sus condicionantes, ha clausurado sus trabajos la Comisión de Reconstrucción que ha estado funcionando en el Congreso y de la que solamente Vox, cumpliendo su papel antisistema, se ha autoexcluido.

Y es ahí, en la fase de reconstrucción que se abre formalmente con la aprobación de las conclusiones de esa comisión y, sobre todo, con la reanudación de la agenda legislativa y la elaboración de los presupuestos para 2021, donde situamos el elemento alrededor del cual, durante el próximo periodo, se organizan y estructuran intereses políticos y de clase. En la reconstrucción, entendida como oportunidad para rediseñar aspectos centrales de la realidad social y económica, y donde la izquierda debe desplegar un proyecto posible y ambicioso, más allá de la panoplia de medidas paliativas del momento.

Y es, también ahí, en ese debate sobre las medidas a adoptar con el “máximo acuerdo parlamentario posible”, según afirmación del presidente del gobierno, donde podemos encontrar la necesidad del actual giro de guion. Y su utilidad para las derechas.


Neutralizar la presencia de UP en el gobierno

Lo primero, evitemos la confusión a que induce el uso común de términos con objetivos muy diferentes. Todos hablan de reindustrialización (objetivo 20% marcado por Europa) pero apenas de la propiedad del resultado industrializador. Todos aceptan reforzar los servicios sanitarios y de cuidados pero no tanto garantizar su carácter público y blindaje presupuestario. Todos entienden el papel de la enseñanza en el futuro del país y sus generaciones pero no todos comparten que deba ser pública, poniendo fin al trasvase de medios a la privada concertada. Ni que mencionar las diferencias sobre la necesidad o no de una reforma fiscal. Y así sobre cada uno de los aspectos que delimitan el perímetro de la reconstrucción, brindando la ocasión histórica para repensar temas estructurales: las bases materiales de ese Nuevo País que venimos reclamando.

Así lo han entendido perfectamente los empresarios en las conclusiones de la cumbre organizada hace escasos días por CEOE y que protagonizaron los principales patrones y empresas del IBEX. No se limitó a un ejercicio de relaciones públicas, que también, sino al despliegue de un catálogo de propuestas sobre los aspectos centrales de la reconstrucción por venir. Desde el impulso industrial al modelo fiscal o la reconversión turística y de los servicios.


Para esa disputa de fondo que la reconstrucción supone, las derechas entienden necesario introducir elementos que permitan neutralizar la presencia de UP en el gobierno y cortocircuitar apoyos que, hasta ahora, éste ha recogido. La dinámica de confrontación total no ha propiciado la caída del gobierno ni ha abierto, muy importante, espacio a otra mayoría. El PP repunta en los sondeos pero su aislamiento político inutiliza ese avance. Su estrategia le ha permitido evitar un vuelco del electorado hacia el gobierno durante la alarma y taponar el papel de Vox como oposición pero le ha alejado de cualquier combinación parlamentaria ganadora.

El tiempo que viene permite considerar que, con cuestiones centrales de modelo social y económico a debate, el gobierno no encuentre apoyos suficientes para sacar adelante trasformaciones necesarias y anunciadas, lo que incomodaría a UP y permitiría desplegar la inclinación socialista a buscar complicidades hacia su derecha.

A la inversa, ese debate debería facilitar a Casado romper su aislamiento y resaltar puntos de encuentro con otras fuerzas parlamentarias. En resumen, construir un equilibrio que asegure,

por un lado, que el resultado de la reconstrucción no signifique el armazón de cambios de fondo sino el remozo y actualización del modelo preexistente y, por otro, establezca bases para impulsar una mayoría parlamentaria diferente a la que, de manera renqueante, sostiene al gobierno de coalición.

Para construir un marco favorable es para lo que inician la reconducción de su discurso. No es tanto modificarlo sustancialmente como limar sus aristas más puntiagudas. Más Ana Pastor, menos Cayetana.

Sería grave que desde la izquierda no se entendiese el reto -y la oportunidad que representa- y se aceptase que la reconstrucción no vaya más allá de una estrategia para el mantenimiento precario del gobierno de coalición. O que, por debilidad, se facilitara que el debate se encerrase en las instituciones, con una canalización exterior exclusivamente a cargo de los medios.

La implicación de la calle, la labor pedagógica sobre lo que nos jugamos, precisa de la complicidad de la izquierda política y los sindicatos y las organizaciones sociales. Compartir el diagnóstico es la base, acordar propuestas y mancomunar esfuerzos para movilizar a la opinión pública es necesario si queremos intervenir con opciones y asegurarnos de que, el sentido común construido durante la crisis sanitaria en torno al papel de lo público, lo de todos, se instale en la legislación y en las partidas presupuestarias.

La reciente convocatoria sindical, apoyada desde la izquierda y entidades sociales, es un primer paso en esa orientación de construir un polo capaz de bascular la reconstrucción hacia los intereses de la mayoría trabajadora.

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