El comunista italiano que ponía música al cine y a la vidaSe ha muerto Morricone La pena es que se ha muerto demasiado pronto, a los 91 años, cuando toda su obra anterior nos parecía un simple prólogo a nuevos hallazgos, ruidos y melodías que tenían que transmitirnos las emociones de la nueva normalidad.

José María Alfaya 07/07/2020

Se ha muerto Morricone y quedan muy pocas palabras para seguir escribiendo sobre ese monstruo creativo e innovador de la música y de una forma muy particular de ponerle música al cine que, en su caso, era como ponerle música a la vida, por desagradable que ésta fuera.

Tan desagradable, algunas veces, que no bastó con su «efecto envolvente» con el que alteró el panorama de la música para cine porque en aquellos spaghettis westerns adquiría un notorio protagonismo una música disonante y extraña compuesta por gritos, silbidos, alaridos, yunques...

La muerte tenía un precio, que siempre era un puñado de dólares. Y lo mismo aparecían los del clan de los sicilianos con sus feos y malos como los buenos de Sacco y Vanzetti que no habían conseguido ser intocables sino víctimas de tantas batallas sociopolíticas, desde Argel a Novecento, pasando por la misión sobre cuyos reales objetivos no había acuerdo posible entre la cúpula dominante y la base de los currantes.

Servía Morricone para añadir armonía o subrayar desafinados a cualquier tipo de teorema, aunque estuvieras frenético después de pasar por la jaula de las locas... y hasta fue capaz de ponerle música al Mundial de la FIFA de 1978, aquel evento futbolero que utilizó la dictadura argentina para disimular la barbarie política con la exaltación balompédica. Hubo jugadores que creyeron oportuno disculparse por darles patadas al balón en tales circunstancias. Que se sepa, nadie le reprochó a Morricone que añadiera sus notas musicales al evento. Y es que de Morricone se aprovechaba todo: hasta procesiones de Semana Santa tiraban de su música. Eso sí que es envolver la pasión.

La pena es que se ha muerto demasiado pronto, a los 91 años, cuando toda su obra anterior nos parecía un simple prólogo a nuevos hallazgos, ruidos y melodías que tenían que transmitirnos las emociones de la nueva normalidad. Tendríamos que volver al spaghetti western para poner acompañamiento musical disonante a lo que nos ocurre sin que lo hubiéramos sospechado y aprovechando del maestro, como dicen los entendidos en su manera de contarnos las cosas, que Morricone no narra sino rememora lo que posiblemente ya sabemos pero no queremos reconocer.

Como él mismo decía, la música ayuda a la película. Película tenemos y abarca variados géneros que se suceden, escena tras escena, desde el terror, el costumbrismo, bandoleros, un poco de thriller psicológico, cateto a babor (y, sobre todo, a estribor)...

Lo malo es que ahora nos va a faltar la música del maestro.

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