El tren de la memoria

Susana, Julio: un instante, una vida

Mariano Asenjo Pajares 10/07/2020

Recordamos a Susana López y Julio Anguita como protagonistas de un mismo episodio histórico. 11 de mayo de 1993, Anguita denuncia presiones de El País. Se desata la gran tormenta, vuelan cuchillos y se agitan conspiraciones... Mientras, Julio y Susana se marcan un ‘Tango’, un “último tango en Madrid” que Francisco Umbral recreó de forma magistral.


“Qué momento, oigan, qué momento”
(Francisco Umbral ‘Tango’)

Aquel martes 11 de mayo de 1993 en Madrid, a eso de las 12:00 horas, la temperatura iba camino de alcanzar su máxima prevista de 22º. Pero de pronto pasó algo y el ambiente entró en fase de calentura, se disparó. El hecho tenía que ver con las elecciones generales en España, las sextas desde la Transición, que Felipe González había convocado para el domingo 6 de junio.

Izquierda Unida presentaba su candidatura por Madrid. La convocatoria para el evento y la rueda de prensa quedó citada en el Hotel Victoria, un céntrico establecimiento madrileño de resonancias taurinas, posada de toreros. Las expectativas electorales para IU eran buenas o incluso muy buenas. Más allá de los debates que arrastraba la organización, en especial la posición sobre el Tratado de Maastricht y más allá también de las interferencias mediáticas, Julio Anguita había conseguido establecer un hilo directo con amplias capas de la sociedad. Era su momento, que solo un infarto lograría malograr. Entretanto, el país se desayunaba todos los días con alguna nueva fechoría que señalaba a Felipe González. España era un culebrón de “Marianos Rubios” y “Aidas Álvarez”.

Todo fue según lo previsto en la presentación hasta que, ya terminada la parte de puesta en escena de la candidatura, Julio pidió quedarse mano a mano con los periodistas que cubrían habitualmente los asuntos de IU. Ese fue justo el momento en que la temperatura se subió a lo colorao. Julio Anguita denunció sin tapujos que había sido "presionado" respecto a los pactos poselectorales, en una comida que mantuvo el día 7 con seis periodistas de El PAIS. El propio Anguita resumió el episodio ante la grabadora de Juan Andrade: “Los de PRISA me recomendaron que me viese con Felipe González. Yo les dije que sí, que abierta y públicamente nos podíamos ver cuando quisiera. Pero no, ellos me decían: ‘No, no, tú vas de manera discreta os paseáis por la Moncloa y...’ Entonces le corté y le dije: “sí, hombre, como una amante de tapadillo, ¿no?”. Y entonces tuve unas frases duras. Salí y lo conté…”.

Hasta aquí el contexto. Ahora empieza lo bueno. Cuando ya todo el mundo buscaba la salida para escapar de la tensión que cortaba el aire, alguien se sentó ante el piano de cola del hotel y comenzó a tocar un tango. A Julio Anguita y a Susana López les faltó tiempo para acoplarse y ponerse a bailar. La columna de Umbral del día siguiente se llamó así, ‘Tango’: “o sea, el que se ha bailao Julio Anguita con una militanta (no me pongan “militante”, please), después de fijar las listas. Ese tango tiene toda la categoría de un desplante, de un desbrave macho contra las televisiones, contra ‘El País’, contra la derecha y la izquierda, contra quienes se asegundan en ignorar que Izquierda Unida es una fuerza real, lúcida, honesta y con historia”.

Y así en este plan sigue el artículo, emocionante y monumental. Sin pretenderlo, así es la literatura y así son los grandes como Umbral, aquel “último tango en Madrid” nos sirve hoy para reunir en esta entrega a Susana y a Julio. De ahí el título... Ambos se nos han ido recientemente. De ambos se han dicho muchas cosas ya. Estas notas únicamente aspiran a convocar la emoción por el breve y luminoso recuerdo, con un compás de tango. Julio aún tuvo ocasión de dejarnos por escrito qué pensaba de Susana (fallecida el 4 de mayo), ya lo había precisado en el libro de Andrade, (Un recorrido histórico por la vida política de Julio Anguita), antes aludido: “Para mí [Susana] es un ejemplo y una de mis debilidades”. Pero Julio profundizó en la naturaleza de su relación con su escrito para el homenaje que realizó MO, a raíz del fallecimiento de “la militanta”. “El pasado 28 de abril por la tarde –refería Anguita-, Susana y yo teníamos una larga conversación telefónica. Periódicamente lo hacíamos. Era la continuidad de una larga relación política entre camaradas que habíamos compartido en la dirección del PCE y en la de IU: trabajos, ilusiones, dificultades y debates. Pero había algo más: la vivencia conjunta de la visión vital y cultural de nuestra tierra común: Andalucía”. Y finalizaba: “A los comunistas se nos ha ido una camarada ejemplar, a mí, además, una amiga irremplazable”.

Susana y Julio, Julio y Susana son ya memoria y ejemplo. Ambos tuvieron una vida plena y ajetreada. A ambos el corazón les dijo basta, pero todavía planeaban batallas. En ‘Tango’ queda dicho, “porque estas razas son así”.

Publicado en el Nº 335 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2020

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