Lucha de Pases

La pandemia nos muestra al capitalismo sin eufemismos La derecha lleva a cabo escrupulosamente en la práctica lo que niega teóricamente: la lucha de clases. Y también demuestra en los hechos que capitalismo y democracia son incompatibles.

Ángel Cappa 11/07/2020

“La mierda de la extrema derecha no está solo en EEUU. Está en todo el mundo. Tenemos que despertar”
(Spike-Lee)

Es un hecho. Jamás la derecha económica (el verdadero poder del capitalismo) ha respetado, ni respeta, ni respetará a un gobierno de izquierda –en ninguna parte del mundo- que afecte sus intereses y perturbe sus privilegios. Solo tolera y hasta cierto punto, a los gobiernos progresistas que, dentro de los límites del capitalismo, maquille o adecente algo, no mucho, al sistema.

Es decir, la derecha lleva a cabo escrupulosamente en la práctica lo que niega teóricamente: la lucha de clases. Y también demuestra en los hechos que capitalismo y democracia son incompatibles.

A raíz de la pandemia de la COVID-19 el Gobierno español tomó algunas medidas para proteger a los trabajadores y clases populares de la miseria a la que están condenados. Pero antes y anticipándose a lo que pudiera ocurrir, la CEOE advirtió que la reforma laboral es intocable. Cuando pasó y se firmó un acuerdo entre el Gobierno y Bildu para derogarla, un ejército de informadores, tertulianos, políticos, economistas bien pensantes y por supuesto empresarios, afilaron sus dientes ideológicos y se lanzaron al cuello de semejante ocurrencia. Inclusive la ministra Calviño, pilar del neoliberalismo, incrustada en el Gobierno como una vigilante del progresismo para que no supere los límites de lo permitido, criticó con firmeza y dureza el acuerdo por inadecuado e inoportuno.

Curiosamente uno de los argumentos disuasorios fue que no se consensuó en un diálogo social. Resulta que cuando se decretó la reforma laboral (es decir, cuando se legalizó el robo de los derechos laborales a los trabajadores) fue en un acuerdo entre el PP y los empresarios exclusivamente.

Es que la reforma laboral, es el arma legal que tienen los empresarios para ejercer un dominio absoluto sobre la clase trabajadora. Es el modo de tener una muchedumbre de hombres y mujeres necesitados para disponer de ellos a placer.

No por casualidad los ricos y los empresarios poderosos aumentaron considerablemente su riqueza en la anterior crisis y lo siguen haciendo ahora aprovechando la pandemia.

“La panza es reina y el dinero dios”

Ya en los años 40 Enrique Santos Discépolo, autor argentino, lo reveló en un tango. Pero no hace falta ser tanguero y tampoco argentino, para comprobarlo diariamente.

El confinamiento, único recurso eficaz conocido para evitar los contagios, atentó contra el dios del capitalismo y los empresarios presionaron y presionan para saltar olímpicamente las fases que recomiendan los médicos y los científicos, para ir prudentemente recuperando las actividades habituales.

Tal es así que Isabel Díaz Ayuso en uno de sus arrebatos lingüísticos apropiados para una comedia, si no estuviéramos en un drama, confesó que para proponer eludir la prudencia de las fases cuanto antes, no consultó a los médicos ni a los científicos, sino a los empresarios. Genial.

Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta Ramos, tan cómoda en su título nobiliario desde donde nos mira siempre de reojo y hacia abajo, es otra de las espadas de vanguardia que tiene el empresariado de élite para acosar y desafiar con la soberbia y prepotencia de la clase dominante, a todo “bolivariano” o “comunista perdido” que se atreva a lo que sea.

Como será que hasta los neofascistas de Vox parecen tímidos en sus arremetidas contra el enemigo, desde el 8-M a la asignación mínima vital o el feminismo marxista-leninista-cubano y bolivariano, pasando por los inmigrantes.

“Tenemos que despertar”

Comparto la advertencia de Spike-Lee. No sirve tenderles la mano para dialogar. Tampoco tratar de convencerlos ni de demostrarles la justicia de los reclamos de las clases populares. Para ellos la democracia consiste en respetar la jerarquía y los intereses de los que mandan.

Antonio Garamendi presidente de los empresarios, dijo que hay que volver rápidamente a la anterior normalidad. Nada de nueva normalidad.

La democracia que ellos conciben es la que les permite destruir la naturaleza y someter a la pobreza a millones de personas, desde la legalidad que impusieron con ese fin. No admiten de ninguna manera un modo de vida más justo y democrático.

Este ataque coordinado de la derecha económica, política y mediática española no es casualidad. No quieren una nueva normalidad después de la pandemia que signifique dejar de acumular beneficios a costa del sacrificio de la mayoría.

Un solo ejemplo: En China el confinamiento hizo que disminuyera considerablemente la contaminación y eso le salvó la vida a 77 mil personas que morían por ese motivo. O sea, 20 veces más que las víctimas del corona virus.

A esa realidad quieren volver.

Por eso es más necesario que nunca lo que nos aconseja Spike-Lee: Tenemos que despertar.

Publicado en el Nº 335 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2020

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