Un militar de carrera que se negó a servir al tiranoNo todos los gallegos nacieron en España

Luis Adrián Betancourt. (*) / (La Habana) 14/07/2020

José Ramón “El Gallego” Fernàndez nació en Santiago de Cuba en 1923 pero Asturias formaba parte de su ADN. Su padre era de Otura, en Morcín, y su madre de Oviedo, unos orígenes que le hicieron merecedor en 2009 de la Medalla de Oro de Asturias. También es hijo adoptivo de Oviedo y de Morcín y Premio Jovellanos. En el 2004, durante su último viaje a España, recibió el título de "hijo predilecto" de Oviedo que le había sido concedido en 2000.

Fernández cursó estudios en distintas instituciones militares: en la de Cadetes y de Artillería de Cuba y después se graduó en la Escuela de Artillería del Ejército de los Estados Unidos.

EL GOLPE DEL 10 DE MARZO

José Ramón Fernández vivía en el número 966 de la calle San Lázaro cuando tocó a su puerta un sargento y le avisó de que algo extraño estaba sucediendo en el Campamento Militar de Columbia, que todos los militares en activo habían sido llamados desde muy temprano y se veía mucho movimiento en las postas y los patrullajes. Fernández era entonces teniente y pensó que debía ser muy grave lo que estaba sucediendo en la ciudad militar pero “no me pasó por la mente que se tratara de un golpe de Estado”.

Ese 10 de marzo de 1952 se dirigió de inmediato al campamento de Columbia y allí se encontró con el ambiente del cuartelazo: guardias con ametralladoras escoltando a los golpistas, edificios repletos de soldados con armas largas, politiqueros tratando de obtener un permiso para acercarse a la nueva jefatura y declararle su adhesión.

Uno de los principales cabecillas golpistas, el capitán Jorge García Tuñón, presumiendo que Fernández ya estaba al tanto de la situación, le increpó: “Tú, ¿con quién estás?” El teniente Fernández respondió: “¿Yo? Con la Constitución”.

De inmediato, quedó detenido y poco después fue destinado al lejano Holguín.

El teniente Fernández comenzó a conspirar contra los golpistas y fue uno de los detenidos al descubrirse la llamada “Conspiración de los puros” el 4 de abril de 1956. Lo encarcelaron en el presidio de Isla de Pinos hasta el triunfo de la Revolución.

LA REVOLUCIÓN TRIUNFAL

Hay varias versiones acerca de cómo los reclusos del Presidio Modelo se enteraron de la fuga del dictador Batista al finalizar 1958.

Según Armando Hart, “el notición” les llegó por la radio clandestina que tenía el prisionero político Casto Amador. José Ramón Fernández también mencionó “un pequeño radio de transistores que clandestinamente teníamos y que era manipulado, operado y escondido de modo muy meticuloso”.

Al saber la noticia de la fuga de Batista, uno de los “puros”, Ramón Barquín, pretendió liberar solamente a los presos militares pero la dirección del Movimiento 26 de Julio rechazó esa posición discriminatoria. Barquín también quiso dejar a un militar del régimen caído y de su total confianza al frente de la guarnición de la isla. Hart no estuvo de acuerdo: “Inmediatamente fui a ver a Fernández a su celda. Le propuse que aceptara en nombre del Movimiento 26 de Julio y de la Revolución asumir el mando militar de la isla, desde luego él accedió”. Fernández estableció el compromiso de que, asumido el mando, se liberaría a todos los presos y se respetarían solamente las órdenes del Movimiento 26 de Julio.

En medio de esas circunstancias, “el Gallego” Fernández salió de prisión y se dirigió a la ciudad militar de Columbia. Fue él quien detuvo a Eulogio Cantillo, quien después de incumplir lo pactado con Fidel el 28 de diciembre de 1958, había fracasado en nombrar al magistrado Piedra presidente de la República.

HÉROE DE LA REPÚBLICA DE CUBA

El 12 de enero Fidel se reunió con los principales dirigentes del movimiento militar. En un aparte, Fernández le expresó a Fidel su interés en pasar a una actividad civil.

“Me pregunta: ¿qué trabajo vas a hacer? Y le respondo que me habían nombrado administrador del central Narcisa. Me dice Fidel: tú te vas para el central y yo me voy a escribir un libro sobre la Sierra y la Revolución se va al carajo … De ahí salí directo a asumir el mando de la Escuela de cadetes”.

“Luego fui a Girón, no solo porque iba a defender una causa justa y a enfrentarme a un enemigo poderoso, que significaba un gran peligro para la Revolución, sino también porque, en mi caso particular, me ofrecía la oportunidad de mostrar mi lealtad a la Revolución y a la confianza que en mí se había depositado”.

“El Gallego” Fernández fue ministro de Educación y presidente del Comité Olímpico Cubano. Condecorado con el título de "Héroe de la República de Cuba”, ocupó la vicepresidencia del Consejo de Ministros.

El diario “El Comercio”, de Gijón, lo llamó la mano derecha asturiana de Fidel Castro. El 6 de enero falleció en La Habana, a los 95 años.

Tuve el honor de compartir con él jornadas de trabajo y conocer de cerca su modestia y su constancia. Uno de los “puros”, de los militares de carrera que prefirieron la cárcel antes que servir a un tirano.

(*) Luis Adrián Betancourt, historiador y periodista, es uno de los mejores y más leídos autores de la novela policiaca cubana

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