Ellos nos invadieron con su superávit para que nosotros nos quedáramos con nuestro déficitNunca es tarde ¿Qué habría ocurrido si los países del Sur hubieran sido solidarios con Grecia...y España le hubiera dicho a Alemania que la deuda a pagar era cosa de todos?...seguramente la situación hoy no sería la que es.

Antonio Prieto Segura 16/07/2020

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio. Porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio. Porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté. Porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté. Porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.[1]


Todos nos acordamos de Grecia, el país que sentó las bases para que los indígenas europeos (bárbaros) accedieran a la cultura. Nos acordamos de Tsipras, ese político que se presentó como el dirigente de izquierdas que sacaría a su pueblo de la corrupción y de la dependencia del capital extranjero. Y, sobre todo, de Varoufakis, el soñador que, fiel a sus principios, se enfrentó a los hombres de negro y acabó maldecido por los defensores del orden establecido. Hoy Grecia es mucho más pobre que antes, después de aumentar el IVA, suprimir las pagas extras, congelar los salarios, reducir las pensiones y retrasar la edad de jubilación. Y, además, todo bien patrimonial que pudiera haberle ayudado a salir de la crisis está en manos de los usureros que se negaron a negociar unas condiciones dignas parecidas a las que hoy queremos Italia y España. Empresas alemanas han comprado hasta los puertos importantes y el aeropuerto.

En aquel momento España gobernada por el PP con Mariano Rajoy a la cabeza, presidente de un partido condenado por corrupción. Italia, cuyo gobierno hace no mucho tiempo se ha hecho famoso por sus actuaciones xenófobas con Matteo Salvini de la Liga Norte (de ultraderecha) como cabeza visible, acompañado por el partido de los descontentos creado por “el payaso que se convirtió en político”. Por aquel tiempo, el primer ministro italiano era Silvio Berlusconi. No hay que explicar de quién se trata. Y Francia, que durante aquella época estaba gobernada por Sarkozy de la UMP (Unión por un Movimiento Popular), que si la memoria no me falla tiene alguna causa pendiente con la justicia gala. Hoy, después de ser gobernada por un partido socialista que se dedicó a hacer políticas de derechas, con un Primer Ministro (Valls) que ha acabado en España formando parte de Ciudadanos (engendro del IBEX) y que dio a luz a Emmanuel Macron, ejemplo de político de derechas que ha sabido captar a la derecha de antes, a la de ahora y a la que esté por venir. Todos ellos fueron implacables con Grecia, especialmente el español. Hoy, cuando la crisis les ha llegado a los que se creían más ricos y más puros que los griegos, los vemos llorando por Bruselas, mendigando los euros que necesitan para no acabar peor que Grecia.

¿Qué habría ocurrido si los países del Sur hubieran sido solidarios con Grecia en aquel momento? ¿Qué habría ocurrido si España le hubiera dicho a Alemania que la deuda a pagar era cosa de todos y que si los bancos alemanes se apuntaron a las ganancias también deberían apuntarse a las pérdidas? Ellos nos invadieron con su superávit para que nosotros nos quedáramos con nuestro déficit. ¿Qué habría ocurrido si a los representantes de los hombres de negro, especialmente al Primer Ministro holandés Mark Rutte, Partido Popular por la Libertad y la Democracia, les hubiéramos dicho, como Trump nos dice a nosotros, “el dumping fiscal lo pagáis con aranceles”? Y así podríamos seguir… Si hubiéramos tenido en cuenta las enseñanzas del pastor luterano, seguramente la situación hoy no sería la que es. Pero nunca es tarde.

NOTAS:

1.La célebre frase, con variaciones, ha sido una y mil veces atribuida al escritor alemán Bertolt Brecht pero lo cierto es que la reflexión no es suya. Es en realidad de Martin Niemöller, pastor luterano alemán. Se trata de un extracto de uno de sus sermones de la Semana Santa de 1946 en Kaiserslautern y que se titulaba ¿Qué hubiera dicho Jesucristo? La historia, no obstante, no le ha hecho justicia.

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