Con América

Cristiani no impidió la matanza de los jesuitas

José Manuel Martín Medem 16/07/2020

En el juicio de la Audiencia Nacional sobre la matanza (1989) de los jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador, ya se sabía quién asesinó a los seis sacerdotes (cinco de ellos españoles) y también a una empleada del recinto universitario y a su hija. Pero lo más
importante es que ahora ya se sabe además quienes lo ordenaron, quienes conocían los planes de los criminales, quién no lo impidió y quienes bloquearon las investigaciones.

La guerrilla del FMLN había atacado San Salvador y el Edificio Cuscatlán, la torre más alta de la ciudad, a trescientos metros de la UCA, era un nido de francotiradores con visores nocturnos. Desde allí vieron cómo los soldados del Batallón Atlacatl, unidad contrainsurgente entrenada por los asesores militares estadounidenses, acribillaron a los jesuitas. Uno de los francotiradores se lo contó a José María Tojeira, que era entonces el provincial de los jesuitas en Centroamérica y ahora preside el Instituto de Derechos Humanos de la UCA.

¿Quién lo ordenó? Un oficial que participó en el asalto a la residencia de los sacerdotes ha asegurado en la Audiencia Nacional que recibieron la orden del Alto Mando del Ejército. Esa cúpula militar estaba formada por el presidente Alfredo Cristiani, el ministro de Defensa Rafael Humberto Larios, los viceministros Inocente Orlando Montano y Juan Orlando Zepeda y el jefe del Estado Mayor René Emilio Ponce, ya fallecido.

Sólo juzgan a Montano porque cometió el error de violar la legislación migratoria en Estados Unidos y, cuando cumplió la condena, lo extraditaron a España. Los demás acusados permanecen en El Salvador, protegidos por el Tribunal Supremo que se negó a entregarlos.

El oficial que ha declarado como testigo añadió que, cuando les dieron la orden de matar a los jesuitas, sus comandantes les dijeron que Cristiani lo sabía. El juez que lleva el caso excluyó del proceso al entonces presidente de El Salvador que, según las evidencias acumuladas, no quiso o no fue capaz de impedir la matanza.

Los expertos estadounidenses que han tenido acceso a los documentos desclasificados añaden a todo lo anterior que el Departamento de Estado, la CIA y el FBI sabían que el Alto Mando planeaba asesinar a los jesuitas, por considerarlos cómplices de la guerrilla, y tampoco lo impidieron. Además, el gobierno de Cristiani y las Fuerzas Armadas, con la colaboración de la embajada de Estados Unidos, ocultaron pruebas y obstaculizaron la investigación.

En la Audiencia Nacional ya se sabe que los asesinatos los cometió un comando entrenado por los asesores estadounidenses, que lo ordenó el Alto Mando, que el Departamento de Estado, la CIA y el FBI conocían los planes criminales y que el presidente Cristiani, Comandante de las Fuerzas Armadas, no quiso o no pudo impedirlo.

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