Una gran ola roja, rosa y verdeFrancia: los comunistas y las elecciones municipales

Daniel Segura. Militante del PCE Exterior y del PCF 22/07/2020

Francia vive actualmente una situación bastante complicada políticamente hablando, provocada por un gobierno liberal que ha pretendido y pretende destrozar el Estado del Bienestar que sigue funcionando en el país galo.

Para entender este panorama es necesario remontarse a las elecciones presidenciales francesas de 2017 y recordar que desde 2001 las legislativas tienen lugar inmediatamente después, lo que provoca que los resultados sean bastante parecidos.

DE 2017 A 2020: EL COSTO ELECTORAL DE LA DESUNIÓN DE LA IZQUIERDA

La izquierda se presentó muy fragmentada a las elecciones presidenciales de 2017, lo cual dio lugar a una situación muy espinosa en la segunda vuelta: elegir entre el liberalismo de Emmanuel Macron y la extrema derecha de Marine Le Pen.

En cuanto a la primera vuelta, La France Insoumise (LFI) presentó a su candidato, Jean-Luc Mélenchon, que obtuvo un 20%, mientras que el Partido Socialista (PS) con el apoyo de los Verdes (Europe Écologie les Verts) tuvo solo un 6%.

El Partido Comunista de Francia (PCF) había decidido, después de un debate interno muy intenso, apoyar a Mélenchon, aunque este no quisiera el apoyo de los comunistas.

Ante la imposible unión y el fin de lo que se conoció como Front de Gauche, las legislativas celebradas a continuación fueron un desastre para la izquierda. Verdes, socialistas, comunistas e insumisos se presentaron en listas enfrentadas en la gran mayoría de las circunscripciones. El resultado es un Parlamento controlado muy ampliamente por La Republique en Marche (LREM), el partido de Macron, con 308 de 577 escaños, y en el que el Partido Socialista ha perdido 250 escaños, quedándose en 30, LFI obtuvo 17, el PCF 10 y los Verdes 1 (ver los datos oficiales aquí).

Una vez que Macron se hace con el poder, acomete una serie de reformas, como las políticas de austeridad en la sanidad, la reforma educativa o la de las pensiones y la supresión del impuesto sobre la fortuna. La respuesta social no se hace esperar: a las grandes manifestaciones sindicales, con especial protagonismo de la CGT, se une un movimiento nuevo muy poco organizado, los Gilets Jaunes (Chalecos Amarillos), que no se siente representado ni participa en las organizaciones tradicionales y ha estado paralizando el país prácticamente todos los sábados.

En esta situación llegaron las elecciones europeas de 2019, donde el rechazo acumulado por los franceses hacia el gobierno no se fue por completo con la extrema derecha de Prenez le Pouvoir (lista apoyada por Marine Le Pen), que obtuvo un 23%. Por su parte, la izquierda empieza a recuperarse electoralmente, aunque la atomización sigue siendo muy preocupante: los Verdes obtienen un 13%, LFI 6%, el PS otro 6%, Génération.s (fundado por ex-miembros del PS) un 3% y el PCF 2,5% (ver los datos oficiales aquí).

En dichas elecciones europeas merece una mención especial el PCF. A pesar de su mal resultado, las lecturas fueron muy positivas, ya que después de más de diez años sin participar directamente en elecciones nacionales volvía a engrasar la maquinaria electoral.

MUNICIPALES 2020: UNIDAD ROJA, VERDE Y ROSA

Con la lección aprendida por casi todos los actores de la izquierda, llegamos a las elecciones municipales de este año. En primer lugar, cabe mencionar que en la República Francesa las municipales han sido consideradas históricamente como las más importantes después de las presidenciales, de ahí que los datos de participación sean tan preocupantes: un
44,6% en la primera vuelta y un 41,6% en la segunda (ver los resultados detallados aquí).

Aunque esto se puede explicar en parte por el confinamiento, la baja participación demuestra también que el modelo político de la V República está cada vez más en crisis, provocando una desafección de los franceses hacia la democracia actual.

Los resultados de los Verdes han sido espectaculares en las grandes ciudades. La crisis climática, junto a la capacidad de unir a una gran parte de la izquierda, les ha permitido acceder a las alcaldías de Lyon, Burdeos y Estrasburgo.

El partido de los Verdes vive una contradicción interna bastante manifiesta: suelen defender que el ecologismo supera la división izquierda/derecha pero promueven políticas muy conservadoras en algunos casos. En cambio, en las últimas elecciones municipales decidieron apoyar a las listas de izquierdas en la mayoría de los municipios, ya fuera encabezándolas o sumándose a ellas directamente.

Aunque muchos medios se han hecho eco de los resultados presentándolos como una gran ola verde, la realidad demuestra que lo que hubo fue una gran ola roja, rosa y verde. En algunos lugares, como Lyon, los Verdes consiguieron liderar dicha unión pero en otros se sumaron, como digo, a listas encabezadas por un comunista, como en El Havre, o una socialista, como en París.

Allí donde decidieron ir contra la lista de la izquierda, como en Lille, fue ésta (PS – PCF) la que consiguió mantener la alcaldía.

Para La France Insoumise de Mélenchon las municipales han sido muy duras. Al no tratarse de un partido político en sí, sino de un movimiento, tienen bastantes dificultades de organización interna. Su dirección nacional decidió imponer a los territorios la política de unidad que tenían que aplicar en cada caso, la cual chocó abiertamente con las ideas de muchas organizaciones locales. Hay muchos ejemplos de municipios, como Villeurbanne, donde los insumisos decidieron participar en las listas de la unión de la izquierda contra las tesis de la dirección.

En París, LFI obtuvo muy malos resultados ya que decidieron presentar listas contra la unidad de la izquierda, ganando ésta muy ampliamente las elecciones. Sin embargo, en Saint-Denis – ciudad de 150.000 habitantes del área metropolitana parisina, comunista desde los años 1920– su negativa a la unidad y su apoyo implícito a la lista socialista hicieron que el PCF encajara una derrota muy dolorosa, perdiendo el que era uno de los grandes baluartes del partido.

Mención especial merece Marsella, donde la unidad de la izquierda ha conseguido la alcaldía: nadie imaginaba hace unos meses que, tras 25 años, la izquierda volvería a gobernarla.

DERECHA Y EXTREMA DERECHA

Pasando ahora a las formaciones de otro signo, para el partido de Macron estas municipales han sido un absoluto desastre, con una enorme disminución del número de concejales que les ha supuesto la pérdida de las alcaldías de Burdeos y Lyon, aunque se mantienen en El Havre.

Por el contrario, para la derecha tradicional (Les Républicains) y el PS los resultados han sido bastante buenos. Mantienen una gran presencia en las ciudades medianas y pequeñas e incluso han conseguido mantener la mayoría de sus bastiones.

La extrema derecha del Rassemblement National (RN, antiguo Front National) ha tenido unos resultados bastante contradictorios. Recordemos que Marine Le Pen ha conseguido transformar la extrema derecha francesa y poco tiene ya de la imagen de su padre. Hasta ahora, cada vez que conseguían llegar lejos en alguna ciudad, perdían el avance en las elecciones siguientes. En cambio, en estas municipales han conseguido mantener la mayoría de las ciudades donde gobernaban, incluso mejorando los resultados. Por ejemplo, hace 6 años consiguieron por muy pocos votos la alcaldía de Béziers, ciudad del sur de Francia bien conocida por la emigración comunista española. En esta ocasión han renovado el mandato directamente en primera vuelta.

A estos municipios hay que sumarles la conquista de una gran ciudad como Perpignan, lo que demuestra que hay que estar muy alerta ante este movimiento de corte fascista. En cambio, en el resto del país el RN ha perdido muchísima representación en la gran mayoría de las ciudades, sobre todo en las más grandes.

EL PCF EN LAS MUNICIPALES

Para el PCF, estas elecciones municipales se presentaban muy complicadas después de veinte años de catástrofe en catástrofe electoral, apostando muy fuerte, junto con Mélenchon, por lo que se llamó Front de Gauche, coalición que costó mucho en lo económico, en lo personal y, sobre todo, en lo político por todas las concesiones realizadas. Desde la llegada de Fabien Russell a la Secretaría Nacional en el Congreso celebrado en 2018, el PCF ha intentado recuperar sus esencias como protagonista con voz propia en la escena política. Las elecciones europeas de 2019, a las que presentaba un excelente candidato, Ian Brossart, supusieron todo un desafío. Los resultados no fueron los esperados pero, como decíamos antes, al menos la maquinaria volvió a ser engrasada.

La primera vuelta de las municipales supuso una gran alegría para la militancia comunista, no porque se ganaran muchas ciudades sino porque la sangría de estos últimos veinte o treinta años había logrado detenerse. El partido mantuvo la mayoría de alcaldías en que gobernaba e incluso ganó algunas nuevas.

El caso de El Havre es digno de señalar, aunque finalmente se perdiera esta alcaldía. Que fuera un diputado comunista, Jean-Paul Lecoq, el que encabezara la unidad de toda la izquierda y plantara cara al macronismo, representado por el Primer Ministro del momento, Édouard Philippe, supuso una gran esperanza y alegría en la militancia comunista.

En cambio, la segunda vuelta no resultó nada favorable. Aunque se reconquistaron algunas ciudades, la perdida de Saint-Denis ha hecho mucho daño al PCF.

UN ANÁLISIS DE CARA AL FUTURO PRÓXIMO

El PCF disfrutaba de una amplia mayoría en las ciudades satélite de los grandes núcleos urbanos, aunque paulatinamente las ha ido perdiendo, como ilustra el caso citado de Saint-Denis. Algunas de las razones para explicar estas pérdidas podrían tener que ver con los grandes cambios sociológicos que afectan a estas ciudades, como la llegada de muchos habitantes que no pueden permitirse vivir en el núcleo, la pérdida del tejido asociativo o la deslocalización de la industria que allí se situaba. A ello cabe añadir la dificultad del PCF para adaptarse y responder a estas nuevas realidades.

Sin embargo, la apuesta que realizó el PCF de participar en todas las listas de la unión de la izquierda para vencer a la derecha, a la extrema derecha y al macronismo, ha hecho posible que, aun habiendo perdido ciudades, se mantenga como tercer partido en número de concejales, tras la derecha tradicional y los socialistas.

El futuro después de estas elecciones municipales puede ser esperanzador, ya que se abre la posibilidad, que no se veía hasta ahora, de introducir un candidato de izquierdas en la pugna Macron – Le Pen, aunque va a ser muy difícil que esto suceda.

En efecto, unos acuerdos para las presidenciales de 2022 tienen que llevar a un entendimiento para las legislativas, no solo porque la sociedad francesa no puede permitirse otro Parlamento tan a la derecha como el de 2017 sino también porque el resultado de las primeras arrastrará al de las segundas, dado que ambas forman parte de un mismo ciclo electoral. Después de una larga campaña común para las presidenciales es imposible hacer una campaña separada o diferenciada para las legislativas, que se celebran en el mismo año. Por consiguiente, si un partido decide apostar por una lista de unidad para las presidenciales sin un acuerdo también para las legislativas, puede terminar enfrentándose en estas últimas a listas a las que apoyó en las primeras y ver muy negativamente afectados sus resultados.

En principio, en 2021, un año antes de las presidenciales, se celebrarán las elecciones regionales y departamentales. Puede ser un buen momento para comenzar a construir una alternativa real de cara a esas presidenciales y a las legislativas de 2022.

El debate está ahora mismo en todos los partidos de la izquierda, incluido el PCF. Sin embargo, en espera de esas nuevas contiendas electorales, la tarea más inmediata tendrá que ver con las grandes movilizaciones que se esperan a partir de septiembre contra las políticas del nuevo gobierno de Macron, aún más escorado a la derecha que el anterior.

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