Diálogo, negociación y acuerdosUnión Europea: el mejor acuerdo imposible

Manuel Zaguirre. Ex Secretario General de la USO y afiliado al PSC 24/07/2020

En el pasado reciente, para eludir palabras como mediocridad, impotencia o bloqueo al definir muchas de las cumbres de la Unión Europea, se utilizaba una expresión sin substancia (“ha sido el mejor acuerdo posible”) y se insistía en que su bondad radicaba en que había sido malo para todos. Curiosa, y tramposa, concepción en virtud de la cual el diálogo y la negociación entre muchos sólo son valiosos si los acuerdos son malos para todos.

El Acuerdo, con deliberada mayúscula, al que han llegado los líderes de los países de la Unión Europea es harina de otro costal. Es algo muy serio. Por eso he decidido titular así estas líneas, El mejor acuerdo imposible.

En efecto, hace apenas cinco meses el Acuerdo habría sido, no ya imposible, sino impensable siquiera. En tal sentido, el viejo refrán español, como casi todos, vuelve a acertar de lleno: El mal inmenso de la pandemia sobre nuestra gente más humilde y sobre nuestras economías y proyectos de futuro provoca el bien de que la Unión Europea, todos y cada uno de sus miembros, matices aparte, entiendan que o se habilitan las voluntades y los recursos para reconstruir la Unión, modernizarla y llevarla a la culminación de su proyecto histórico, o ésta languidece sórdidamente hasta la desintegración, y con ella se funde a negro el futuro por separado de cada uno de sus miembros, Alemania incluida.

Además del zarpazo y de los retos que impone la pandemia, creo que hay otros factores decisivos para lograr este Acuerdo de alcance histórico:

1) Una evidente mala conciencia de la Señora Merkel por su responsabilidad en el austericidio inmoral y erróneo que la Europa rica del norte impuso a la del sur tras la crisis del 2008. Aquel austericidio puso a la Unión bajo mínimos en lo tocante a su prestigio, cohesión y credibilidad, interna y externa. Angela Merkel ha tenido tiempo de reflexionar en esta década que aquella inmoralidad, que puso la Unión al borde del colapso, no fue ni muy demócrata ni muy cristiana.

2) Aquel austericidio es causa directa del subidón de la extrema derecha fascista en la práctica totalidad de países de la UE, de la vuelta de los nacionalismos xenófobos y del odio como programa que tantas veces destrozaron a Europa. Ese subidón se está dando también en Alemania, con una especial carga simbólica y desestabilizadora. Angela Merkel ha entendido por la fuerza de los hechos en casa propia que la derecha democrática no puede coexistir, mucho menos magrearse con ella por algo de poder, con la extrema derecha fascista, que a ésta se la enfrenta y se la combate o más pronto que tarde te degrada y te fagocita. El fascismo no matiza ni hace política. Arrasa si se le deja. Estoy convencido que la Señora Merkel se guió por estas reflexiones al decidir, ahora sí, liderar en positivo la reconstrucción y el relanzamiento de la UE. Sería muy interesante que el PP de Casado y el Cs de no se sabe quién, que disfrutan plácidamente del poder en Madrid, Murcia y Andalucía gracias a los votos de VOX, emularan con convicción a la Señora Merkel. Lo sería también que algunos sectores de la izquierda autóctona entendieran que los gobiernos de los llamados países frugales actúan en el escenario europeo bajo la presión de sus extremas derechas nacionales. Es más fácil descalificarlos que intentar entenderlos y entender que la amenaza del fascismo late sobre Europa entera aunque se manifieste por barrios nacionales.

3) El austericidio y la consiguiente quiebra moral y de expectativas de la UE tuvo como efecto más clamoroso la salida del Reino Unido tras un referéndum que, como la mayoría de ellos, fue la antítesis de un proceso democrático de decisión ante un tema de tal calado. Como para no tomar nota de aquel boquete que abría el brexit. Otra vez lo malo abría camino a lo bueno: con el Reino Unido, que preside este exótico señor tan despeinado, dentro de la UE no creo que hubiera sido posible el Acuerdo en cuestión.

4) La torpe e insolidaria gestión de la crisis de 2008 dio alas a los intentos groseros de Putin de dividir y debilitar la UE, con el apoyo sin disimulo a la ralea de extremas derechas antieuropeas. Después se unió Trump a esa estrategia siniestra de liquidar la UE como un sujeto determinante, cuantitativo y cualitativo, en un escenario mundial inquietante. Todos estos abismos abiertos siguen ahí y habrán sido disuasorios a la hora de negociar y lograr el Acuerdo.

Solidaridad con mayúscula

Déjenme, para concluir, dar mi visión, telegráfica y nada técnica, de un Acuerdo que ojalá esté llamado a abrir un nuevo y definitivo ciclo irreversible en la construcción de la Europa realmente unida, humanista y solidaria consigo misma y con la Humanidad:

1) El monto de recursos financieros para combatir los efectos de la pandemia y abordar proyectos de futuro en lo económico, digital, industrial, medioambiental, de refuerzo de los servicios públicos y de cualificación del empleo no tiene precedentes. Son cifras que marean para los que no somos de ciencias. Pero como hombre de letras se me ocurre que el dinero solo no hace la felicidad… Aunque las penas con pan son menos. Bromas aparte, sería deseable que se evitaran las broncas, en la Unión y en cada país, por el reparto y destino de ese pastizal.

2) Tan importante como el cuánto me parece el cómo de los recursos financieros previstos. Son Solidaridad con mayúscula porque ésta es compartir lo que se tiene y lo que no. Al mutualizar como Unión el origen, destino y reembolso de esos recursos podemos empezar a hablar de la Europa Solidaria. La transferencia de excedentes del norte al sur de Europa, para mejor engrasar el mercado interno, tuvo más que ver con la caridad estratégica que con la solidaridad estructural… Aunque tampoco estuvo mal. Que nos lo pregunten a nosotros los españoles.

3) Mutualizar la deuda como Unión debiera ser el inicio de un proceso de mutualizaciones más amplio y diverso: la Europa social y solidaria del empleo, las pensiones, la sanidad, la educación y los demás servicios públicos y la integración digna e inteligente de flujos migratorios imprescindibles, la Europa de la cohesión fiscal, medioambiental, de defensa y política exterior basadas en nuestros propios valores de paz, derechos humanos y progreso universal para los más desfavorecidos… La Europa de la cohesión institucional y federal, en suma. Es decir, ponerle techo e izar la bandera propia del fin de obra a un edificio apasionante en el que llevamos empeñados casi dos tercios de siglo.

4) Precisamente por lo anterior yo no tengo ningún miedo a que la Unión pueda interferir en las soberanías nacionales. Al contrario, lo considero bueno y necesario, pues concibo la soberanía de la Unión como expresión de las transferencias de soberanía de cuantos la constituimos, no como una suma amorfa de estados-estanco en la que unos dan y otros reciben, y cada cual hace de su capa un sayo en la parcela nacional. De eso nada. Y no estoy pensando ahora en flujos financieros u ortodoxias monetarias, que también, sino en factores de alto valor como derechos humanos, libertades, justicia, respeto a las minorías y amparo a las capas más vulnerables.

5) En relación a lo anterior, creo que el Acuerdo esboza la cuestión central de la gobernabilidad de la UE. Un lastre fundacional que obstruye sin remedio el camino hacia la culminación socio-política e institucional de la Unión. Me refiero a superar el principio de unanimidad y, en consecuencia, el derecho a veto a la hora de tomar decisiones. Hay que encontrar fórmulas de gobernabilidad para desbloquear y para democratizar la Unión. Obviamente, deberán ser fórmulas ponderadas en base a las distintas realidades nacionales. Nada que ver con la mitad más uno a palo seco.

6) Me importa resaltar que los pilares fundacionales de la UE han sido prácticamente los mismos para dar soporte al Acuerdo: socialcristianos, socialistas, liberales, con la agregación clave de los ecologistas y las expresiones de la nueva izquierda. Ese núcleo debe reforzarse si queremos avanzar. El escoramiento a la extrema derecha, al nacionalismo, a los populismos supuestamente izquierdistas, haría inviable la culminación del proyecto. Más bien lo pondrá en riesgo.

7) España ha estado óptimamente representada, creo yo, por el presidente de nuestro gobierno progresista de coalición y por un excelente equipo negociador. Y los resultados del Acuerdo para España son óptimos también. Aunque, como es endémico, las derechas le buscarán defectos. Un humilde consejo a nuestro gobierno: Galicia y Euskadi son agua pasada. El horizonte es ahora noviembre del 2023. El Acuerdo de la UE es una excelente pértiga para abordar unos Presupuestos capaces de recorrer con éxito casi tres años y medio de legislatura, sabiendo que son malos tiempos para el maximalismo y el pragmatismo extremos. El primero es la esterilidad, el segundo la corrupción. Diálogo, negociación, acuerdos, serán imprescindibles en España, porque el Acuerdo de la UE no es la purga de Benito que resolverá nuestros problemas. Hay un tramo fundamental que nos compete sólo a nosotros y que sólo podremos recorrer con éxito con una justicia fiscal ante la que hay y habrá fuertes resistencias de los de siempre, de los que no se presentan a elecciones.

Cuando desperté, el dinosaurio seguía ahí. Es decir, 24 horas después del Acuerdo de la UE las derechas organizaban la bronca de oficio en la sesión de control al gobierno en el Congreso de los Diputados y la siniestra coalición de éstas con el secesionismo periférico tumbaba las políticas sociales que se proponen en el plan de reconstrucción. Señor, qué cruz.

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