La Retranca

La reacción monárquica (II) El modelo reformista de Transición fue diseñado, dirigido y controlado desde el otro lado del Atlántico para garantizar la sucesión del dictador en la figura de Juan Carlos I, restaurando la monarquía, y permitir la pervivencia de las élites franquistas.

Dolores de Redondo 03/08/2020

A finales de mayo, la casa real informó que el rey Felipe VI instaba a “todas las Corporaciones Nobiliarias, las Órdenes Militares, las cinco Reales Maestranzas, las Órdenes Internacionales con actividades en España, así como otras Corporaciones nobiliarias y caballerescas” a adquirir 38.604 litros de leche y 25.000 litros de aceite de oliva virgen extra. La clásica y cutre obra benéfica de la nobleza, inspirada por su catolicismo, su concepción clasista y su afán de proselitismo. O no.

La iniciativa estaba coordinada por sus primos, el conde José Miguel Zamoyski de Borbón y Navarro; y Pedro Juan María Alejo Saturnino y todos los Santos de Borbón-Dos Sicilias, duque de Calabria. Este último es el Gran Maestre de la Sagrada Orden Militar Constantiniana de San Jorge, orden de caballería consagrada a la glorificación de la Cruz, la difusión de la Fe y la defensa de la Iglesia católica; una de las pocas de ámbito internacional que a día de hoy subsisten activas en el mundo. También es miembro de la orden de Malta (el único estado sin territorio) y preside el Real Consejo de Órdenes de España, el más antiguo de los Consejos de gobierno de la Monarquía Española. Las cuatro órdenes de caballería que engloba el Consejo nacieron entre los siglos XII y XIV para conquistar territorios bajo dominio musulmán. Y el monarca Felipe VI es su Gran Maestre y Administrador perpetuo. De hecho, “uno de los pilares ideológicos del Real Consejo es la fidelidad hacia la Corona Española, como fuente de convivencia y signo de identidad entre los españoles a lo largo de su historia”. E intervienen en política, como demostró la Orden Constantiniana en 2017, cuando emitió un manifiesto debido a la grave situación en Cataluña donde reafirmaba “su adhesión y lealtad a la Corona”, “en respuesta al llamamiento hecho por Su Majestad el Rey Felipe VI (q.D.g)”.

La Orden Constantiniana está constituida en España por 400 caballeros, entre los que figuran militares, periodistas, empresarios y cardenales presididos por Álvaro Zuleta de Reales Ansaldo, duque de Linares. Su sede se encuentra en... el barrio de Salamanca. En el mes de mayo también fue noticia el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos como jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid. Es sabido que el exministro Fernández Díaz construyó en la cúpula de Interior un círculo de poder compuesto por miembros del Opus Dei, que continúan controlando la Secretaría de Estado de Seguridad a través del destituido Pérez de los Cobos. Fernández Díaz pertenece a la Orden Constantiniana de San Jorge, al igual que el exdirector de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa. También pertenecen a la Orden, el rey emérito y el duque de Alba; los cardenales Rouco Varela, Carlos Osoro Sierra, Antonio Cañizares, Eduardo Martínez Somalo y Carlos Amigo Vallejo; periodistas como Francisco Marhuenda, políticos como Antonio González Terol y diversos militares de alto rango.

El modelo reformista de Transición triunfante en España fue diseñado, dirigido y controlado desde el otro lado del Atlántico para cumplir unos objetivos fundamentales: garantizar la sucesión del dictador en la figura de Juan Carlos I, restaurando la monarquía; establecer un sistema de democracia más o menos formal que permitiese a España la entrada en las estructuras económicas y militares supranacionales; y, por último, permitir la pervivencia de las élites franquistas mediante un proceso de reforma no traumático, que cambiase todo para no cambiar realmente nada. El poder real del franquismo quedó prácticamente intacto, incluyendo las denominadas cloacas del Estado pero, eso sí, esta vez al servicio de la monarquía parlamentaria, el sistema que mejor garantizaba la pervivencia de sus privilegios. Frente al modelo rupturista que propugnábamos aquellos que habíamos combatido al franquismo en la calle, el centro de trabajo o la asociación de vecinos, el reformismo triunfante fue fruto de un pacto entre élites que abrieron las puertas al neoliberalismo.

Después del crack del 29, la reacción se abrió paso a través del fascismo y las dictaduras; estados de excepción dentro del capitalismo con el fin de garantizar los privilegios y las tasas de beneficio. Las élites de este país intentarán aprovechar las estancia de un neofascista en la Casa Blanca, o de su posible sustituto, y el avance de la extrema derecha a nivel internacional para dar un golpe autoritario de timón, utilizando todos los métodos posibles, que incluyen la desestabilización. En nuestra mano está evitarlo, actuando con racionalidad, decisión y pedagogía para explicar la situación y alejarla del chascarrillo y el simple meme de Twiter. No es una broma.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 336 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2020

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