Esperando a los bárbaros

Útil Seamos útiles, sí, pero no convirtamos, por la presión de los sectores empresariales y los nuevos acuerdos de estado que se ven venir, la negociación de la reestructuración, de cara a la nueva normalidad, en una mesa para repartir migajas.

Felipe Alcaraz Masats 03/08/2020

Reconozco que cada vez que oigo en el terreno de la política el término “útil” me echo a temblar.

Desde un punto de vista general el término útil puede connotar una sindicalización de la política. No digo con esto que los sindicatos sean negativos o innecesarios, aludo más bien a la idea de la lucha por cosas concretas, ensartadas la mayor parte de los casos en una tabla reivindicativa, que sitúa su acción al margen de programas alternativos e imaginarios de otras formas de estado y de sociedad, y que de alguna manera se sitúa de forma tangencial a la política y, desde luego, de forma muy lejana a la política transformadora basada en un programa.

También desde un punto de vista general, el adjetivo útil nos puede llevar a la forma de existir de una fuerza política como instrumento de las personas que reivindican utilidad casi como si fueran clientes de una oferta de eficacia. Un poco lo que dijo Churchill a la hora de acopiar méritos electorales en referencia a su grupo-empresa: nunca tan pocos, han hecho tanto en tan poco tiempo con respecto a tantos problemas. Es decir, me refiero a la idea de que no se trata de conseguir las cosas con otros, a través de la movilización, convirtiendo ésta en el instrumento específico de la lucha. De ahí que el partido “útil”, así concebido, a estilo Churchill, es un instrumento conseguidor, que ofrece sus servicios a un electorado que puede votar y después olvidarse de todo, ya que el instrumento conseguidor es el que tiene que sacarle las castañas del fuego, tras haberse ofrecido en el mercado electoral de la eficiencia.

Cuando el otro día el compañero Echenique dijo, en nombre del grupo parlamentario de Unidos Podemos, que nosotros no íbamos a votar la creación de una comisión de investigación sobre la eventual participación de Felipe González en los GAL (tal como mantenía un documento desclasificado de la CIA), porque UP ya sabía lo que había pasado, concluía, y ahora se trataba de hacer una política útil, caía de lleno en lo que intentamos criticar. Si la política útil entra en contradicción con la política de los principios, incluso con los programas, y mucho más con los imaginarios de modelo de sociedad, es que hemos tocado fondo en los aspectos más negativos del peor Maquiavelo: la utilidad puede convertirse en una complicidad eficaz, pero no decente. Afortunadamente en pocas horas se deshizo la burbuja maléfica y se anunció el voto positivo a la creación de la comisión citada.

También, de cara a la reconstrucción, y en sintonía con las elaboraciones del secretariado del PCE, la comisión parlamentaria creada “ad hoc” si se convierte, en pos de la utilidad, en una técnica para conseguir “cositas” al margen de programas y al margen de los blindajes y las inversiones públicas necesarias, abortará cualquier esperanza seria en la dirección de salir mejores y con cambios socialmente necesarios tras la pandemia y, desde luego, en concordancia con el papel clave representado por esos sector esenciales, empezando por el sanitario, que estaban tapados por los focos del mercado posmoderno y la sociedad del espectáculo.

En definitiva, seamos útiles, sí, pero en el marco, por ejemplo (se trata sin duda de una apuesta modesta) del programa de gobierno suscrito para el gobierno de coalición. Seamos útiles, sí, pero en la perspectiva de la reforma fiscal necesaria, de las inversiones adecuadas, del blindaje constitucional de pensiones y servicios esenciales, como enseñanza y salud.

Seamos útiles, sí, pero no convirtamos, por la presión de los sectores empresariales y los nuevos acuerdos de estado que se ven venir, la negociación de la reestructuración, de cara a la nueva normalidad, en una mesa para repartir migajas. Seamos útiles, por lo tanto, construyendo nuestra propia presión en base a las movilizaciones que deberán reclamar (no una nueva, sino) “otra” normalidad.

Publicado en el Nº 336 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2020

En esta sección

Los grandes bancos son los mayores contrabandistas del dinero sucioDesafío para la democracia y la esperanzaEl capitalismo de cada díaPor el derecho a decidir...No kiero más reyesLa prueba del tren

Del autor/a

Memoria rebelde de Julio DiamanteÚtilFascismo de baja intensidadOtra normalidadHa muerto Genovés, el pintor del pueblo