Al tajo y manos a la obraSindicatos: la necesidad de análisis autocríticos

Gregorio Benito Batres 06/08/2020

Si me preguntaran qué actividad he desarrollado en mi ya larga vida durante más tiempo, con más intensidad y con más conocimiento e ilusión, diría que he sido trabajador y sindicalista. Más de base que dirigente. Conozco a muchas gentes que comparten la misma situación.

A los que empezamos a trabajar por cuenta ajena a principios y mediados de los 60 y hacia el año 1966 organizando las comisiones obreras en lo que todavía era un inicial movimiento de trabajadores y terminamos cuando nos jubilamos hace pocos años, el tiempo nos ha dado para mucho. Para los que se preocupan por los cargos desempeñados, en el sindicato o en la empresa, han sido cargos intermedios y no he aceptado, por diversas circunstancias, cargos en primera línea, que se me han ofrecido. No los he despreciado y he agradecido siempre el ofrecimiento pero no los he pretendido, entendiendo y aplicando por mi parte el prudente principio de Peter [1]. Además, creo que los objetivos se deben de conseguir, más y mejor, abajo que arriba.

Por otra parte, soy cada vez más partidario de extender la utilización de la microhistoria y del testimonio como base para el análisis de la historia social contemporánea [2]. Y cuando me refiero a extender, me refiero a conseguir gran cantidad de testimonios. Ya serán los historiadores profesionales los que ordenarán, analizarán, investigarán, contrastarán, someterán a debate la amplia y diversa información acumulada. Ya lo hicieron el grupo de historiadores marxistas ingleses del Partido Comunista, E. Hobsbawm, E.P. Thompson [3] y otros, cambiando el sujeto histórico, en la Historia desde abajo.

A través de la información obtenida de multitud de individuos que participaron o presenciaron determinados hechos históricos, podemos obtener una lectura diferente y novedosa de la Historia. La historia oral, las historias de vida, la historia basada en el testimonio, la autobiografía, las memorias del que estuvo allí y todo lo que las rodea (documentos, fotografías, informes policiales, judiciales o empresariales) son pruebas valiosas, perdidas si no se recogen. Ojalá se pudiera entrevistar a personajes de hace años. En definitiva, forman, junto con muchas otras, las pruebas que permiten objetivar el análisis y darle consistencia. Es evidente que es exigible un tratamiento tan riguroso, contrastable y metodológico como el que tiene la Historia. En cuanto al lógico enfoque contaminado de subjetivismo también lo tiene el historiador de la gran historia, aunque mucho menor. Pero para eso está el cedazo del profesional en la microhistoria y el sometimiento al contraste. Animo, pues, a contar las experiencias de todos los protagonistas todavía vivos, tengan o hayan tenido el papel que sea. La Historia no es propiedad sólo de personajes conocidos. Sin duda es más multicolor, compleja, diversa, llena de matices que deben incorporar actitudes y comportamientos, individuales y de grupos. Todo ello, claro, sin manipulaciones y mentiras construidas e interesadas.

El sindicalismo en una larga etapa de crisis

La Historia basada exclusivamente en los grandes personajes, más con origen en su patrocinador o los enemigos de éste, se incorporó como método en la historia clásica. El componente hagiográfico de muchas biografías, autobiografías y memorias, a veces esconde graves errores y crímenes y es contrario al máximo acercamiento a la objetividad que es exigible en la Historia. Aprovecho para expresar mi reconocimiento a los archiveros y documentalistas que ayudan con esfuerzo y rigor -no siempre agradecido ni comprendido y casi siempre desconocido- a desvelar, con pruebas, la verdad. Por eso en nuestro país archivos y archiveros están tan maltratados. Los análisis a través de la hemeroteca, hoy tan de actualidad en las televisiones, sirven para desmontar las fake news actuales. Hagámoslo con la Historia.

En el caso de la historia de las empresas españolas existe un gran vacío de investigación rigurosa en nuestro país. Se cubre con lujosos libros de carácter hagiográfico corporativo, encargados y pagados con motivo de aniversarios para regalos. Existen pocas y honrosas excepciones. Los trabajos de Dobado sobre las Minas de Almadén son un ejemplo conocido. Los archivos de empresa nos podrían aclarar muchos hechos y conductas. También los de las organizaciones patronales.

Este larguísimo preámbulo debería servir para no dejar el siguiente contenido en el espacio diario de lo inmediatamente perecedero.

El sindicalismo, los sindicatos y los sindicalistas están atravesando una larga etapa de crisis, al menos en el Occidente europeo y Estados Unidos. Durante la transición española algunos sindicatos europeos vieron en la fuerza naciente de las Comisiones Obreras, en la confianza que los trabajadores tenían en sus lideres, en su democracia interna, en la participación democrática de todos los trabajadores, afiliados o no, en sus objetivos sociopolíticos, en su resistencia frente a la dictadura franquista, en su combinación de presión con negociación, en sus propuestas nacidas a pie de tajo, en su independencia de partidos políticos, un sindicalismo joven, nacido en condiciones difíciles que les podía sacar de su anquilosamiento, su burocratización y su falta de garra para atraer a los trabajadores. Los que no estén de acuerdo pueden comparar la independencia de las CCOO entonces respecto al PCE con otros sindicatos de masas. Incluimos en esa comparación a las CCOO de hoy. ¿Ha sido durante los últimos años, y es hoy, la Confederación Sindical de CCOO un sindicato independiente? Otros sindicalistas y otros sindicatos percibieron peligro para su status y actuaron en consecuencia.

CCOO reunía entonces tres novedades importantes respecto a los sindicatos europeos tradicionales. Hacía un sindicalismo distinto, era una organización sindical nueva y distinta, sus sindicalistas a todos los niveles tenían la confianza de los trabajadores y la fuerza y la frescura para enfrentarse sin dobleces a los empresarios y al régimen. Era una síntesis equilibrada del sindicalismo anarquista y socialista histórico. En la práctica, su organización y sus dirigentes fueron sustituyendo a unos sindicatos verticales creados y respaldados absolutamente por la dictadura y por los empresarios Si el régimen utilizó la fuerza represiva en toda su amplitud (militarización de empresas, detenciones masivas y de los lideres más representativos, torturas, procesos judiciales, cárceles, despidos, estados de excepción, asesinatos) fue precisamente contra CCOO.

Esto se puede consultar en los archivos policiales, en los procesos del TOP y de las Magistraturas de Trabajo, en las hemerotecas de la época, en los archivos de prisiones y en los libros que se han dedicado a la historia del movimiento obrero en España durante el franquismo. Y en los archivos de empresa. Entiendo que esto no les guste a los que no han salido en la foto. A los que dicen que no fue para tanto, desde la derecha y desde la izquierda. Seguramente unos estaban de verdugos y los otros escondidos. Los que no estaban, hoy tienen todas las oportunidades para desarrollar y aplicar sus ideas: paro, sueldos bajos, contratos basura, desorganización de los trabajadores. Pero no les detendrán, no les torturarán, no les procesarán, no les meterán en la cárcel, no les despedirán.

Los trabajadores necesitan otros sindicalistas

¿Qué ha cambiado? Vázquez Montalbán contestaría contra Franco luchábamos mejor. Será por eso que muchos trabajadores votan a VOX.

Pero alegan que las condiciones ya no son las que eran. Siempre pasa. Las condiciones nunca serán las que fueron. Se cumple inexorablemente el panta rei de la sentencia de Heráclito. Pero algunas condiciones son similares. Se mantienen. Hay condiciones que cambian pero en ciclos históricos más largos. En cualquier caso, un buen consejo para los dirigentes sindicales actuales es la explicación que daba Picasso sobre su actividad: la inspiración siempre me llega trabajando.

Durante algunos años estuve liberado por el sindicato pero volvía a mi empresa. Luego me contrató el sindicato pero siempre fui a hablar con los trabajadores, a sus empresas, en las reuniones y asambleas. Volví a trabajar en una empresa años antes de jubilarme. Con la misma vida sindical y mucho más corta, hoy, la mayoría se han jubilado y se jubilan en el sindicato. Para defender adecuadamente a los trabajadores hay que ser de ellos, estar con ellos en el trabajo y convivir con ellos. Hoy, evidentemente, los trabajadores necesitan otros sindicalistas. En esas condiciones los sindicatos de clase se han ido poblando de gentes que buscan la seguridad de las garantías sindicales, las horas sindicales, la liberación del trabajo, el cargo o la asistencia de los servicios jurídicos. O entran al sindicato para que les sirva de trampolín para misiones más altas. El Código Ético del Delegado Sindical, aprobado congresualmente, ha quedado para la hemeroteca.

Hoy en nuestro país las organizaciones sindicales y patronales han encontrado un equilibrio armonicista en sectores privilegiados, acotados dentro de actividades estables con cierta tradición sindical y patronal. Trabajadores y empresarios que funcionan como monopsonios y oligopolios en un mercado de trabajo privilegiado, acotado y en descenso [4]. El resto de actividades y trabajadores/as, hoy mayoritarias cuantitativamente y en ascenso, quedan excluidas de esa calma.

El analista norteamericano del sistema fiscal James O´Connor [5]distribuía a los trabajadores estadounidenses en la sociedad de los tres tercios. Un tercio de funcionarios. Tenían un trabajo asegurado con sueldos mediocres. Otro tercio lo formaban trabajadores de grandes empresas. Su trabajo era inseguro y cobraban sueldos más elevados que los funcionarios. El tercer tercio acumulaba todas las desventajas de los dos anteriores y ninguno de los beneficios. Se trata de mercados laborales muy diferenciados sin mucha permeabilidad. Ello supone una división tajante de la clase, con distintos objetivos, distintas condiciones, distintas formas de organización y, por tanto, con serias dificultades para actuar unidos. Al mismo tiempo el poder empresarial y los gobiernos cuentan con instrumentos para intervenir y moldear los tres sectores y modificarlos según sus intereses en cada momento. Las sucesivas reformas laborales de los últimos años en nuestro país así lo demuestran. Sólo un ejemplo: el crecimiento significativo de falsos autónomos.

Movilizaciones solo para graves problemas inmediatos

Lo que nuestros compañeros europeos envidiaban de nuestro sindicato hoy no forma parte de su vida y funcionamiento. El sindicato es una herramienta oxidada, burocratizada, anquilosada, siempre por detrás de los problemas. Al no estar viviendo diariamente los problemas, se los encuentran por sorpresa. Tratan de dar respuesta a situaciones que se han ido gestando a lo largo del tiempo. Pero ellos no estaban allí. La organización viva ha dejado de existir y las decisiones más importantes las toma una minoría de dirigentes en la práctica clandestinidad. Después se comunican a través del correo electrónico o la página web. Gracias al prestigio pasado, y a que necesitan acompañante, las autoridades les llaman, bien para anunciarles una concesión o para utilizarles publicitariamente. Es lo que tienen las miserias de una democracia clientelar.

Como no puede ser de otra forma y en coherencia con el tipo de sindicalista y el tipo de sindicato, el sindicalismo que se practica diariamente es un sindicalismo que ha dejado de resolver la mayoría de los problemas más graves y extendidos. Las movilizaciones para conseguir impedir los grandes ataques a los trabajadores han cesado. Las movilizaciones se han reducido a las empresas con graves problemas inmediatos. Hoy movilizan masiva y solidariamente otros sectores y otros problemas. Feminismo, derechos LGTBI, animalistas, mareas, pensionistas. Los sindicatos se suben a la carroza.

Evidentemente, entre medias han pasado muchas cosas que merecen analizarse abiertamente. Muchos de nuestros dirigentes se han pasado al enemigo. Y no me refiero a los dos o tres de ahora mismo, que también. Una organización que eligió y mantuvo en la Secretaria General a José María Fidalgo o a Josele y María Jesús Paredes [6] se lo tiene que analizar en profundidad. Pero mucho antes empezó una larga lista de contratados por las direcciones de recursos humanos de grandes empresas, públicas y privadas. Los que han saltado gracias al bagaje de sindicalistas, conseguido con nuestro apoyo, a puestos relevantes de partidos políticos. Los que se han pringao vergonzosa y lucrativamente en corrupciones y corruptelas, a las que por otra parte es imposible que sea ajena en todos los casos la dirección del sindicato. Los camaradas Fidel Alonso, Ángel Campos y muchos más iluminaron el camino hace años.

Todo ello ha creado una desconfianza irreversible por parte de los afiliados más honestos que han salido corriendo del sindicato y un efecto llamada a oportunistas para sustituirles rápidamente. Otros han permanecido impertérritos. Sectores muy amplios de la sociedad, que apoyaban directamente a las CCOO, y otros que, sin estar de acuerdo, nos respetaban, se han alejado de nosotros. La conocida frase de Marcelino Camacho ni nos dominaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar se ha abandonado precipitadamente y sin vergüenza.

Otro sindicalismo, otro sindicato y otros sindicalistas

Es obvio llegar a conclusiones sobre las consecuencias que este tipo de prácticas han tenido y tienen para los trabajadores de a pie y para el sindicalismo y los sindicalistas honestos. Las concesiones prodigas en liberados sindicales, por parte de las grandes empresas y de las Administraciones Públicas, se pagan.

Ese nuevo comportamiento lo hemos aplicado y aprendido rápidamente de muchos colegas europeos. En el año 2007 la fiscalía alemana acusó al ex jefe del comité de empresa de Volkswagen por delitos de corrupción. A la vez la fiscalía procedió contra el ex director de personal de dicha empresa, condenado ya anteriormente en 46 casos de desfalco. Este último había actuado de asesor del gobierno socialdemócrata alemán para la reforma laboral. El sindicalismo internacionalista en las multinacionales tiene sus tentaciones. Y los dirigentes internacionales de sindicatos son ojeados por los servicios de inteligencia de todos los países. Es uno de sus múltiples objetivos.

La multitud de vías de financiación a las que pudimos acceder los sindicatos españoles más representativos a partir de la firma del Tratado de Adhesión de nuestro país a la Comunidad Económica Europea, para diversas actividades sindicales y de formación desde 1987, generaron un verdadero derroche de dinero. El cuerno de oro de la abundante financiación europea llegó a los sindicatos, especialmente a CCOO y UGT. Las oficinas en Bruselas facilitaron a través de unas buenas relaciones diplomáticas de las secretarías de relaciones internacionales la gestión y canalización de las diversas líneas de financiación. Las secretarías de formación se convirtieron en poderosos equipos con gran influencia en el seno del sindicato. El que paga manda. Y la historia cambió. CCOO pasó de ser en Europa la gran esperanza para algunos a abandonar la lucha de clases y desarrollar un sindicalismo de servicios y de gestión. En el curso de pocos años cambiamos el tipo de sindicato, del sindicalismo que hacíamos y del sindicalista que fuimos. Por parte de la UGT, a Felipe González le bastó la PSV para advertirles que deberían hacer Huelgas Generales a un gobierno socialista. Las relaciones PSOE-UGT ya no fueron las mismas.

En CCOO se produjo una domesticación de la fiera y la pacificación de los espíritus guerreros o su marginación y expulsión. El capitalismo inteligente dejó entrar al buen sindicalista por la escalera de servicio y le contrató con sueldo aceptable. Eso sí, en la zona del servicio.

¿Son posibles otro sindicalismo, otro sindicato y otros sindicalistas? Creo rotundamente que sí. Para ello lo primero es hacer un acto de contrición con propósito de enmienda. Los cristianos de CCOO lo entenderán muy bien. Es decir, un análisis crítico, honesto y valiente de nuestra historia y de nuestro papel actual.Esto lo entenderán los marxistas, comunistas, socialistas, socialdemócratas y demócratas honestos. Seguro que quedan algunos. Al tajo y manos a la obra. Es la única forma de que no nos hundamos definitivamente.

NOTAS:

1. Laurence J. Peter y Raymond Hull. El principio de Peter. Plaza & Janés. 1970

2. Rafael Chirbes. De qué memoria hablamos. Conferencia U. Pompeu Fabra, 2006.

3. E.P. Thompson. La formación de la clase obrera en Inglaterra. 1963.

4. J. Habermas. Problemas de legitimación en el Capitalismo tardío. 1975

5. James O´Connor. La crisis fiscal del Estado. 1973

6. María Jesús Paredes fue Secretaria General de Banca, Cajas de Ahorro y Oficinas y Despachos de CCOO más allá de los tres mandatos establecidos congresualmente, en el último como Secretaria General de COMFIA. Su desempeño en CCOO siempre fue muy discutible y su dimisión repentina. Josele fue Secretario de Organización de la C. S. de CCOO durante varios mandatos con Fidalgo. Una vez no elegido éste, se refugió en el Real Madrid de Florentino Pérez, que también acogió en su día a Ángel Campos que fue Secretario de Prensa de la C. S. de CCOO con Antonio Gutiérrez. Al contrario que Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, pienso que la vida de una organización o una institución hay que analizarla junto con las actuaciones de sus cargos más relevantes en relación con su actividad en las mismas.

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