El feminismo en disputa

Patricia Castro 20/08/2020

Últimamente ha habido una disputa encarnizada en torno a la llamada ley Trans que el gobierno pretende promulgar. En primer lugar, me gustaría dejar clara mi postura: los y las trans son personas, seres sufrientes, y ante todo ciudadanos; si nos consideramos demócratas y creemos en un mundo mejor es necesario defender que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos y la misma capacidad de defenderlos, no solo desde un punto formal, sino desde una actitud leninista: garantizando los recursos materiales. Aquí reside la gran cuestión: los recursos disponibles —sobre todo su ausencia— afectan terriblemente nuestras vidas y nos privan de la dignidad que es constitutiva al ser humano.

No podemos comparar el dolor y el sufrimiento de distintas personas y por distintas causas. A veces, el dolor lo inunda todo y se convierte en un agujero negro que nos arrastra y nos impide vivir nuestras vidas. Por eso se me hace imposible afirmar que comprendo qué es ser trans, pero sí comprendo —porque compartimos una misma gran lucha— que nuestras condiciones de vida y acceso a los recursos son lamentables y la vida es cada vez más precaria. Hoy, más que nunca, tiene sentido la lucha de los trabajadores, porque debemos acabar con las condiciones de vida miserables que nos impiden soñar. Todo el mundo debería tener sueños y poder cumplirlos sin dejarse frustrar por la triste y gris realidad.

Los debates son a veces crueles, algunas posturas pueden parecer absurdas y en ocasiones contradictorias, pero nunca debemos perder de vista nuestro objetivo común que, como decía el subcomandante Marcos nos lleva a decir: “peleamos para que algún día nadie más tenga que pelear”. De la misma forma me gustaría deciros que mi compromiso militante con la izquierda, con el progreso, se basa en la firme creencia de que no debemos justificar el sufrimiento humano, que gran parte del dolor es absurdo y debemos evitarlo a los que vendrán. Nuestro propósito en la vida debe ser dejar el mundo un poco menos tonto, menos malo y más justo de cómo nos lo encontramos.

Publicado en el Nº 336 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2020

En esta sección

Los grandes bancos son los mayores contrabandistas del dinero sucioDesafío para la democracia y la esperanzaEl capitalismo de cada díaPor el derecho a decidir...No kiero más reyesLa prueba del tren

Del autor/a

El feminismo en disputaLiberticidasMucha España y pocas nuecesDeseos 8MGallo rojo