Un español en AlemaniaTodos somos emigrantes Soy emigrante por herencia, emigrante por amistad y emigrante por observación. De hecho, me declaro nieto de emigrante huérfano.

José Mateos Mariscal. / Wuppertal (Alemania) 30/08/2020

Tuve una infancia de emigrante cultural. Soy emigrante por herencia, emigrante por amistad y emigrante por observación. De hecho, me declaro nieto de emigrante huérfano. Mi historia es sin duda tributaria de la de mi abuelo, cuyo padre murió en una mina de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Lo que le condenó a una triste infancia de orfanato en Zamora.

Nosotros, los emigrantes, somos no ya necesarios sino indispensables. Somos, con papeles o sin papeles, quienes edificamos las casas, arreglamos las carreteras, cavamos las zanjas, trepamos por los andamios, recogemos las basuras, recolectamos la fruta, atendemos en los restaurantes y hacemos una aportación esencial a la economía de los países.

Si desapareciésemos, la economía europea se derrumbaría. Sin nosotros se produciría una regresión demográfica y no habría mañana pensiones públicas ni se podría financiar la prestación farmacéutica que realizan los sistemas nacionales de salud. Les incomoda nuestra presencia sin advertir que nos necesitan tanto como nosotros necesitamos vivir dignamente.

No alcanzo a ver en mi interior por ningún lado esa Europa rica de Primer Mundo. Lo que recuerdo es una infancia de niño pobre, de emigrantes reales y deseados. De temporeros que viajabamos cada otoño a la vendimia francesa cargados de latas de atún y sopas de sobre. De una Australia deseada pero nunca alcanzada.Y cuando miro a alguna España de hoy, les prometo que no me reconozco. No comprendo cómo podemos olvidar tan rápido. No entiendo esa solidaridad de boquilla acompañada de un racismo rampante.

Somos un país de gente heredera de mil exilios, pobre de solemnidad hasta hace pocas décadas, perseguida y asilada en México, Argentina o Venezuela. Somos iberos, fenicios, griegos, latinos, godos, judíos, musulmanes, el precipitado de siglos de invasiones y descubrimientos. ¿Cómo podemos haberlo olvidado?

La emigración ha sido una constante en mi vida y la que también la ha propiciado. Por eso empatizo con los emigrantes y siento tanta extrañeza ante la falta de humanidad y la búsqueda de lucro que se percibe en personas sin escrúpulos que se aprovechan de la miseria y de la necesidad.

Somos quienes somos por los que fueron antes que nosotros, por lo que nos han transmitido, por los lugares donde hemos estado, por las personas a las que hemos conocido.

Si cada tiempo tiene sus hechos, basta ya de mirar para otro lado y olvidar cuando el pueblo español fue emigrante y exiliado en América. Todos somos emigrantes y a todos nos vendría bien pasar unas semanas en una favela.

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