Un español en AlemaniaLa cara oculta de la emigración

José Mateos Mariscal. Wuppertal (Alemania) 07/09/2020

Un fantasma recorre Europa: el fantasma de la emigración desesperada, de miles y miles de personas que huyen de las guerras que los intereses europeos, junto a los de su socio estadounidense, han organizado, alentado, financiado y propiciado en sus países de origen.

Con la pandemia, nuestra situación se complica, ya que nos enfrentamos a grandes dificultades para conseguir un empleo que nos garantice el acceso a los servicios sanitarios.

Nuestra situación de vulnerabilidad se vuelve más compleja. Por un lado se encuentran quienes deben regresar a sus hogares en países de ingresos bajos y medianos, donde los mercados laborales están frágiles a causa de la crisis por el coronavirus, mientras que otros nos encontramos varados en las naciones de acogida sin acceso a la protección social y con poco dinero para costear nuestra alimentación y alojamiento.

Lo más importante es tratar a las personas con dignidad, respetando nuestros derechos humanos. No podemos vivir en un estado de permanente incertidumbre, sin la posibilidad de volver a casa ni la esperanza de construir un futuro en donde estamos. Necesitamos una actitud nueva y más receptiva hacia todas las personas desplazadas.

Al cerrar las fronteras por la pandemia, nos dejaron en el limbo a los migrantes, ya que no se pensó en nuestras necesidades específicas como población más vulnerable.

Las migraciones son fenómenos recurrentes en la historia. Obedecen al instinto de supervivencia. Y muchas veces son un viaje sin retorno.

Cuando se bucea en la historia de los pueblos de España siempre se encuentran valientes emigrantes que se marcharon a buscar una nueva vida. La evolución económica nos ha llevado en el siglo XXI a seguir produciendo emigrantes. La juventud española se marcha en éxodo a otros países debido a la precariedad y por la segunda tasa de paro juvenil más alta de la UE.

En Europa resurgen el racismo, la xenofobia y un mal que se da en torno a las oleadas de inmigrantes: el etnocentrismo y la prepotencia cultural.

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