Conciencia de clase desde la contraculturaJota Mayúscula y la batalla cultural

Manuel Guerrero Boldó. Historiador; Núcleo del PCE de Fuenlabrada 15/09/2020

Tan real es que los 90’ se idealizan como que en esa misma década el racismo hacía acto de presencia desde las calles a las aulas de cualquier chico o chica de barrio que creció por aquel entonces. Tan real como que hoy en día sigue manifestándose desde las redes sociales a la red de Metro, el Parlamento, la Casa Blanca o aquellas mismas calles o aulas de instituto.

Para muchos de nosotros, que nos criamos con las bases y los delays de Jota Mayúscula, CPV supuso una vacuna contra el racismo. Sin embargo, hoy podemos establecer una diferencia evidente con los 90’ y es que el racista, por lo general, no se expresaba con el descaro y la legitimidad que hoy le otorga el relativismo que nos hegemoniza. Un relativismo que puede amparar, en la tan cacareada y manoseada libertad de expresión, casi cualquier tipo de acto cotidiano encaminado a excluir racialmente y desde los privilegios de clase, también desenmascarados en las letras del legendario grupo de rap madrileño.

El rap era entendido por PV, entre otros muchos aspectos, como una forma de lucha cultural que aspiraba a contrarrestar la influencia ideológica de la derecha en las calles. Nafri, Paco, El Meswy, Kamikaze, Jota Mayúscula, Mr. Rango y Frank-T (en los inicios) nos recordaban nuestro lugar en el mundo en el sentido de otorgarnos cierta conciencia de clase desde la contracultura, no para imbuirnos en una resignación que romantizase la pobreza. Aunque fuera desde las letras más vacilonas de Nafamacho.

Los años 90’ fueron una época muy difícil para pertenecer a una izquierda transformadora. La crisis de los grandes relatos y el fin de la historia hacían una lectura apologética del liberalismo como único destino viable y deseable para la humanidad. La ofensiva ideológica de la derecha fue de gran magnitud y grupos como CPV plantaban cara a los relatos culturales hegemónicos de la industria musical desde la introducción de un movimiento cultural y un estilo musical nuevos en España, con todo lo que aquello conllevaba. Casi nada.

Uno de los miembros más representativos del grupo, El Meswy, se definió por aquellos días noventeros, y se define, como un intelectual macarra. Lejos de las lecturas más tradicionales, el intelectual que defendía Antonio Gramsci era un intelectual unido orgánicamente a la clase trabajadora y su organización política. Consideraba que la clase obrera tenía que crear sus propios intelectuales/dirigentes que pudiesen contrarrestar la hegemonía cultural de la burguesía. Para ello, a este nuevo tipo de intelectual, además de ser conocedor de los problemas de la producción, de la técnica y de la economía relativos a su función laboral, debía acompañarle una concepción histórico-humanística de la realidad para poder transformarla [1]. El proletariado tenía que conseguir atraer a las demás clases explotadas a su causa, en especial al campesinado, para así poder conformar un bloque histórico que consiguiera convertirse en dominante y hegemónico. Para ello, el papel de este nuevo tipo de intelectual era fundamental en las tesis de Gramsci.

La columna vertebral del hip hop en España

Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que CPV, con los beats de Jota Mayúscula a la cabeza, fueron y serán una expresión cultural de la clase trabajadora y para la clase trabajadora. La banda sonora de muchos jóvenes que, en mayor o menor medida, aspirábamos a otro ser cultural a través de sus canciones.

Además de todo esto, Jota, al que queremos rendir este pequeño homenaje, fue el mayor ejecutor de esa labor contracultural y contrahegemónica a partir de la divulgación de la cultura hip hop en el Rimadero de Radio 3 desde 1999. El hombre metrónomo o el negro del extraplanetario flow (algunos de sus AKA) hizo llegar a miles de personas un mensaje y un movimiento cultural que era marginal en España y objeto de mofas cotidianas. Y de qué manera lo hizo. Hasta conformó un argot que sería utilizado por muchos (mis amigos y yo incluidos), como bien señalaban recientemente Kase O y Frank-T.

Hombre influyente donde los haya, pocas personas han logrado romper moldes y abrir camino a una cultura prácticamente inédita musicalmente por aquellos tiempos en este país. Y seguir a la vanguardia hasta que se nos ha ido.

Su labor cultural no se detuvo en el impulso nacido de su éxito con CPV, sino que Jota contribuyó decisivamente al éxito de grupos y artistas tan reconocidos hoy como Violadores del Verso o Mala Rodríguez. Hasta ahora seguía ligado a la promoción y al trabajo de artistas más jóvenes del hip hop de barrio como Pachamama Crew (Adrián, un componente de este grupo, comentaba hace unos días que Jota “nos sacó de tocar en el Metro y en los parques a profesionalizarnos”), una actividad que siempre tuvo un gran protagonismo en el Rimadero y que ha sido fundamental en su labor como divulgador. En definitiva, y como destacan sus compañeros de batalla cultural, Jota ha sido y es, desde su legado, la columna vertebral del hip hop en España.

Con Jota en los platos y en la producción, nos quedan rimas como estas para tiempos aún más líquidos y también poco propicios para la lírica como los que nos está tocando vivir:

[…]Tan verdad como que la mano del diablo jamás está cerrada/
Siempre preparada para darles bofetadas a hombres y mujeres cuyas manos están atadas por cadenas forjadas al fuego del miedo a la pobreza/
O a la mala facha bofetada dada que te enfada/
Y cara negra o blanca se te pone colorada pero que una vez ha sido dada, ya no pasa na’ de nada [2].

---

NOTAS:

1. A. Gramsci, La formación de los intelectuales, México D. F, Editorial Grijalbo, 1967, p. 27.

2. El Meswy, La saga continua.

En esta sección

Homenaje a Joaquín CarbonellJornadas centradas en la figura de Sánchez VázquezLa FIM rinde homenaje el filósofo español Adolfo Sánchez VázquezMi primera tareaEsto es una historia de amor

Del autor/a

Jota Mayúscula y la batalla cultural