Homenaje a Joaquín Carbonell Banda sonora inteligente para su gente y su tierra

José María Alfaya 22/09/2020

Se ha muerto Joaquín Carbonell y se le han dedicado muy sentidas palabras a su periplo vital y artístico, como si quisieran, amigos y comentaristas amén de figuras políticas aragonesas, dedicarle una Albada de la ausencia, recogiendo lo que él cantó: «Me despido de mi tierra, / de mis montañas y ríos, / me marcho porque me empujan, / nunca lo hubiera querido». Ya Joaquín había vaticinado que «aunque me voy no me voy, / aunque me voy no me ausento, / aunque me voy de persona, / me quedo de pensamiento». Te quedas con nosotros porque lo ganaste, Joaquín, «Con el sudor de tu frente», cuando te propusiste «Vamos a hacer de Aragón / una tierra singular, / donde crezca la esperanza / de vivir y trabajar.»... Sin olvidar la pregunta incómoda: “Trabajar, trabajar, trabajar... ¿Y para quién?"

Tuvo una larga y prolífica carrera dentro y fuera del escenario y supo mojarse el culo y sacarle el necesario provecho y, desde luego, conseguir una respetable cantidad de admiradores y cómplices.

Casi como anunció con su primer disco, «Con la ayuda de todos», se juntó con lo mejorcito de cada casa o de cada causa, entre las que destacan, para mi gusto, dos principales: Aragón y Georges Brassens. Para el «sentimiento de ser aragonés» tuvo a su lado a Labordeta, La Bullonera... Para hacernos disfrutar del padre de los cantautores europeos pudo contar con unos músicos franceses fenomenales («Tonton Georges Trio») que le acompañaron por toda España ofreciendo unos recitales inolvidables y disco con título muy brasseniano: «Homenage à Trois».

Permitid que cite a un enternecedor personaje, uniendo al recuerdo de Joaquín el de un callado colaborador suyo, traductor de Georges Brassens, que colaboró con la ilusión de que el maestro le reconociera la valía de unos versos propios y le hiciera una canción con ellos. El personaje, también fallecido, se llamaba José Ramón Catalán y nunca consiguió que Joaquín llegara más lejos que admitirle un verso suelto que incorporaba a la canción de turno. Menos mal que estábamos los de «El Taller de Reinsertables» para nombrarlo letrista de nuestro grupo y, por cierto, víctima de nuestras bromas cuando acudía a alguna de nuestras actuaciones.

Ojalá que se encuentren los dos en algún cielo (o infierno) y puedan darse todo el «tabaco y cariño» que les apetezca sin más «móvil ni coartada» que ese gusto que compartían por una forma de entender la canción, música y texto.

Le han reconocido a Joaquín sus indudables méritos. Incluso en vida. Nos alegramos porque merecía ese reconocimiento y porque su ejemplo podrá servir de referencia para ponerle banda sonora inteligente a una tierra y a unas gentes... Que falta hace y hará para que siga habiendo perspectiva de futuro.

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