Editorial

De la ‘agitprop’ a la comunicación

Mundo Obrero Redacción 25/09/2020

Mundo Obrero cumple noventa años por el camino que nos ha traído desde la agitprop a la comunicación a través del combate, la resistencia, la transición y la recuperación, manteniendo lo que el historiador Fernando Hernández Sánchez establece en su libro Guerra o revolución (*): “Fue su capacidad para formular objetivos propios de un ideario popular de izquierdas, antifascista, unitario, democrático y patriótico lo que le proporcionó al PCE la fuerza para erigirse en un baluarte decisivo de la República en guerra”.

En digital y en papel, aspirando a ser también una referencia audiovisual, Mundo Obrero intenta convertir ahora en una buena política de comunicación lo mejor de lo que fue una gran capacidad de agitación y propaganda.

El historiador antes mencionado recuerda en el mismo libro “el gigantesco aparato de agitprop del PCE en la guerra civil que, por su estructura, campos de acción y dimensiones, se podría calificar como una megafactoría de producción de contenidos ideológicos que utilizó todas las formas posibles, desde la prensa y la literatura, pasando por el grafismo y el teatro, hasta los modernos medios audiovisuales (la radio y el cine) con su enorme capacidad de sugestión y adoctrinamiento en una sociedad con elevadas tasas de analfabetismo”.

En el sector de la prensa, casi tres millones de habitantes de la España republicana tenían acceso diariamente a una gran variedad de producciones de las imprentas del PCE: “Las publicaciones comunistas se caracterizaron por una concepción totalmente moderna, tanto en maquetación como en recursos gráficos. A pesar de ser órganos políticos, recurrieron a elementos propios de la prensa popular del siglo XX, como los grandes titulares, las encuestas o la información gráfica, que buscaban la implicación emocional del lector. Eran, en definitiva, vehículos apropiados para la transmisión de consignas políticas y permitían la llegada de las mismas a los sectores más populares y de reciente alfabetización”.
El PCE ya hacía entonces lo que seguimos procurando: poner la comunicación al servicio de la clase obrera, la que más ha dado al mundo mediante el trabajo y la que menos tiene. Incluyendo la información.

Mucho antes de que se impusiera el tremendo poder de la comunicación electrónica, Lenin ya consideraba que el periódico resultaba imprescindible para desarrollar y ensanchar la organización del partido: “El periódico no es sólo un propagandista y un agitador sino también un organizador colectivo”. Y anticipó lo que tenemos que seguir haciendo: “Debemos esforzarnos para conseguir una forma superior de agitación a través del periódico”.

(*) GUERRA O REVOLUCIÓN. El PCE en la guerra civil. Fernando Hernández Sánchez. Editorial Crítica (2010).


Publicado en el Nº 337 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2020

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