Crónicas del Madrid oscuro

La más bonita de todas

Juan Madrid 03/10/2020

La chica recogió las piernas sobre la manta y se estiró la chaquetilla del vestido nuevo.

-Me tengo que ir, Fede -le dijo al muchacho y le sonrió.

-Espérate un poquito más, ¿vale? -le contestó Fede- . Y nos hacemos un porrito.

-Es por mi madre.

-Un poquito nada más. Mira, tú me gustas cantidad.

-¿Sí?

-Cantidad.

-Pues no me lo habías dicho nunca.

Fede terminó de liar el porro, lo sopesó entre sus dedos y lo encendió. Aspiró el humo observando la inscripción en la pared de enfrente, ponía “Okupas” y, debajo, “Vivan los punkis”. Eso lo debía haber escrito Lucas con un lápiz de labios, dedujo Fede, el cachondo de Lucas.

-¿Me das un poco? -le pidió la chica y se mordió el labio inferior. Tenía esa costumbre y su madre le decía que terminaría por deformarlo, pero llevaba así desde que era pequeña y no se le había deformado-. Me encanta, ¿sabes?, el otro día me fumé uno con mi hermana y nos meamos de risa.

Fede le tendió el porro y miró el reloj con disimulo. Se estaban retrasando Lucas y los otros, los muy imbéciles.

Ella lo chupó varias veces y tosió, la cabeza un poco vuelta a la izquierda, cerrando los ojos.

-Lo hemos pasado bien, ¿no? -dijo Fede.

-Ya eres casi mi novio, a lo mejor me enamoro de ti, Fede, ¡ja, ja, ja!

-¿De qué te ríes?

-De nada, es el porro, siempre me rio… Bueno, siempre no, es la segunda vez que lo fumo. Además estoy contenta, muy contenta, tengo ganas de gritar de alegría. Cuando me invitaste a salir contigo, casi no me lo creí… Oye, ¿por qué estás tan serio? ¿Y por qué miras tanto el reloj?

-¿Yo? Bueno, no sé…, no me habré dado cuenta.

-Seguro que tú lo habrás hecho montones de veces, eres tan guapo, Fede. ¿Cuántas veces lo has hecho, Fede?

Fede se encogió de hombros, le cogió el porro a la chica y volvió a fumar.

-¿A cuántas chicas has conocido, Fede?

-En el barrio se dice que…

-¿Qué, Fede?

-Nada, no he dicho nada.

-Sí, me ibas a decir algo.

-No, no.

-Sí, yo sé lo que se dice en el barrio, se dice que como mi hermana trabaja en esa barra americana, pues yo… ¿a que sí?

Fede asintió en silencio y apuró la colilla del porro. Ella continuó:

-No, Fede, yo no me voy con nadie… Nunca me he ido con nadie, te lo juro. Tú has sido el primero.

-No me importa.

-¡Es que no me he ido con nadie!

-¡No me grites!

-¿Pero, Fede, qué te pasa?... Fede, por favor.

-Anda, bebe un poco.

Fede le tendió la botella y la chica la cogió, pero no bebió.

-¿Por qué te pones ahora así? ¿Qué te he hecho yo?

-Me vas a decir que tu hermana y tú no montáis esas orgías, eh. ¿Qué me dices de eso? Tu hermanita se ha pasado por la piedra a todo el barrio…, a medio Madrid, no me digas que no, venga.

-¿Orgías? ¿Pero qué dices? Mi hermana es una pobre desgraciada, Fede, y no es como tú…, como vosotros creéis, de verdad.

-Me vas a decir que tú no…, vamos, no mientas.

Ella negó con la cabeza y empezó a llorar sin hacer aspavientos. Fede se pasó la mano por la cara y por el pelo y estiró las piernas. Le parecía que le picaba todo el cuerpo.

La chica dejó de llorar de pronto y se puso en pie, muy seria.

-Oye, Fede, es mejor que nos marchemos, es muy tarde. Fede le señaló la botella.
-Bebe un poquito, anda.

-No, ya he bebido mucho y el porro… ¡Uy, estoy un poco mareada!

Se escuchó ruido de pasos y Lucas asomó la cabeza y soltó una carcajada, detrás aparecieron Luis y el Zocato. La chica se pegó a la pared con los ojos muy abiertos.

-¿Te la has tirado ya, tío? -preguntó Lucas y el Zocato soltó una carcajada.

-Bueno… -empezó Fede- es mejor que...

-¡Qué buena está! -exclamó el Zocato.

-Ve quitándote la ropa, venga tía, que no te lo tengamos que repetir, mira lo empalmados que venimos. -Luis se tocó la entrepierna.

Fede se tapó la cara con las manos.

-Fede, Fede… -susurró la chica y se pegó a la pared, la botella que empuñaba se cayó al suelo-. Oye, dejadme, me voy a mi casa, por favor.

Lucas comenzó a quitarse los pantalones.

-Ya lo hemos echado a suertes -dijo Lucas-. El primero ha sido Fede; el segundo, yo;
después, Luis, y el Zocato el último, ¿eh, Zocato? -le guiño el ojo.

-Está más buena que su hermana -contestó el Zocato.

Fede bajó la cabeza; lo que quería, lo que deseaba con todas sus fuerzas era que terminaran lo antes posible y poder marcharse a su casa.

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