Los mecanismos que impiden que los ciudadanos caigan en la pobreza funcionan peor en el caso de los recientes migrantesLa desprotección de los migrantes Las políticas de Alemania diseñadas para aliviar los efectos de la crisis sobre sus ciudadanos excluyen a la mayoría de los recientes migrantes

José Mateos Mariscal. / Wuppertal (Alemania) 09/10/2020

“La mayor enfermedad no es la lepra ni la tuberculosis sino más bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos” / Teresa de Calcuta



Todos sabemos que las consecuencias del coronavirus son dramáticas. En Alemania ya los indicadores económicos apuntan a una fuerte contracción económica y un incremento de la pobreza. Pero, como todas las crisis, esta no afecta a todos por igual. Muchos de los recientes emigrantes en Alemania nos llevamos lo peor de la crisis, incluyendo los cientos de miles de españoles que han venido escapando de otra crisis no menos grave en su propio país.

Los mismos factores que deprimen económicamente a todos los ciudadanos cobran dimensiones dramáticas para los recientes migrantes, disminuyendo sus ingresos.

El freno a la actividad económica que ha requerido el distanciamiento social afecta de forma desproporcionada a algunos sectores económicos como los restaurantes, los hoteles y el comercio que se desarrollan de forma presencial. Los dos primeros de estos sectores, que emplean a más de un millón y medio de trabajadores en Alemania y se han decretado en emergencia, tienen el agravante de muy elevadas tasas de informalidad. Miles de españoles trabajan en estos sectores. Una encuesta de Adecco de 2019 encontró que 60,5% de los españoles migrantes que declararon tener empleo estaban en los tres sectores mencionados.

Invocando la solidaridad y la protección

Los mecanismos que impiden que los ciudadanos caigan en la pobreza funcionan peor en el caso de los recientes migrantes. No tenemos ahorros significativos para soportar una sequía económica y no contamos con redes familiares o de amistad amplias sobre las cuales apoyarnos en momentos de crisis como la que vivimos.

Las políticas de Alemania diseñadas para aliviar los efectos de la crisis sobre sus ciudadanos, como el Ingreso Familiar de Emergencia y el bono para los beneficiarios de la Asignación por Hijo, excluyen a la mayoría de los recientes migrantes al requerir que el solicitante sea alemán o tenga al menos un año de residencia legal o aporte contrato laboral.

La combinación de todos estos factores hace a los migrantes recientes, incluidos los más de 20.000 españoles que han llegado al país en los últimos 24 meses, particularmente vulnerables.

Mi llamado es a que se flexibilicen las condiciones para acceder a las ayudas del Estado para incluir a los residentes legales. No sería una medida inaudita: Portugal, por ejemplo, otorgó a los inmigrantes y solicitantes de asilo derechos de ciudadanía plenos (aunque temporales, mientras exista la pandemia) con el objetivo de brindarles acceso a la seguridad social y a la atención médica.

Creo que resulta legítimo preguntarse por qué el Estado debe atender a los migrantes cuando los recursos no alcanzan para los mismos alemanes. En primer lugar porque es del interés de todos. Que un grupo quede con hambre, obligado a violar la cuarentena bajo la amenaza del virus, afecta a toda la sociedad por la naturaleza de la transmisión. Y en segundo lugar por razones humanitarias. Hacerlo va en la línea de los valores y la historia de Alemania como país solidario de migrantes.

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