Prostitución y derechos humanos

Patricia Castro 27/10/2020

Cada vez es más común pisotear los Derechos Humanos y salir impune. Nuestros derechos son fruto del pacto de muchos actores cuyo pensamiento era incluso opuesto, pero que buscaban dar un nuevo comienzo tras la Segunda Guerra Mundial y todos sus horrores. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es fruto del miedo y del convencimiento que no puede volver a suceder nada parecido. Así se alcanza un articulado muy progresista.

Los comunistas debemos exigir el cumplimiento íntegro de la resolución adoptada por la ONU el 10 de diciembre de 1948 en Paris y todas sus ampliaciones, puesto que afirman que la vida humana debe ser una vida digna, y que todas deben serlo. Nuestra tarea es enfrentarnos a los supuestos amigos de la libertades y derechos, que no las defienden de obra sino sólo de palabra, cómplices del fascismo y el totalitarismo.

Los Derechos Humanos son solo la primera piedra del edificio. Deben garantizarse a toda la humanidad, de obra y palabra. Cada vez que alguien atenta ellos, atenta contra la civilización que dice defender.

¿Qué tiene que ver esto con el feminismo?

El primer artículo de la resolución 217 A (III) aprobada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, constata algo que ya muchas constituciones del mundo habían recogido antes de 1948: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Hay otros artículos que garantizan el derecho a un nivel de vida que le asegure el bienestar de todo ser humano como el de su familia, o el que declara la prohibición de la trata y la esclavitud. La ONU se ha pronunciado en contra de la prostitución porque la considera trata de esclavos, es decir, tráfico humano. Más del 90% de las mujeres prostituidas en España son víctimas de la esclavitud o que el 92% de las mujeres prostituidas son inmigrantes, lo cual lleva asociado un panorama más inseguro y precario todavía. También sabemos que el 94% de las víctimas de trata con fines de explotación sexual son mujeres y niñas. Así que cada vez que alguien pone en cuestión la relación entre el tráfico de personas y la prostitución, sobradamente demostrada por asociaciones feministas y por organismos internacionales, está cuestionando los Derechos Humanos y su obligado cumplimiento.

Podemos esperar cualquier cosa de aquellos sectores más rancios y carpetovetónicos de nuestra sociedad; lo más deplorable es observar cómo este cuestionamiento pone al mismo nivel a víctima y verdugo, viene de sectores ideológicamente cercanos y otros compañeros de viaje que defienden la legalización de lo que no es más que puro mercadeo de personas. Nuestra tarea es titánica, allí donde haya un comunista debe haber un defensor de la dignidad de la mujer y el hombre, tal como estipula la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Publicado en el Nº 338 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2020

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