Quesquesé la cultura

Noventa tacos Lenin advertía que el periódico debe ser “un organizador colectivo”

José María Alfaya 05/10/2020

Me dicen, viejo y querido amigo, que cumples años, bastantes por cierto. Y como eres todo un superviviente, merece la pena que reconozcamos con respeto tu pertinaz existencia. Con una tenacidad demostrada en circunstancias muy difíciles, clandestinas, arropado por escondidas imprentas, primitivas multicopistas y artesanales vietnamitas.

Luego, a partir del 75, cuando nos dijeron que estábamos en democracia, seguiste saliendo en desventaja competitiva con respecto al mercado mediático democrático y, sobre todo, al aparato propagandístico de nuestra burguesía, que se encargó de encauzar la transición hacia lo que padecemos con un relato (como se dice ahora) que te dejaba fuera del juego postmoderno porque tú habías contado la batalla comenzando con el latiguillo del “cientos de miles...” y ahora se habla de otra manera porque quieren que pensemos distinto.

Pero has aguantado. Tienes futuro, digital por supuesto, pero en lucha con nuevos competidores. Algún día, tu reportaje de turno sobre una revuelta social incluirá la rebelión de los cajeros automáticos, que sufrirán el síndrome de HAL 9000. Y, por supuesto, tu máxima competidora en el arte de banalizar el mensaje emancipador será la máquina de traducir de Google que, como cuenta recientemente Le Monde Diplomatique en una reseña sobre ‘A la búsqueda del texto perdido, de Ricardo Bloch, a propósito de Marcel Proust du côté de chez Swann, estamos llegando a un punto en que cuando solicitas traducir una frase redactada de esta guisa: “durante mucho tiempo he estado acostándome temprano”, se convierte en “hace algún tiempo yo dormía en mi cama”. Imagínate las posibilidades de nuestro enemigo de clase para contar la nueva modernidad (o la explicación de aquellos tiempos de la transición) con este tipo de licencia literaria aplicada a traducir una realidad a un nuevo relato que corresponde a sus intereses y a su visión del mundo, no a los nuestros.

Pero tú estarás ahí, con tu reducida plantilla de currantes, colaboradores que saben para qué debes servir.

Como señalaba Lenin: “La misión del periódico no se limita, sin embargo, a difundir las ideas, educar políticamente y a atraer aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandístico colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo”.

Ahora parece que son las redes sociales, las páginas webs, los whatsapp, Twiter, Telegran e Instagram, los que están articulando nuestra actividad y discurso. Aunque esta articulación no nos lleva siempre a un debate estructurado y colectivo sino a una yuxtaposición de ocurrencias individuales, personalistas y con poca documentación de apoyo, que se afianza por lo emocional.

No importa. Es una batalla diaria más de la eterna lucha ideológica en la que llevas, como quien no quiere la cosa, noventa años. Y estoy seguro de que siempre contarás con camaradas que escribirán en tus páginas las palabras necesarias para mantener viva y eficaz la lucha por el socialismo.

Publicado en el Nº 337 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2020

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