2 de noviembre: día internacional para acabar con la impunidad de los crímenes contra los periodistasMatar al mensajero es herir de gravedad a la democracia Mil periodistas han sido asesinados en la última década (veinte este año) porque sus informaciones eran incómodas para personas o grupos con mucho poder

Agustín Yanel. Secretario general de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP) 01/11/2020

Aunque parezca increíble, estos datos son tan ciertos como dramáticos: 998 periodistas han sido asesinados en la última década porque su trabajo resultaba incómodo para alguien. Desde 1990 son 2.644 las víctimas y en lo que va de este año ya han perdido la vida violentamente veinte profesionales de la información. De todas esas muertes, solo se ha aclarado una de cada diez mientras el resto están aún impunes y sus autores materiales e intelectuales siguen en libertad.

En esas cifras no están incluidos otros ataques a los periodistas como son la tortura, las detenciones arbitrarias, los secuestros o el acoso y la intimidación, sobre todo en las redes sociales. Tampoco se cuentan ahí las agresiones físicas y verbales, las amenazas, la intimidación y los insultos durante las retransmisiones en directo de las protestas ciudadanas en la calle.

Habrá quien crea que esos asesinatos se han cometido únicamente en países que están en guerra, en Estados fallidos o en regímenes totalitarios y violentos. Pues no es así. Es cierto que en Yemen, Rusia, México, Somalia e India, países que no se caracterizan precisamente por sus prácticas democráticas, es donde el número de periodistas asesinados es mayor que en los demás y también lo es el de casos que quedan impunes, según datos de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Pero, en los últimos años, también han sido asesinados varios periodistas en países de la Unión Europea: Viktoria Marinova (Bulgaria), Jan Kuziak (Eslovaquia), Daphne Caruana (Malta) y Kim Wall (Suecia).

Cuenta el historiador y filósofo griego Plutarco, en su obra Vidas paralelas, que en el siglo I a. C. se presentó un mensajero ante Tigranes II el Grande, rey de Armenia, y le comunicó que, en la guerra que mantenía con los romanos, había llegado a sus tierras el militar enemigo Lucio Licinio Lúculo. A Tigranes le enfadó mucho esa mala noticia y, como represalia, cortó la cabeza al mensajero.

Sea verdadero o no lo que escribió Plutarco, la expresión matar al mensajero se emplea habitualmente para culpar a quien transmite una mala noticia, aunque no tenga ninguna responsabilidad en los hechos que comunica. En el caso de los periodistas, hay quien los convierte en el blanco de sus críticas porque no les gusta lo que cuentan... y hay quien decide acabar con sus vidas para que dejen de informar, como hizo Tigranes II con su mensajero.

Todos los periodistas asesinados en Europa en los últimos años investigaban asuntos de corrupción política o financiera. Y todos o al menos la mayoría de los que han muerto violentamente en otros continentes, también informaban sobre asuntos sucios que a sus protagonistas no les interesaba que fueran conocidos por la ciudadanía.

La democracia necesita el fin de la impunidad

Los asesinatos de periodistas demuestran que hay grupos de poder en todo el mundo dispuestos a decapitar al mensajero para que no se conozca la verdad de determinados asuntos. Pero no sólo acaban con la vida del periodista al que asesinan: también dan un golpe mortal al derecho fundamental de la ciudadanía a recibir información veraz y plural, un derecho constitucional y humano sin el que no es posible la democracia plena.

Hace siete años, la Asamblea General de la ONU aprobó su primera resolución en defensa de la seguridad de los periodistas y proclamó el 2 de noviembre como el día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra los periodistas. Eligieron esa fecha en conmemoración del asesinato de los periodistas franceses Gislain Dupont y Claude Verion que trabajaban para Radio Francia Internacional (RFI) en Malí y fueron secuestrados y asesinados en ese país africano el 2 de noviembre de 2013.

Tanto en aquella resolución como en otras posteriores, Naciones Unidas insta a los Estados a que adopten medidas para evitar las agresiones y asesinatos de periodistas y, cuando éstas se produzcan, a investigar los hechos y sentar a sus responsables ante la justicia. Pero, lamentablemente, se sigue asesinando a periodistas porque cumplen con su obligación de informar a la ciudadanía.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha advertido que “si no protegemos a los periodistas, nuestra capacidad para mantenernos informados y adoptar decisiones fundamentales se ve gravemente obstaculizada. Cuando los periodistas no pueden hacer su trabajo en condiciones de seguridad, perdemos una importante defensa contra la pandemia de información errónea y desinformación que se ha extendido por internet". Se puede decir más alto pero no más claro.

Un año más, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) ha puesto en marcha una campaña para conmemorar este día en memoria de los periodistas asesinados, contra la impunidad y en defensa de la seguridad de los trabajadores de los medios de comunicación. El presidente de la FIP, Younes Mjahed, ha dicho que “no podemos permanecer en silencio cuando el nivel de impunidad en todo el mundo es tan escandalosamente alto y los autores intelectuales mantienen su poder y escapan a la justicia. La democracia requiere que los autores de crímenes e intimidaciones sean llevados ante la justicia y paguen el precio de silenciar a los que luchan por contar la verdad".

"Hacemos un llamamiento a todos nuestros afiliados y a la comunidad internacional", ha añadido, "para que se unan a nuestra lucha por la justicia y envíen una carta a sus gobiernos y a las autoridades de los países destinatarios, pidiendo que se ponga fin a la impunidad de los crímenes contra los/as trabajadores/as de los medios de comunicación".

La Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP), que forma parte de la FIP, se suma a esta campaña internacional y hace un llamamiento al gobierno para que, siguiendo las recomendaciones de Naciones Unidas, adopte medidas para garantizar que los y las periodistas puedan realizar su trabajo en condiciones de seguridad y sin acoso, amenazas o interferencias del poder político, económico o cualquier otro. Porque sin periodismo no hay democracia y sin periodistas no hay periodismo.

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