Un tesoro en mi patioLos melocotones del trópico

Luis Adrián Betancourt. (*) / La Habana 03/11/2020

Vivimos en una vieja casa centenaria, de las primeras construidas con el sistema de viga y losa, casi a campo traviesa, cuando aún los planos del barrio apenas eran proyectos en los predios de los Abreu, patriotas altruistas, dueños de un castillo que hoy es el Palacio de los Pioneros de La Habana.

No sé de dónde salió la fábula de que en nuestro patio había una riqueza enterrada. Hasta se hablaba de cierto acertijo para lograr la clave y llegar al tesoro que debía estar en uno de los ángulos de un delta formado por tres árboles de mangos y el que diera las frutas más dulces debía marcar el sitio de los ricos metales.

Los mangos de mi patio siempre han sido exquisitos. Profesionales buscadores de tesoros exploraron el lugar. Las excavaciones no dieron resultados. Con el tiempo me he dado cuenta de que la leyenda de la fortuna oculta ha sido mal interpretada, pues no yace bajo tierra sino a la vista de todos. El frondoso mango de un siglo de edad que pare frutos solo comparados en sabor, que recuerde, con otros de la misma especie que probé a orillas del río Guaurabo en la finca Masinicú en Trinidad. Frutas de suave pulpa y fina cáscara, verdaderos melocotones del trópico.

El mango es bajo en calorías, aporta al organismo antioxidantes, vitamina C y vitamina B5. Apropiada para el metabolismo de los hidratos de carbono y los problemas en la epidermis.

Por su riqueza en ácidos y vitamina C y especialmente por su alto contenido en vitamina A, el mango constituye una buena fruta antioxidante, capaz de neutralizar los radicales libres y dotar al organismo de un poder defensivo en contra de la degradación de las células. Los mangos ejercen una función anticancerígena muy efectiva, otorgada tanto por estas vitaminas como por su riqueza en flavonoides.

Los laboratorios cubanos producen medicamentos a partir del mango.

El mango es originario de la India y fue traído al Nuevo Mundo por los portugueses. Nuestro árbol pare en mayo, a veces lo ha hecho también en enero. No faltan los vecinos que vengan a coger los mangos bajitos pero siempre nos alcanza para consumir, regalar y guardar pulpa congelada y zumos. Y como si fuera poco lo que la naturaleza nos regala, un sinsonte se ocupa de anunciar las cosechas con un concierto en el que imita los cantos de todos los pájaros.

(*) Periodista, historiador y escritor, es uno de los autores más leídos de la novela policiaca cubana.

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