Entre la solidaridad y el racismoEl hacinamiento de migrantes en Canarias

Hiurma Castejón. Miembro del Comité Central del PCE 17/11/2020

Hay ciertas frases que, por mucho que deseemos que desaparezcan, oímos con más frecuencia este año. “No hay trabajo ni sitio para tanta gente”. “Les dan ayudas que no tenemos los de aquí”.

Canarias siempre ha sido un territorio característico por su hospitalidad, por tener una población que ha emigrado, que sigue haciéndolo y que respeta al inmigrante al igual que agradece a los países de acogida de los emigrantes. Recordemos el éxodo a Venezuela o a Cuba en el pasado. Tengamos en cuenta la actual ola migratoria desde Canarias al continente europeo.

En las islas nos orgullecemos de ser una sociedad receptora y solidaria. A pesar de ello, el aumento del relato de la ultraderecha está calando cada vez más, tanto en Canarias como en el conjunto del Estado.

¿Cuál es la situación real de la nueva ola migratoria a Canarias? ¿Por qué se hace tanto eco de noticias y bulos?

Se tiende constantemente a hacer comparaciones con 2006, cuando llegaron a las costas canarias más de 32.000 migrantes. ¿Por qué el alarmismo ahora en los medios y en ciertos sectores de la población?

Se puede observar un claro intento de focalizar en la migración y en las personas migrantes el origen y desarrollo de los posibles problemas de la sociedad canaria. Como si la desaparición de este colectivo fuera la panacea para solucionar conflictos sobre los que hay que seguir trabajando. También así se desdibuja una realidad. Y es que son los mismos países y las políticas que señalan a la migración como culpable los responsable directos o indirectas de la situación en los países de origen de las víctimas reales. Recordemos que es la propia Unión Europea la que instiga las políticas neocolonialistas que dan pie al éxodo.

Un éxodo que llega para encontrar una realidad inimaginablemente tortuosa. En Canarias siguen existiendo los CIE, Centros de Internamiento de Emigrantes (CIE). Un ejemplo claro es el de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, instalaciones nacidas de una antigua cárcel. Símbolo de opresión a los antiguos republicanos de Gran Canaria y ahora de las personas migrantes.

La dirección de este CIE recae en Arcadio Díaz Tejera, un juez dedicado a erradicar lo que él denomina la crimigración, la criminalización de la migración.

La ola reaccionaria viene instigada por las propias instituciones locales. Algunas de las marchas contra la inmigración son alentadas por el Ayuntamiento de Mogán, cuyo discurso que aboga por una “nueva solución” esconde realmente actitudes xenófobas y racistas. A diario se difunden vídeos falsos sobre migrantes, donde se les ve robando o “disfrutando de privilegios”, dando lugar a que se disparen rumores de que reciben ayudas del Estado inexistentes.

Pese a ser Canarias una de las puertas a Europa, no suele ser el destino del colectivo migrante. No hay problemas de delincuencia ni de integración. La realidad de la migración en Canarias es otra y, debido a la pandemia, se han recrudecido las condiciones denigrantes e insalubres que tienen que sufrir quienes después de padecer un calvario llegan a las costas.

La situación de la migración actualmente en Canarias sí es alarmante pero no por los motivos que nos quieren hacer ver.

Ya han fallecido en las costas de las islas más de 400 personas. Además, quienes logran llegar a tierra se encuentran con un panorama desolador. Debido a la pandemia la mayoría están en el muelle de Arguineguín, en el municipio de Mogán. Centenares de personas hacinadas que duermen en casetas sin suelo ni camas ni colchones. Todo lo que reciben son dos mantas, una que ponen en el suelo y otra que utilizan para taparse. Cuando logran dormir es normalmente entre ratas y cucarachas.

Atormentadas de diversas maneras, el clima del sur de Gran Canaria es un factor que no ayuda y menos aún la incertidumbre. Calor extremo de día, frío por la noche, a la espera de poder ser derivadas a otros sitios.

Padecen además la indefensión jurídica que se da en esas condiciones. Es extremadamente complicado, casi imposible, poder darles la asesoría legal a la que tienen derecho en las primeras 72 horas tras su llegada.

Hay pequeños motivos de esperanza, nacidos de un pueblo históricamente solidario. Meses y cientos de muertes después, se ha creado en la capital de la isla un campamento con capacidad para 800 personas junto al CIE. Aunque no soluciona la terrible situación del muelle de Arguineguín, sí que supone un comienzo para alcanzar una posible solución. Otro significativo avance es que ya no se separe a los menores de sus progenitores, a la espera de las pruebas de ADN. Un requisito que nos remite a la inhumana política migratoria de Trump, no ajena a la postura de la UE.

La sociedad sigue movilizada en un fuerte esfuerzo de inclusión. El 14 de noviembre, cientos de personas acudieron desde distintos puntos de la isla e hicieron una caravana hasta Arguineguín. En los coches se podían leer carteles con leyendas como “ningún ser humano es ilegal”, “la migración es un derecho, “vayas donde vayas, que no haya vallas”, “papeles para todas”. Lo que estas caravanas defienden debe quedar muy claro. Por encima de todo, migrar es un derecho al igual que el poder hacerlo en condiciones dignas y seguras.

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